La belleza de Picos de Europa y el viaje del cuarto oscuro al algoritmo y la IA

En 1977 Fernando Rubio acudió a Picos de Europa para realizar un reportaje fotográfico para Land Rover;aquellas fotos se velaron y 50 años después, gracias a la Inteligencia Artificial, las ha podido restaurar

26/01/2026
 Actualizado a 26/01/2026
A la izquierda cómo habían quedado las imágenes de 1977 debido al fallo en la cámara y al lado cómo han quedado al ser restauradas. | FERNANDO RUBIO
A la izquierda cómo habían quedado las imágenes de 1977 debido al fallo en la cámara y al lado cómo han quedado al ser restauradas. | FERNANDO RUBIO

«Aquel día de 1977, hace casi medio siglo, yo estaba en Picos de Europa para fotografiar los modelos más nuevos de Land Rover en plena montaña; vehículos hechos para conversar con la roca y el hielo. El sol brillaba con una franqueza inesperada para la época y la cámara parecía agradecida por ese respiro luminoso». Así explica Fernando Rubio el reportaje fotográfico de este lunes, alejado de su trabajo habitual de fotoperiodista en la prensa leonesa, salvo excepciones en la capital. También tiene fresco el recuerdo del momento exacto: «Eran esos días cuando la nieve empezaba a retirarse hacia las cumbres. Era el momento en que los bordes de la carretera quedan salpicados de blanco y la luz adquiere esa claridad distinta, casi primaveral».

Lo que no sabía era... «que uno de los respaldos de mi cámara, de formato 6x6, Zenza Brónica guardaba una grieta mínima, provocada por la pérdida de un pequeño tornillo. Una rendija por donde la claridad se colaba sin permiso. Esa luz entrometida dejó su firma sobre varias diapositivas: un amanecer falso en mitad de un día limpio, un resplandor que no pertenecía ni al paisaje ni al instante, sino al propio cuerpo fatigado de la máquina».

Imagen 1 Land Rover Nieve Picos Europa01
El fotoperiodista había acudido al valle de Valdeón, Picos de Europa, para hacer un reportaje sobre el Land Rover en la nieve. | FERNANDO RUBIO

Fácil imaginar el momento de descubrirlo, esa decepción de perder lo que había hecho y la desesperación de la belleza perdida e imaginable sabiendo el paraíso natural en el que había estado cuando descubrió que «la luz, caprichosa, quiso fotografiarse a sí misma sin que interviniera mi voluntad... Al comprobar el desastre días después —pues eran diapositivas en color y el revelado se hacía fuera de León, el disgusto fue mayúsculo. En los años 70 trabajábamos con cámaras totalmente manuales y película química; un margen de error podía arruinar la jornada. Cada disparo era un acto de fe y cada carrete, una apuesta contra el azar».

Muchas de aquellas imágenes habían quedado heridas de muerte pero, curiosamente, no acabaron en la papelera. «Mi tenacidad de leonés me hizo guardarlo todo: lo bueno, lo malo y lo velado. Entre aquellos rollos que se salvaron, intactos en su cápsula de oscuridad, aparecieron las fotografías de Juana García, la cartera de Prada de Valdeón que tú tan bien conoces» pues ha sido protagonista de uno de estos lunes pues subimos a verla en su retiro de Valdeón, que se mostraba extrañada ante la aparición de aquellas fotos que no recordaba, «era muy joven, hace tanto tiempo», decía aquella mujer que se jubiló como cartera y jamás abandonó aquellas tierras. Y añade Fernando: «Aparece también la belleza del río Cares, de Llánaves de la Reina, del Mirador del Tombo con el rebeco aún a nivel del suelo, y las impresionantes vistas de San Glorio, uniendo y separando nuestro León de Cantabria y Asturias».

Pero, explica Rubio, lo verdaderamente hermoso de esta historia es el final, ver cómo se cierra un círculo que comenzó a dibujarse hace medio siglo: «Yo mismo tomé aquellas imágenes, yo mismo guardé, también, las que habían sufrido el velado y yo mismo las he conservado durante cincuenta años en mi archivo. Y ahora, en este inicio de 2026, soy también yo quien las recupera en la pantalla del ordenador».
Fernando Rubio, el eterno estudioso de su profesión, el infatigable investigador, sigue con entusiasmo los nuevos avances en cualquier, jamás dice aquello de ‘no es para mí’ y acudió a restaurar aquellas imágenes veladas. «Como quien abre una caja que lleva demasiado tiempo cerrada, he visto cómo, con ayuda de las herramientas de edición con Inteligencia Artificial, lograba limpiar, interpretar y reconstruir las imágenes, eliminando la «herida» de la luz y recuperando el encanto natural del paisaje. Medio siglo después, la montaña vuelve a respirar en el monitor». Es lo que él llama el viaje del cuarto oscuro del laboratorio al algoritmo y la IA.

Imagen 1 Rio Cares 1977
En la imagen del río Cares se observa cómo la guardó dañada durante 50 años y cómo luce en la actualidad. | FERNANDO RUBIO

«Es el camino desde el olor a químico a la precisión del píxel. Al ver el resultado, siento que el joven que fui y el hombre que soy ahora se dan la mano a través de la luz. Aquella fuga —ese enemigo silencioso— se convirtió en un testigo, y la tecnología de hoy ha permitido recuperar la belleza de esos parajes y que Juana emerja de nuevo como símbolo de una época donde la resistencia cotidiana no necesitaba épica, porque ya lo era». Y concluye: «A veces, la luz entra donde no debe. Y, sin embargo, revela más de lo que oculta», concluye Rubio.

 

Lo más leído