Fruto del trabajo conjunto de la escritora Mercedes Fisteus y el artista Manuel Sierra, nace ‘La nodriza’; última incorporación de la colección literaria de La Nueva Crónica. Se pone a la venta con este periódico a partir del 13 de julio y se presenta el próximo jueves 10 de julio en la Casa del Parque de Riolago de Babia. Entre sus páginas, la autora desentraña de forma novelada la leyenda del lago de Babia; una que descubrió en Villablino mientras investigaba la historia legendaria del noroccidente.
¿Cómo descubrió Lago de Babia y su leyenda?
Lo descubrí hace unos años, dando unas formaciones en el aula UNED de Villablino. Investigaba el tejido legendario de León, también de la zona del noroccidente, e inevitablemente conocí la leyenda de la laguna de Lago, que hemos rebautizado como la laguna de la nodriza. Desde entonces, voy siempre que puedo porque es un lugar de paz.
¿En qué momento se le ocurrió novelarla? ¿Qué fue lo que le animó a hacerlo?
En realidad no se me ocurrió a mí, sino a su estupendo alcalde pedáneo, Isidoro Bueno Bringas. Él trabaja en el aula y compartíamos el interés en la temática legendaria, así que se le ocurrió que esa historia merecía una novela, un relato mágico que ayudase a conocer el pueblo y su patrimonio. Me pareció una idea tan bonita y un reto tan apasionante que me enamoré desde el primer momento. Creo que es un grito conjunto, como el de aquella nodriza, advirtiendo que estamos aquí, que el olvido no nos engulle y que somos de lo que no hay.
¿En qué se parece y en qué se diferencia ‘La nodriza’ de sus anteriores novelas?
No se parece a nada de lo que haya hecho anteriormente. Lo único común es el elemento fantástico y ficcional, que está presente en mis otros trabajos, pero la temática es totalmente nueva y el proceso de escritura, radicalmente diferente. Considero que este proyecto ha sido conjunto, construido con las ideas de todos: de Isidoro, de mi lectora cero y de Manuel Sierra, que no solo ha ilustrado la cubierta y las letras capitulares, sino que ha aportado una mirada única a la historia. He tenido el honor de trabajar con grandes personas, pero su participación es de lo más especial que he vivido con esta novela. Trabajar mano a mano con un artista de su talla es algo único. El proceso de edición y publicación con La Nueva Crónica ha sido, por otra parte, diferente y refrescante, estoy muy agradecida. Que un periódico se implique con un proyecto así dice mucho de sus valores.
¿Quiénes son sus referentes a la hora de escribir?
Justo estaba leyendo a los grandes autores leoneses durante la última fase de escritura, Luis Mateo Díez y Julio Llamazares, entre otros, pero también a Fernanda Melchor o Maggie O’Farrell. Los menciono porque en otras ocasiones, sin yo darme cuenta, mis lecturas dejaron su impronta en mi escritura. Aunque bien es cierto que el lector verá la indudable huella de dos clásicos importantísimos en la trama, uno español y el otro, inglés.
Los personajes femeninos siempre tienen mucha fuerza en sus textos. ¿Tiene que ver su origen lacianiego, donde las mujeres han tenido que hacerse fuertes por necesidad?
Supongo que es indudable que Laciana y su gente tienen influencia en mi manera de pensar y ver el mundo, pero efectivamente, las mujeres de ámbitos rurales como el mío demuestran una singularidad muy específica, especial y poderosa, que mis historias incluyen casi por necesidad. La mirada de una mujer es feroz, tierna, sensible y apasionada, incluso en su faceta más resignada. Me ha hecho falta acudir al alma de las madres, las abuelas, las esposas, las rebeldes, las narradoras, las ganaderas, las misteriosas… la vida, hasta en el más pequeño y lejano pueblo, no se entiende sin ellas. En mis otros trabajos, la figura de la bruja era indisoluble de la mujer, pero esta vez la trama se aleja de esa mitología e igualmente, tiene por protagonistas a unas mujeres muy especiales. Claro que también tiene todo un abanico de personajes de toda índole, a cada cual, más extraño.
