Pocos artistas podrán presumir que su obra sea tan conocida como la de Juan Antonio Velasco; la gran mayoría de leoneses la admiró y valoró durante casi medio siglo. Bien es cierto que eran obras efímeras, de una semana de exhibición, para desaparecer, lo que le da más valor al trabajo de este excelente artista: Velasco, para todos los leoneses, ‘el cartelista del Emperador’.
En la memoria de muchos leoneses la imagen de Charlot, Bogart, Gary Cooper, Marilyn Monroe, Audrey Hepburn, James Dean, Sofía Loren, Imperio Argentina y tantos otros artistas y actrices españolas es la que dejó Velasco impregnada en sus mentes desde ese escaparate inigualable que era la marquesina del Teatro Emperador, más de veinte metros cuadrados de lienzo que había que llenar con la maestría que lo hacía el que siempre era definido como "el pintor de sueños", los sueños que nacían en su pincel y nos llevaban hasta la pantalla.
Sirva una definición de su amigo Antonio Morán, berciano como el propio Velasco: «Era sencillo, modesto, meticuloso en su trabajo y de fuerte personalidad pero, sobre todo, muy generoso y amigo de sus amigos. Es gratificante haber conocido a alguien con una profesión ya en extinción y en donde el gusto por el detalle así como su precisión manual contrasta con lo aparatoso de las nuevas tecnologías».
Habría mil definiciones más. Casi tantas como obras.
Estos días la palabra más repetida en la ciudad y, otra vez, cargada de esperanza es Teatro Emperador. ¿A la última va la vencida? Y al aparecer este nombre, este local, nunca puede faltar quien recuerde a Velasco, pues en el recuerdo de los leoneses permanecen muy frescos ‘los anuncios’ de las películas en el privilegiado escaparate.
Fue Velasco quien más sufrió con el primero de los fiascos del Teatro Emperador, su cierre, el que le dejaba en la calle después de 47 años de arte y trabajo. En la calle y sin rumbo, como él mismo reconocía mientras repetía una frase que rompía el alma: "Yo al Emperador lo amo con todas mis fuerzas», y después de esta declaración se hace una serie de preguntas sin respuesta: Estoy absolutamente perdido y confundido. Llevo 47 años pintando los carteles de cine, casi desde niño, y ahora vienen y me dicen que cierran el teatro, sin explicaciones ¿Qué hago ahora?".
Y lo peor estaba por llegar para aquel gran artista nacido en Bembibre en 1932 y que con 9 años se fue a Ponferrada con su padre para estudiar después en Madrid y Toledo Artes Plásticas. Llegó a la capital leonesa para trabajar en publicidad y ahí surgió esa posibilidad de ser ‘el cartelista’ del Teatro Emperador, ese trabajo que le hizo tan feliz, al que dedicaba muchas horas este personaje culto, discreto, con aspecto de dandy y exquisita educación...
Difícil entender cómo este artista, cuando se rompe su declarada historia de amor con el Emperador, va descubriendo que es más real de lo que imaginaba aquel ¿qué hago ahora?. Va descubriendo que nadie ha cotizado por él, que no tiene cobertura económica, que prácticamente no existe, su coche queda en el depósito de la grúa... pero se niega a dejar de ser el hombre digno que siempre había sido. Encuentra el cobijo de algunos amigos —Resty, Lolo, Marcelino Cuevas...— y así da algunos talleres en Armunia, sueña con el libro/homenaje que le está construyendo Marcelino Cuevas pero, como él mismo temía, no lo llega a ver en las librerías pues un día de noviembre de 2009 se confirman las peores sospechas de los amigos que hacía unos días que le veían: había fallecido en la soledad de su casa. El peor final posible de la más bella historia de amor del cine en León.
Un año más tarde se publicó el libro, 16 después le siguen diciendo que todavía no saben qué será del Teatro.