Alabastro, madera y piedra conforman una de las múltiples joyas que esconde en su interior la Catedral de León. Una joya que ahora saluda a los visitantes con una iluminación que arroja luz en la entrada tenue del templo y sobre cuyos materiales se ha llevado a cabo un «profundo» trabajo de restauración, dado que «la patología que había era seria». Así lo expresa el director del Museo Catedralicio-Diocesano de León e historiador del arte, Máximo Gómez Rascón.
«El estudio de los diagnósticos y los análisis ha llevado más tiempo que la propia restauración, que se ha hecho en nueve meses, pero con un trabajo muy intenso», avanza el responsable: «Varios trabajadores han intentado aplicar a cada una de esas patologías, de acuerdo con los materiales, el tratamiento adecuado, pero con un carácter muy científico». Ese procedimiento es lo que, en sus palabras, «garantiza precisamente el éxito de la obra».
Fue la autorización de Patrimonio, en enero del año pasado, lo que funcionó como detonante para el comienzo de los trabajos. En ese momento, la Comisión Territorial liderada por el delegado de la Junta, Eduardo Diego, dio luz verde a un proyecto en el que se incluía el registro de información y documentación, un estudio histótico-artístico y tecnológico y otro ambiental y un examen organoléptico. También, la ejecución de un tratamiento de madera vista, una eliminación de mortero, una fijación de la policromía, una consolidación del soporte pétreo, una limpieza físico-química, una unión de elementos, una capa de protección y un tratamiento de elementos mecánicos, además de la dotación de nuevos sistemas de iluminación que justifican los actuales andamios situados en las columnas enfrentadas al monumento.

El Ministerio de Cultura adjudicó los trabajos a la empresa Talleres de Arte Granda en septiembre de 2024, financiando la conservación y restauración del trascoro con un total de 347.685 euros. El objetivo era claro: alumbrar una versión más cercana al estado original del monumento, construido en el siglo XVI -y trasladado en el XVIII- de la mano de maestros como Juan de Juni, Esteban Jordán, Bautista Vázquez, Baltasar Gutiérrez y Narciso Tomé, entre otros. Todo bajo un criterio estrictamente arqueológico.
«No se trataba de rehacer cosas que se habían perdido, salvo en algún detalle; se trataba de respetar lo que había y eliminar aquellas policromías que, de alguna manera, lo estaban afeando y que habían sido añadidas posteriormente», apunta Gómez Rascón, que pone de ejemplo las esculturas monumentales de la parte superior, que, elaboradas por Esteban Jordán, reflejan con madera a san Pedro, san Isidoro, san Marcelo y san Pablo: «Posiblemente estaban entre los elementos más perjudicados porque la madera es mucho más frágil y las lluvias, el agua o incluso el incendio de mayo de 1966 pudieron afectarles de forma más directa».
Restauración permanente
El resultado final, con las «lagunas propias», es un monumento completamente recuperado que el director del museo describe «con mucha dignidad» y que se suma a una larga lista de reparaciones. En palabras de Gómez Rascón, «la Catedral está permanentemente restaurándose». Y es que, en los últimos años, más de una docena de elementos han pasado por el proceso gracias al apoyo de instituciones como la Junta de Castilla y León.

«El mismo Ministerio nos ha ofrecido la restauración de dos piezas que en este momento están ya en Madrid: una Cruz Calvario preciosa con San Juan de la Virgen y una escultura románica de la Virgen procedente de Gradefes que es una joya», indica sobre dos de los objetos guarecidos en el centro museístico ubicado en el corazón del templo religioso: «Mientras tanto, la tarea de restauración en continua en los talleres que tenemos; en lienzos, en tablas, en esculturas y en todo. Es una tarea que no se puede interrumpir en ningún momento». A pesar referirse a las vidrieras como la «labor fundamental» del cabildo catedralicio y de que en enero de 2024 la Comisión también autorizara la restauración de una de las mismas ubicada en la nave mayor, el historiador hace hincapié en que la del trascoro es «la primera restauración que se realiza propiamente sobre la piedra».
La relevancia del monumento
Bautizado ‘trascoro’ por situarse en la parte trasera del coro, en el presbiterio, la paradoja del monumento leonés es que no se localiza en ese espacio, sino en un lugar privilegiado de la nave mayor de la Catedral que facilita la visibilidad de la obra. El traslado, motivado por problemas estructurales, se produjo en 1746 e implicó el montaje y desmontaje de la pieza, causando algunos de los daños que ya han sido reparados por Talleres de Arte Granda.
Máximo Gómez Rascón, autor del exhaustivo volumen ‘El trascoro de la Catedral de León. Poema del Humanismo Cristiano escrito en piedra’, publicado en 2022 por Edilesa Patrimonio, destaca del mismo su trascendencia, poniendo de relieve la importancia de la restauración. «Es el Renacimiento perfecto», considera: «Es la introducción del mundo pagano en las iglesias, pero dándole un sentido cristiano».
Tras nueve meses de trabajos, sus particularidades quedan bien paradas, revalidando el título de la Pulchra y sus secretos como uno de los grandes tesoros resguardados y protegidos a lo largo de la historia de León.
