Ana Valiño: la fotografía como creación, expresión, denuncia y memoria

La leonesa es una apasionada de "las personas y las narrativas que han sido silenciadas que merecen ocupar un lugar en la memoria coleciva"

Mercedes G. Rojo
13/01/2026
 Actualizado a 13/01/2026
La fotógrafa Ana Valiño.
La fotógrafa Ana Valiño.

«Creo en el poder de la imagen para remover conciencias, para llamar a la reflexión, quiero pensar que con la fotografía se puede luchar por crear un mundo más justo». 
(Ana Valiño, fotógrafa).

A estas alturas de mi vida, gran parte de ella dedicada a visibilizar la presencia de las mujeres en los distintos aspectos creativos y profesionales de la vida, especialmente los referidos al mundo del arte y la educación, si algo tengo claro es que esa visibilidad que hay que generalizar y ampliar cada vez más, de lo que más depende es de la voluntad de otras mujeres, de aquellas que crecimos sin sus modelos, sospechando que existían pero sin la total certeza de sus vidas y de su legado. Y depende de nosotras porque somos mayoría en la educación (caldo de cultivo indispensable para conocer nuestro pasado en la mejor medida posible, y para cambiar hábitos y actitudes ante su existencia y lo mucho que nos han dejado) pero también somos cada vez más en los medios de comunicación, por no hablar de las redes sociales que tanto están influyendo actualmente en los más jóvenes (y en quienes no lo son tanto). Por supuesto, todo ello sin menospreciar la labor de los compañeros que, como en el caso de Fulgencio Fernández, llevan décadas hablando de ellas (también de las más pequeñas, las anónimas, las que nadie conoce más allá de su propio ámbito cotidiano) o de quienes sabemos que siguen páginas como estas, interesándose por conocerlas y/o por facilitarnos datos que puedan seguir llevándonos a ellas. 

A lo largo de todos estos años he podido ir comprobando el enorme listado de mujeres creadoras que forman parte de la historia de nuestra provincia, también la actual. La mayor parte de ellas siempre ligadas a la misma, otras se han ido fuera movidas por diferentes circunstancias pero, en cualquier caso, formando parte de esa historia que las más de las veces nos resulta bastante desconocida. Mujeres ligadas al mundo de la educación y de las artes, protagonistas de sus propias historias aunque algunas hayan ido un paso más allá y, desde sus propios procesos de creación personal, se hayan convertido en descubridoras de otras mujeres que caminaron por los senderos creativos de nuestra tierra, habiendo pasado por ellos de forma casi imperceptible a pesar de una labor que sin duda las convirtió en pioneras. Y no, no hablo de mí, que quienes me siguen semana tras semana ya saben de mi trabajo, sino de otras compañeras que transitan por diversas áreas dejándonos, además de su gran labor creativa, el descubrimiento de otros nombres, sin cuya labor quizá nunca hubiéramos llegado a conocer, como hace nuestra protagonista de hoy. 

Si en León somos conscientes del gran potencial femenino entre nuestras letras, no lo es menos el que tienen entre una de las artes más jóvenes: la fotografía; un arte que ha tenido y sigue teniendo muy buenos representantes entre los creadores leoneses, llegando muchos de ellos a un importante reconocimiento internacional, también las féminas, como los demuestran algunas de las fotógrafas que han ido desfilando por la misma. También lo es nuestra protagonista de hoy, que me causa especial interés precisamente por el perfil tan particular que presenta y que va mucho más allá de su aspecto creativo. Hablamos de Ana Valiño (León, 1978), quien reconoce establecer su primera relación-emoción con la fotografía a través de los álbumes de fotos que se custodiaban en casa de sus abuelos, y que eran una especie de tesoro para ella, el germen de mil historias imaginadas, «como instantes congelados en el tiempo», a las que le llevaba la observación de sus desconocidos protagonistas. Y de la observación a la acción a través de un primer curso de fotografía analógica, realizado en el IES de Carrizo de la Ribera, su hogar hasta los 18 años.

Montando su exposición sobre Mujeres Saharauis, en el Palacín.
Montando su exposición sobre Mujeres Saharauis, en el Palacín.

