Castillos de plata

Pocos territorios tienen un nivel de ‘protección’ como este tramo de la Vía de la Plata, con el propósito de poner a salvo las ciudades de La Bañeza y Astorga

Martín Muñoz Navarro
13/08/2026
 Actualizado a 13/08/2026
Castillo de Alija del Infantado, que se encuentra bastante completo. | MARTÍN MUÑOZ
Castillo de Alija del Infantado, que se encuentra bastante completo. | MARTÍN MUÑOZ

León es tierra de castillos. Cualquiera que sea la ruta que decidamos tomar, en ella nos encontraremos hermosas fortalezas que nos traerán a la memoria gestas heroicas que han forjado nuestro espíritu. He tenido la tentación de comenzar con aquellos castillos más antiguos que hicieron frente a las incursiones musulmanas de los primeros años de la Reconquista, ubicados en los valles de acceso al incipiente reino asturiano, como los de Alba, Luna, Gordón o Aviados, en su mayoría asolados por la historia y el inexorable paso del tiempo. También he sido tentado por aquellas fortalezas de mayor importancia y que todo el mundo tiene presente como el castillo templario de Ponferrada, Valencia de Don Juan, Grajal de Campos o Cornatel. Igualmente podría haber hablado de castillos con los que he tenido una relación especial como el de Sarracín, en plena subida al Cebreiro, el de Benal en la comarca de Omaña, Cea o Valderas.

He preferido abordar la singularidad de tres castillos asentados en la Vía de la Plata y que se encuentran en una línea defensiva de esta ruta protegiendo de incursiones militares a lo largo de los siglos, las ciudades de La Bañeza y Astorga y cuya distancia, del primero al tercero, es de tan solo trece kilómetros. Esta concentración de fortalezas es única en nuestra provincia y se completa con otros castillos próximos como los de Palacios de la Valduerna, Laguna de Negrillos y Alcuetas.

Los tres castillos, aunque con antecedentes históricos distintos, tienen en común las siguientes características. Su finalidad, inicialmente defensiva, frente a ataques externos, se completaba con el propósito de servir de vivienda a los señores de la tierra, fundamental para la poderosa familia leonesa de los Quiñones. También servían a un propósito de control económico, como el establecimiento de portazgos a la entrada de las poblaciones, control de mercancías y administración del señorío.

Castillo de los Quiñones en Quintana del Marco. MARTÍN MUÑOZ
Castillo de los Quiñones en Quintana del Marco. | MARTÍN MUÑOZ

Apenas nos adentramos en la provincia de León, desde el sur, hallamos el castillo de Alija del Infantado. Si trazamos una diagonal imaginaria a su Plaza Mayor cuadrada, en ambos extremos nos podemos admirar la iglesia de San Verísimo y la formidable estructura del castillo, que luce espléndida después de la restauración integral de que fuera objeto el pasado siglo.

Fue construido hacia el año 1514 por Bernardino Pimentel Enríquez, primer marqués de Távara, noble de enorme importancia en los reinos de León y Castilla, que unió en él los grandes linajes de sus apellidos. La construcción se hizo sobre una fortaleza anterior del siglo X. En el pueblo zamorano de Tábara pasean como gigantes y cabezudos, las figuras señeras de su marqués, Don Bernardino, y de su esposa doña Constanza.

Su perímetro exterior es cuadrangular con torreones defensivos de planta circular en los ángulos y torres menores en los lienzos almenados. En su interior, con una gran plaza de armas, podemos contemplar dos grandes torres que se conectan entre sí por una galería. Asimismo, se conserva el antiguo palacio de los Ponce en estado ruinoso. El edificio es de una extraordinaria belleza.

El castillo sufrió dos grandes incendios. El primero se produjo el 29 de diciembre de 1808 y en el contexto de la Guerra de la Independencia contra Napoleón. Las tropas inglesas incendiaron la villa y el castillo al abandonar sus posiciones en la zona. También destruyeron el famoso puente de La Vizana a unos kilómetros del pueblo, seguramente por el apoyo que el entonces señor de Alija prestó a José Bonaparte. El segundo encendido, de carácter casual, se produjo en el año 1887, tras el cual el castillo quedó en estado de ruina y abandonado.