¿Cree que, como pasa en la música con el folclore, la literatura también está volviendo a mirar a lo tradicional desde una perspectiva renovada?
Parece que en los últimos años sí se han popularizado obras que aluden a lo local, lo territorial, lo antiguo; historias sin tantas pretensiones ni complementos, más cercanas a lo realista. Porque lo simple es a veces lo más complicado. Creo que, en el fondo, necesitamos reconectar con nuestras raíces, con la tierra y las costumbres, porque este mundo «cibercomunicado» nos abruma. Yo lo celebro porque creo que la originalidad es, como decía Gaudí, volver al origen. Quizá sea el único camino circular que merece la pena y la cultura tradicional es, actualmente, la más interesante.
¿Cómo fue el proceso de escritura de esta novela? ¿Dónde se documentó?
El pedáneo me pasó material, escritos de siglos anteriores (hasta del siglo XVI), donde se podían ver las estructuras familiares y sus propiedades, tanto materiales como semovientes. También mucha información sobre escudos nobiliarios y pequeños descubrimientos del estilo, aunque he de decir que ya se había hecho un trabajo estupendo cuando se recopiló información para explicar los murales de Sierra en Lago. Todo lo demás, es acopio histórico y conocimiento local, pero siempre supeditado a la necesidad novelística. La inspiración tras los personajes y sus vivencias está basada en muchas historias diferentes que he escuchado con los años. Historias violentas, graciosas y sorprendentes que se extinguen con las voces de los más mayores, o en las voces de los hijos que no confiesan algo hasta cincuenta años después.
Compagina literatura y la política pero sospecho que su relación con la literatura va a ser más larga…
Mi relación con la literatura ha sido tan temprana, tan buscada, tan trabajada y tan mágica, que no puede compararse a nada más y difícilmente encontrará rival. Es, también, mucho más natural y responde enteramente a mi pensamiento y mis intenciones. De la política no puedo decir lo mismo, pero puede que algún día, también esa experiencia moldee mi escritura. Mi sistema de trabajo, en cualquier caso, es aplicable a los dos campos: me informo, pienso y vuelvo a plantear, lo trabajo, pulo y vigilo, trasnocho, me torturo por los fallos y me deleito en los éxitos. Pero nunca me permito dejar de avanzar, porque de alguna manera, somos una contribución a algo más grande. Laciana es la tierra que merece el esfuerzo, igual que Lago de Babia.
A usted le toca dar la cara a pie de calle. ¿Siente vergüenza como socialista de todo lo está pasando con el partido en Madrid?
Nunca he sido una romántica en cuanto a política se refiere, pero lo que está sucediendo hace imposible dignificar la política y dificulta mucho que podamos mantener un discurso sin caer en la hipocresía o la demagogia. ¿Cómo vamos a explicarle al vecino, en el bar de abajo, que la mayoría de concejales de pueblo no tienen sueldo ni se llevan comisiones por operaciones de ningún tipo? ¿Cómo vamos a defender que hay derechos constitucionales que se vulneran en el momento en el que se nos considera personajes públicos y políticos? Pues no quedará otra que seguir trabajando en lo que uno cree, con toda la dignidad que aporta la sinceridad a uno mismo y el trabajo duro.
¿Qué le falta a la política para poder escuchar las reclamaciones del medio rural? Parecen obvias, pero los políticos parecen sordos…
Sobre todo, creo que hace falta gente comprometida con el medio rural, que lo entienda y lo defienda, en las posiciones más altas. Gente que haya luchado anteriormente por el territorio y que haya sufrido el dolor del abandono, del olvido, de los prejuicios y de la contaminación burocrática. Gente que no llegue inspirada por ese dumping moral que lleva por lema «si no aprovechas como han hecho otros, es que eres tonto». Decía Chéjov que «si quieres ser universal, háblame de tu pueblo». Y creo que se puede luchar por el medio rural de la misma forma que se lucha por una reforma legislativa estatal.