Esperanza Ortega llega a León: "La poesía es una forma de mantener a raya la muerte"

La escritora palentina recala este jueves en La Casona de San Feliz de la mano de su más reciente publicación, ‘Los versos de mi amiga’, y del autor Tomás Sánchez Santiago

12/02/2026
 Actualizado a 12/02/2026
La palentina afincada en Valladolid, Esperanza Ortega, es autora de ‘Los versos de mi amiga’. | MIRIAM CHACÓN (ICAL)
La palentina afincada en Valladolid, Esperanza Ortega, es autora de ‘Los versos de mi amiga’. | MIRIAM CHACÓN (ICAL)

Con un padre –Teófilo Ortega–, una hija –Elisa Martín– y un marido –Gustavo Martín Garzo– escritores, no faltan letras en la vida de Esperanza Ortega Martínez. Muchas las ha alumbrado ella misma entre las páginas de su multitud de publicaciones, que viajan del ensayo a la narrativa, pasando por la crítica literaria y la traducción. Pero si algo ha acompañado siempre a la escritora ha sido la poesía, con la que ahora regresa a las librerías de la mano de ‘Los versos de mi amiga’; una obra que desde las 19:30 horas de esta tarde se convierte en protagonista de La Casona de San Feliz, donde la autora presentará por primera vez la obra, contando con la compañía de Tomás Sánchez Santiago. Una obra –además– que ve la luz con Galaxia Gutenberg más de dos décadas después de su último poemario, ‘Poema de las cinco estaciones’.

Su ímpetu literario no ha permanecido en terreno yermo durante todo este tiempo. Ortega ha escrito sobre otros poetas, ha publicado en revistas y, con su firma, en 2021 salía a la luz ‘Diario de lo no vivido (poesía reunida)’. Aun así, no ha sido hasta el día 4 de este mes cuando un «libro nuevo» de poesía se ha sumado a la trayectoria de la palentina afincada en Valladolid. «Llegó el momento en que vi que tenía algo nuevo que decir y encontré también una nueva manera de decirlo», explica: «Este libro viene a romper ese silencio que he tenido, pero yo creo que a la poesía no le viene mal el silencio, así que no tenía ninguna prisa. No me ha importado esperar».

"Llegó el momento en que vi que tenía algo nuevo que decir y encontré una nueva manera de decirlo"

Esperando ha conseguido la autora condensar en un sólo volumen «esa otra forma de ver el mundo que hace que te fijes muchas veces en lo más pequeño». Dejando atrás una forma de escribir que describe «fragmentaria», fruto casi siempre de situaciones de crisis que obligan a preguntarse «quién eres y qué haces en este mundo», Ortega aborda en este poemario una escritura «que puede que sea más accesible para mucha gente».

Vivencias personales y observaciones de lo externo son personajes de una publicación cuya protagonista es la propia vida. En alguna medida, también la muerte. «Muchas veces, cuando no entiendes algo y te pones a escribir sobre ello es precisamente para explicártelo a ti misma y al mundo que te rodea», relata la poeta: «Hay un momento en tu vida en que empiza a morir gente de tu familia, tus amigos, y te lo empiezas a plantear». Es ese planteamiento el que rellena de grafemas algunas de las hojas de ‘Los versos de mi amiga’. Y es que, en palabras de Ortega, «la poesía es una forma de mantener a raya la muerte».

"Al escribir hay un desdoblamiento entre el yo –la persona que soy– y la que está escribiendo"

Es para rehuir la muerte por lo que la escritora ha publicado obras críticas sobre poetas como Juan Ramón Jiménez y Francisco Pino. Quizá también la razón de que Ortega cite a Machado cuando dice que «la diferencia entre el verdadero poeta y el señorito que escribe versos es que el poeta tiene su propia poética». La de la palentina juega muchas veces una suerte de metafísica, pues destina su escritura a reflexionar, precisamente, sobre el proceso de escritura. «Cuando uno escribe, hay un desdoblamiento entre el yo –la persona que soy– y el que está escribiendo», reflexiona, justificando el bautismo de su más reciente obra: «El poeta oye una voz que procede muchas veces de uno mismo y que otras veces da la impresión de que alguien la dicta». La amiga que dicta esos versos es la propia Ortega.

No tarda en parafrasear la escritora a Alejandra Pizarnik. «Escribir es explicar con palabras de este mundo que partió de mí un barco llevándome», recita, sin resistirse a explicar su interpretación. Son gajes del oficio; buena parte de su vida, la palentina ha ejercido como docente de literatura en Valladolid. De sus colegas de oficio –tanto en la creación literaria como en la enseñanza– dice que «no se les hace mucho caso». «Sobre todo la poesía, que es lo más minoritario, a veces sientes que no interesa mucho», considera: «Pero ahí está; es algo que haces porque es como respirar». 

Por eso, cuando en ese lapso de tiempo sin nuevas obras poéticas completas le preguntaban a Esperanza Ortega si había dejado de escribir, ella respondía atónita que no. «Yo no concibo la vida sin poesía», confiesa. Por eso, cuando en esa temporada que nunca fue terreno yermo para la creación le preguntaban a la poeta que si había dejado ya a un lado la poesía, ella decía que no; que simplemente estaba esperando.

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