Fue restaurado el siglo pasado, y su declaración como Bien de Interés Cultural realizada en el año 1949, nos permite hoy disfrutar de su presencia renacida y reencontrarnos con un eslabón importante de nuestra historia.

Las defensas como se ve resultaban complicadas de superar. MARTÍN MUÑOZ
Las defensas como se ve resultaban complicadas de superar. | MARTÍN MUÑOZ

Quintana del Marco se encuentra a tan solo nueve kilómetros de distancia, siguiendo la carretera LE-114. El pueblo silencioso y bañado por la luz de la mañana nos recibe amable. Sus casas se alinean a ambos lados del cauce del río Jamuz. Sus dos barrios están conectados por un pequeño puente que une y separa a la vez a sus vecinos. El primero de los barrios se conforma en torno a la iglesia de San Pedro y el segundo a la de San Salvador. Son dos templos casi idénticos, construidos en piedra con el presbiterio a una mayor altura que la nave principal y unas espadañas afiladas, rasgando el azul del cielo. En la de San Pedro, durante muchos años estuvo incrustada una cabeza de mármol que los vecinos creían representaba al primero de los apóstoles, pero que luego pudo atribuirse al emperador Marco Aurelio. Hoy se encuentra en el museo arqueológico de León después de haber sido robada y recuperada por la Guardia Civil.

Del castillo-palacio de los Quiñones solo se conserva la torre del homenaje, cuya presencia de doce metros de altura sorprende al viajero encerrada en una calleja angosta rodeada de edificaciones modernas. Fue construido en el siglo XV por Diego Fernández de Quiñones, conde de Luna y aunque han desaparecido sus murallas defensivas, la solitaria torre de piedra aún conserva con orgullo la prestancia de otros tiempos. En la actualidad, dicho torreón se encuentra dedicado a vivienda particular. 

Solo hay cuatro kilómetros desde Quintana del Marco a Villanueva de Jamuz y, solitario y orgulloso pese a los signos de ruina en su muralla, aún se mantiene firme frente a la tempestad y al paso del tiempo. La villa ha crecido al otro lado de la carretera en torno a la iglesia parroquial de San Cipriano, dejando al castillo totalmente aislado, soñando con un pasado caballeresco.

Sus constructores, al igual que los del castillo de Quintana del Marco, fueron Diego Fernández de Quiñones y su esposa María de Toledo, padres del más famoso de los caballeros leoneses durante la Edad Media, don Suero de Quiñones.

Castillo de Villanueva. MARTÍN MUÑOZ
Castillo de Villanueva. | MARTÍN MUÑOZ

Aunque repetida, quisiera recordar esta gesta. El famoso caballero solicitó del rey Juan II, con motivo del año jacobeo de 1434, celebrar un torneo en el puente de Hospital de Órbigo, denominado El Paso Honroso, que obligara a batirse con él a todos los caballeros que, peregrinos a Santiago, no rindieran su admiración por su dama Leonor de Tomar. Fueron muchos los combates que se sustanciaron y la gesta perdura en el tiempo hasta nuestros días. Finalizado el torneo se dice que don Suero peregrinó a Compostela, ofreciendo al Santo un brazalete de su amada.

El castillo es un cuadrado casi perfecto que en tres de los vértices de la muralla tiene adosados unos cubos cilíndricos provistos de troneras y saeteros para defender la fortaleza. En el cuarto vértice se levanta poderosa y firme la torre del homenaje con veinticinco metros de altura y que presenta en su parte posterior un enorme boquete que certifica su mal estado no obstante las obras de restauración llevadas a cabo por su actual propietario. 

Difícilmente puede encontrarse un territorio con tal nivel de protección a través de sus castillos, como este tramo de la Vía de la Plata, con el propósito de poner a salvo las importantes ciudades de La Bañeza y Astorga y es una circunstancia de la que hoy podemos disfrutar cuantos amamos esta tierra.

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