Gaudí: tres esculturas para el Palacio Episcopal

Por José María Fernández Chimeno

01/10/2026
 Actualizado a 01/10/2026
La Mina de Arnao (Castrillón Asturias) (foto de época).
La Mina de Arnao (Castrillón Asturias) (foto de época).

«Las estatuas de los monumentos que son completamente aisladas deben de ser de una exigente importancia, deben encarnar ideas muy principales que hayan motivado la elección del monumento, por lo que es preciso dar una verdadera definición del relieve […] La estatua aislada sólo se ha colocado en los buenos tiempos del arte, escasamente en los edificios públicos y particulares, los templos griegos no tenían más que la Divinidad, en la Edad Media tampoco fue muy prodiga, sólo la Virgen y los ángeles en los interiores se pusieron aislados y aún con gran parsimonia…».
(‘El pensamiento de Gaudí (estatuas aisladas)’, Isidre Puig Boada. Editorial Duxelm, 2015).

Cuando Antonio Gaudí realizó las trazas del palacio episcopal de Astorga -en 1887-, y tomó la decisión de rematar el tejado de pizarra con tres ángeles que portaban los atributos de obispo (báculo, mitra y cruz procesional), la escultura religiosa de bulto redondo estaba en franco declive, como así se atestigua en los textos y comentarios recogidos por Puig Boada. No sería el único de los biógrafos del genial arquitecto que recopilara sus agudas opiniones, pues en una selección de notas tomadas por Juan Bergós, durante las conversaciones que mantuvo con Gaudí, se dice: «La decoración del templo se basa en los santos que suben de la tierra al cielo y los ángeles que bajan del cielo a la tierra». [‘Manuscritos, artículos, conversaciones y dibujos (Conversaciones con Bergós)’, COAyAT de Murcia)].

Quizá encontremos aquí la razón por la cual Gaudí eligió colocar los tres ángeles mediadores en lo más alto de la cubierta del Palacio Episcopal, «bajando del cielo a la tierra» para transmitir un mensaje bíblico, cual guías espirituales, prestos a inspirar, proteger y ayudar a tomar decisiones, desde la calma y la confianza, a quien representa al pueblo de Dios: el obispo.

Las esculturas de cinco metros se realizaron en zinc y fueron elaboradas en 1913 por la Real Compañía Asturiana de Minas. Según diseño original de Gaudí, van vestidas con dalmática (vestimenta que utiliza el obispo bajo la casulla cuando celebra misa pontifical). Por aquella época, es el arquitecto diocesano de León Ricardo García Guereta, quien, con su intervención de influencia violletiana, siguió el trazado de Gaudí, pero finalizando las obras con un sello más convencional.

Al cambio de dirección se debió también que las imágenes, que iban a coronar el edificio según el proyecto original, se colocaran finalmente de forma exenta y se trasladaran en 1963, dos frente a la puerta principal y otra en el lado opuesto. Su ubicación actual las sitúa sobre pedestales delante de la muralla romana.

La Real Compañía Asturiana de Minas (RCAM) fue una empresa minera y metalúrgica de capital belga que operó en España entre 1853 y 1983, actuando principalmente en áreas de la cornisa cantábrica. La empresa precursora fue la Real Compañía Asturiana de Minas de Carbón, que explotaba las minas de Arnao (en el concejo de Castrillón) y Santa María del Mar, cerca de Avilés, en Asturias. Los carbones del yacimiento de Arnao no eran apropiados para la siderurgia, por lo que en mayo de 1851 el ingeniero Jules Hauzeur, sobrino del socio belga de la Real Compañía, Adolphe Lesoinne, presentó un informe a la empresa proponiendo la instalación en Arnao de una fundición de zinc, y así aprovechar el carbón de las minas. La mina y la fábrica de zinc estaban conectadas por ferrocarril, lo que facilitó la importación de materias primas y la exportación de productos finales, como las tres esculturas angelicales.

Estas trasmiten «la calma y la confianza» que son consustanciales a su condición celeste. Sus rostros, serenos y bondadosos, siguen imperturbables recibiendo al ávido visitante del palacio episcopal después de 113 años (1913/1926), pero en esta ocasión van a tener por compañía otras tres esculturas. Las dos primeras están ubicadas dentro del recinto y la tercera en el exterior (plaza de Eduardo de Castro). Amancio González fue el elegido para realizar este grupo escultórico.

El escultor leonés recibió el encargo de «dar vida» a tres personajes claves en la concepción del Palacio Episcopal, como fueron el propio arquitecto Antonio Gaudí, el prelado de la diócesis asturicense Juan Bautista Grau y Vallespinós y el astorgano Pio Gullón Iglesias, abogado, periodista y político, que además fue gobernador del Banco de España. Las tres imágenes han sido fundidas en bronce por Atarfe (Granada), previo modelado en barro. La del obispo Grau se asienta en bloques de granito blanco de la cantera de Montearenas (Bierzo), mismo material que se extrajo para la construcción del palacio.

