Barbachei, ganarse la vida con un arado... en la barbilla

Barbachei ‘El hombre foca’ era el nombre artístico con el que Casimiro Pascual recorrió las plazas de toda España con un espectáculo singular; sujetar un arado romano con su barbilla y hacer arriesgados equilibrios

31/05/2026
 Actualizado a 31/05/2026
Barbachei, El hombre Foca, dibujado por Lolo.
Barbachei, El hombre Foca, dibujado por Lolo.

La inexistencia –al menos de momento— de imágenes de Barbachei, El hombre Foca, no podía restarnos la posibilidad de que este personaje, muy presente en la memoria de varias generaciones de leoneses, estuviera presente en la galería de Inolvidables, ya que son muchos los que no le quieren, ni pueden, olvidar.

En las décadas centrales y siguientes (del 60 al 80 fundamentalmente) del pasado siglo los chavales de todos los pueblos se revolucionaban cuando se corría la voz de que actuaría, en la plaza siempre, Barbachei, El Hombre Foca. Es más, cuando en la escuela se jugaba a los ídolos, futbolistas casi siempre, no faltaba uno que quisiera ser Barbachei. Impresionaba siempre con su espectáculo, muy simple, pedía un arado a cualquier vecino que lo tuviera —que eran casi todos— y el número fuerte consistía en colocarse el enorme arado en la barbilla y caminar por la plaza en perfecto equilibrio sin que se le conozcan accidentes.

Otro número, al que siempre invitaba, era con una silla; pedía a algún vecino del pueblo que se sentara y él le subiría a la barbilla para pasearlo por la plaza también en perfecto equilibrio. No se sabe si era farol la propuesta pues nadie aceptaba aquel peligroso reto, por más que admiraran cómo se manejaba con el arado...

No existían (al menos localizables) fotos de Barbachei, ojalá aparezcan, pero sí surge uno de esos ‘milagros’ del añorado Lolo. Salió en una charla la figura de Barbachei, él mismo lo recordaba en su infancia, y en el siguiente taller de pintura que dirigió les propuso a los chavales dibujar, hablar y recordar a Barbachei y aquellos cómicos ambulantes. Fue un éxito, los niños de hoy querían ver algo igual... y nos quedó el dibujo que suple a la fotografía del catalán, que eso sí se sabe, o al menos eso decía él.

La figura de Barbachei, como la de tantos de su oficio de titiritero ambulante, estaba rodeada de misterio, que él mismo alimentaba con frases como «no se dónde estuve ayer, no sé dónde voy a estar mañana, pero hoy estoy aquí».

La generación nacida en los 50 y 60 conoció a este personaje, que frecuentaba la provincia y muchas otras como puede comprobarse hoy al seguir su rastro y encontrar recuerdos suyos en lugares muy diferentes.

Tiene una vendaba sobre otros, mantenía su nombre artístico en todas partes y así no le ocurre como a otros recordados personajes que en cada comarca tenía un nombre, de los que un buen ejemplo es Juan El Hojalatero, que en unos pueblos era Juanón, en otros El Moreno, en algunos Pitraco y en muchos Culebrón. Así se difumina su huella.

Uno de los personajes marcados por Barbachei es el escritor Julio Llamazares, que le coloca entre sus recuerdos infantiles recogidos en ‘Escenas de cine mudo’, basado en sus andanzas infantiles en Olleros de Sabero, cuando su padre era allí el maestro, Don Nemesio, el mismo que protagoniza su último libro, ‘El viaje de mi padre’. Habla Llamazares de la fascinación por El Hombre Foca, pero añade un final triste que contrasta con sus recuerdos infantiles. Cuenta cómo  se encontró la furgoneta de Barbachei, abandonada en un pueblo de Soria... Yallí le comentaron que había tenido un trágico final.

Introducir en cualquier foro el nombre de Barbachei —como ocurre con otros irrepetibles tipo Picurri, Ataúlfo El Comunista o El Tigre de Villahibiera, por citar algunos—es abrir la puerta a una lista de comentarios, de recuerdos de quienes en algún momento se cruzaron con él. 

Una de estas entradas, de R.R.P., rescataba la historia que cuenta Llamazares y pronto se fueron sumando otras que insistían en que Barbachei existió, y hasta le ponen nombre y ‘nacionalidad’: «Su nombre real era Casimiro Pascual Cruañas. Había nacido en la calle Trafalgar de Sant Feliu de Guixols (Girona), vecino de mi padre. Después de unas décadas fuera de la población, regresó a mediados de los 70 (yo debía tener 10-12 años). Se hacía llamar Barbaché (es habitual esta variante del nombre) ‘el hombre foca’, y se ganaba la vida con sus números circenses en los descansos de partidos de fútbol, verbenas u otros eventos locales. Solía explicar que había estado ingresado en un hospital de Oviedo, y su compañero de habitación fue Mario César Jacquet, un futbolista sudamericano del Real Oviedo a principios de los 70. Era un enamorado del fútbol y le gustaba en los descansos de los partidos ponerse de portero y que los críos le chutáramos penaltis. Cuando paraba alguno, solía decir a gritos, con voz de radio.... «Ha parado Ramallets, señores».

Otros añaden otras anécdotas. Parece que también era muy habitual en Asturias: «Hacía verdaderas maravillas con el ‘cazu’ con un poco de ayuda subía palos de la luz, silles con nenos montaos...Voy a contaros una curiosidad que seguramente todos no conoceréis, Barbachei tenía seis dedos en cada pié, un día lo vimos en Senriella bañándose y puedo dar fe de que es verdad».

Lo que resulta más complicado es averiguar cómo fue su final real, más allá de la trágica muerte que le contaron a Llamazares al encontrar su furgoneta. Algunos hablan de una final de abandono, rodeado de perros; hasta hay quien añade que los propios perros llegaron a comer partes de su cuerpo, algo que parece increíble y la muerte más ‘feliz’ llega con visos de realidad pues viene de su tierra. «Vivió sus últimos años en Sant Feliu de Guíxols (Girona), en una cabaña en el bosque.   Los niños le amábamos. Se hacía llamar Barbacoa/Barbachei. Al final le acogieron las monjas del hospital del pueblo y allí acabó su vida.

Cuenta la leyenda que era un artista de circo y no se sabe por qué lo dejó».

No era leyenda, Barbachei existió, recorrió nuestros pueblos, marcó una época y dejó un recuerdo imborrable.

Archivado en
Lo más leído