Donde el orégano huele a tonadas y memoria

Cada planta, una historia, por Marina Díez

13/07/2026
 Actualizado a 13/07/2026
| MAYKA GARCÍA Y NOELIA GARCÍA
| MAYKA GARCÍA Y NOELIA GARCÍA

Fui a Cármenes a entregarle un borrador a Ángel Fierro del Valle. Estábamos trabajando en una publicación sobre la Mediana y su patrimonio sonoro: las voces que aún se escuchan en los valles, los ecos de las tonadas que siguen vivas en los pueblos aunque no las canten ya en las fiestas.
Con Ángel no se trata solo de trabajar. Se trata de aprender. Porque basta que abra la boca para que empiece la clase, el cuento y la emoción.
Nos sentamos cerca de su casa, en un banco que mira al monte como quien espera algo bueno.
El aire olía a monte seco, a piedras calientes por el sol, y a orégano.
Un orégano salvaje, de ese que no se compra en frasco.
—¿Lo hueles? —me dijo Ángel, sin dejar de pasar páginas del manuscrito.
—Sí. ¿Es orégano?
—Claro. Aquí crece por todos los rincones. Como las canciones. A veces parece que se han perdido, pero si esperas en silencio, vuelven. 
Y me empezó a hablar. 
De mujeres que cantaban mientras lavaban en Villanueva. 
De un mozo de Getino que afinaba el alma con cada copla. De viejas voces de Canseco que se colaban en el viento.
De cuando en el cementerio de Redilluera se cantaba al que se iba, no para llorarle, sino para acompañarle en su último viaje. 
Yo escuchaba, atrapada, como quien oye música sin instrumentos.
Con Ángel siempre pasa eso: cada historia suya es una tonada sin partitura.
Entre relato y relato, se levantó, fue hasta una mata de orégano, y cortó unas ramitas.
—Esto lo usaba mi madre. Para el estómago, para el pecho, y para cuando una andaba floja y no sabía por qué.
Decía que si lo ponías en la sopa, curaba. Y si lo colgabas en la ventana, traía buena suerte.
Me lo dio.
—Toma. Llévatelo. Como el eco de una canción que no quieres olvidar.
Y lo hice.

Porque hay plantas que curan.
Y personas que te enseñan a reconocerlas por el olor, por la historia y por lo que se calla entre frase y frase.
El orégano (Origanum vulgare)
Pequeño y aromático, el orégano crece en las laderas soleadas, en los márgenes de los caminos y en las cocinas donde aún se guisan recuerdos.
Es planta curativa, sí. Pero también guardiana de lo esencial.
Usos tradicionales:
– Aliviar la digestión y los gases
– Calmar la tos, los catarros y las bronquitis
– Mejorar el ánimo y despejar la cabeza
– Desinfectar heridas pequeñas
– Perfumar la vida cotidiana
En la montaña leonesa, forma parte de sopas, carnes, potes y recuerdos.
Receta emocional: Sopa con orégano y memoria
    – Un trozo de pan duro
    – 1 ajo
    – 1 cucharadita de orégano seco
    – pimentón, sal, aceite
    –caldo o agua caliente
     – una voz del coro Flor del Viento, aunque sea solo en tu recuerdo
Dora el ajo en aceite, añade el pan, el pimentón, y cubre con caldo.
Cuando hierva, baja el fuego, echa el orégano y tapa. Deja reposar unos minutos, como quien espera que cante la tierra.

Y al servir, huele.
Porque no solo alimenta.
También recuerda.


 

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