Primer Proyecto del Palacio Episcopal de Astorga (año 1887).
Primer Proyecto del Palacio Episcopal de Astorga (año 1887).

Además, en los planos originales de Gaudí, existen dos lámparas diseñadas por el arquitecto (ver plano Fachada Sudeste) que no llegaron a ver la luz, y de las que ahora Amancio González va a realizar una interpretación personal. Será el escultor quien nos desvele el mensaje subliminal de las tres obras.

–¿Qué motivación te ha inspirado cada una de las esculturas? Por ejemplo, la del obispo Grau, que es la primera de la serie en ser colocada en el exterior, en el jardinillo que hay frente a la catedral.

– Me basé en fotos retrospectivas (donde se aprecia una personalidad arrolladora). El obispo Grau aparece ensimismado, reflexionando sobre un breviario que le obliga a alzar la mirada y señalar con su dedo algún pasaje del libro, pensando en algo sublime. La idea es que el palacio episcopal está en construcción y él se sienta a reflexionar en una de las piedras (bloques de granito) almacenadas. Es una ropa muy austera la que lleva el prelado, y he preferido que este exento de una peana que le daría una monumentalidad mayor, con lo que se acentúa la sencillez y la humildad del personaje– cuenta el escultor.

– Siguiendo con tus argumentos, ¿qué te inspiró la figura de un joven y atribulado Antonio Gaudí que arriba a la estación del Norte de Astorga, cumplidos los 37 años, pues se sabe que estaba en el día que se colocó la piedra fundacional, el 25 de julio de 1889, onomástica del obispo Juan Bautista Grau?

– La escultura de Gaudí (con un anacronismo evidente pero muy comprensible, al representar a un Gaudí mayor, pues es el que pervive en el imaginario colectivo de la gente) está de pie, con los planos enrollados del palacio en la mano derecha (la creativa) y en la mano izquierda (la intuitiva) lleva un paraguas para guarecerse de la lluvia. Un objeto que simboliza la segura protección contra las inclemencias, en una Astorga anclada en la España decimonónica. (no hay que olvidarse que fue un adelantado del Modernismo, estilo arquitectónico que tiene su origen en la Casa Tassel diseñada por el arquitecto Víctor Horta en Bruselas, 1893) [ver artículo: ‘Gaudí (y el palacio que revolucionó Astorga) 1ª & 2 Parte’].

De algún modo, Gaudí intuía los problemas con los que se iba encontrar y llegaba preparado para protegerse de las injustas y aceradas críticas. Este fue el caso de las «dovelas ensanchadas en abanico» del pórtico de la entrada, cuyo derrumbe suscitó incluso las burlas de los astorganos hasta que él, subido a lo alto del andamio y con ayuda del maestro de obras Pedro Luengo, consiguió colocarlas.

– Y para concluir, ¿qué nos puedes decir de la tercera de las esculturas, que irá colocada fuera del Palacio Episcopal? Antes hay que hace hincapié en que las dos primeras están financiadas por el Obispado de Astorga y la de Pio Gullón por el Consistorio astorgano.

– La escultura de Pio Gullón, ciertamente, irá colocada frente al Palacio Episcopal (corrobora el escultor). La idea está sacada de algunas fotos. Este ilustre personaje es quién consigue la financiación del Estado y muestra su enorme preocupación. Tiene su reloj en la mano… pero lo que está observando de reojo es la lentitud del trabajo, desesperándose por el retraso de las obras y el aumento de los costes. Ve lo rápido que se gasta el dinero público, mientras la construcción va por la primera planta.

Se podría decir, a tenor de las declaraciones de Amancio, que las tres esculturas reflejan lo más importante de cada personaje. Si del obispo Grau se da a entender que sus peticiones al altísimo están por encima de las preocupaciones mundanas, y del arquitecto se aprecia una predisposición a luchar contra viento y marea para llevar a buen puerto el «sueño del obispo» aunque al final no lo consiguiera, de don Pio Gullón se consigna que es mayor la cuestión crematística, que le embarga y preocupa, que la religiosa del prelado y la artística del arquitecto. Y las tres «de una exigente importancia, que deben encarnan ideas muy principales» motivadas por su elección. Nada que ya no se conozca, de tantas y tantas esculturas o pinturas realizadas a través de los siglos. Solo pondré el ejemplo del escultor Miguel Ángel trabajando en la Capilla Sixtina, y la desesperación del papa Julio II por verla terminada en vida. Si bien el pontífice logró ver cumplidos sus anhelos de grandeza, un año antes de morir, en 1513, no sucedió lo mismo con el obispo Grau, quien murió de forma inesperada el 18 de septiembre de 1893.

Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora
Archivado en
Lo más leído