Fue en Vegacervera, en uno de esos días en que el río canta bajito y las paredes de las casas parecen guardar secretos entre las grieta.
Yo había ido por la malva.
Me habían dicho que crecía al borde del camino viejo, ese que sube hacia los prados altos, justo donde la piedra se quiebra y deja espacio para el color.
Y era verdad: ahí estaban, las flores moradas, abiertas como orejas que escuchan.
Mientras recogía algunas para secar, una señora del pueblo, de las que saben mirar el cielo y decir si lloverá o no, me habló de Nieves González Barrio.
—¿La médica? —pregunté.
—La pediatra, sí. De aquí. De Vegacervera. Aunque ahora poca gente se acuerde, fue de las primeras mujeres que cuidaron niños con título, bata… y corazón de madre.
Nos sentamos en un banco de piedra. Yo con las malvas en la falda, ella con la historia en la voz.
Me contó que Nieves fue mujer de ciencia, sí, pero también de intuición antigua. Que creía en los remedios del saber popular tanto como en los de botica, y que en su consulta nunca faltaba una infusión templada, una caricia, o un consejo de los que sanan sin ruido.
—La malva era su planta de confianza. Para los niños con tos, para los ojos que lloraban sin fiebre, para los días en que dolía más el miedo que el cuerpo.
No lo dejó escrito, pero aquí lo saben los portales, las cocinas, las abuelas que la conocieron.
Yo me quedé callada, imaginándola.
Una mujer con bata blanca en un mundo que aún no estaba hecho para ellas.
Pasando consulta entre papeles y pañuelos.
Curando sin levantar la voz.
Y mientras lo pensaba, acaricié una hoja de malva con los dedos.
Era suave.
Tan suave como la memoria que deja alguien que hizo bien las cosas sin hacerse notar.

Malva (Malva sylvestris)
La flor violeta de las cunetas, de las huertas olvidadas, de los patios donde todavía se tienden sábanas al sol.
Suave al tacto, fresca al alma, la malva es una de esas plantas que sanan sin aspavientos.
Usos tradicionales:
- Aliviar irritaciones de garganta y tos seca
- Calmar inflamaciones oculares (como colirio casero)
- Suavizar la piel y curar pequeñas heridas
- Ayudar a la digestión, especialmente en infusión
- Bañar a los bebés con su agua para pieles sensibles
En Vegacervera la recuerdan como planta de mujeres sabias.
Y ahora, también, como flor que crecía en el camino de Nieves.
Receta emocional: Agua templada para sanar despacito
- Un puñado de flores y hojas de malva (frescas o secas)
- 1 taza de agua tibia
- Un cuaderno abierto en la página donde alguien cuenta una historia buena
Lava bien la planta. Calienta el agua sin hervir.
Déjala reposar con las flores unos 10 minutos.
Puedes usarla como colirio, como infusión o como pañito en los ojos cerrados.
Mientras, piensa en todas las Nieves que hubo, que hay, y que habrá.
Y agradece que algunas curas no vengan con receta.
Solo con memoria.
Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.