Luego llegaría su licenciatura en Derecho, y su trabajo como cooperante en Nicaragua y El Salvador, lugares donde se interese por los temas de género realizando  varios trabajos con la mujer como eje central, que la llevan a completar su formación en Igualdad de Género y a completar un Máster en Recursos Humanos. Y aunque trabaja varios años en el sector financiero, lo que verdaderamente le apasiona son «las personas y las narrativas que han sido silenciadas y que merecen ocupar un lugar en la memoria colectiva», algo que entiende puede captar y transmitir muy bien a través de la fotografía y el mundo de la imagen en general, y así va formándose poco a poco con fotógrafos de la talla de Juan Manuel Castro Prieto, Chema Conesa, Walter Astrada o Gervasio Sánchez, para llegar a convertirse en una fotógrafa documental, íntegramente dedicada al reporterismo gráfico, coordinando proyectos vinculados a la memoria histórica, el archivo visual y a la documentación de procesos sociales desde una perspectiva feminista, siendo este, sin duda, el aspecto que más la define. 

Ana Valiño, concibe la fotografía como una poderosa herramienta con la que se siente cómoda para expresar aquello que la conmueve o que le parece injusto, y para crearla busca su referente, su fuente de inspiración en todos los estímulos artísticos que pueden llegarle no solo a través de la fotografía de otros, entre los que se encuentra el trabajo de varias e interesantísimas fotógrafas, también de las diferentes disciplinas como el cine, la música, la pintura o la escultura. Su trabajo se centra «en temas como la construcción de la identidad, los derechos humanos, la migración, la discriminación y la memoria colectiva, con un enfoque claro en las experiencias, luchas y saberes de las mujeres», aspectos que muestra a través de la realización de exposiciones y documentales, donde la fotografía y el archivo son las herramientas utilizadas por ella «para recuperar narrativas silenciadas, visibilizar comunidades invisibilizadas y documentar cómo las mujeres habitan, transforman y resignifican los espacios que les han sido negados» 

Entre ellos destaca el proyecto ‘El viaje de las mujeres del desierto’, quizá el de de mayor envergadura personal de toda su carrera: un proyecto fotográfico y documental, de base antropológica, para reconstruir la memoria colectiva con mujeres refugiadas saharauis en los campamentos de Argelia, en un intento de poner rostro y nombre a todas esas mujeres olvidadas; un exhaustivo proyecto de investigación a través de la memoria para reescribir el pasado y comprender el presente, queriendo, con su fotografía, «documentar y hacer visibles esas realidades (...) con un relato íntimo y personal que requiere una profunda implicación con los sujetos retratados». Surge tras conocer el conflicto saharaui a través de una niña que llega a su familia con el programa ‘Vacaciones en Paz’, y que con el paso del tiempo la llevará a visitar los campamentos saharauis y a conocer «a mujeres increíbles que me contaban la participación de la mujer durante el éxodo al exilio que tuvo lugar por la ocupación marroquí del Sáhara Occidental en 1975». Ve en lo que le cuentan la manera de completar una historia que sin ellas no está completa, porque son historias que todas las sociedades dejan caer en el olvido. Y decide poner en marcha un proyecto que irá realizando durante varios años de viajes a los campamentos para comenzar a escuchar a «esas mujeres que fueron testigos y parte activa de la historia de un pueblo», a las abuelas del pueblo saharaui que «tuvieron la generosidad de permitirme retratarlas y atesorar sus recuerdos en forma de archivos sonoros o de relatos escritos de su puño y letra».

Comenzado en 2015, con calma, termina de darle forma gracias a la beca ‘Expositivos 21’, para la que es seleccionada con el primer puesto, en 2021, por un jurado experto jurado, entre cerca de 200 propuestas llegadas de toda España. El proyecto concluirá con la exposición realizada ese mismo año en el Palacín de León, el punto de partida para llevar la muestra a localidades de otras comunidades como Cantabria (Laredo, Torrelavega, Castro-Urdiales, Santander. 2024) o Navarra y País Vasco (Álava), en 2025, una muestra en la que podemos encontrar fotografías (algunas de ellas intervenidas con henna), piezas collage, un manuscrito/diario fotográfico redactado por las propias mujeres saharauis, fragmentos audiovisuales captados durante la realización del proyecto, así como múltiples extractos de entrevistas realizadas por la autora en los campamentos de personas refugiadas, copias fotográficas de archivo y melfas de origen saharaui. Sin embargo, no podemos considerar el proyecto definitivamente cerrado pues, aparte de las siguientes exposiciones que seguramente están por llegar, esperamos disfrutar algún día del correspondiente documental y libro en los que Ana pueda mostrarnos todo el material recopilado a lo largo de los años, tal como en su momento anunció. Claro que una cosa es el deseo y la intención, y otra muy diferente su consecución ya que, como bien sabemos quienes nos dedicamos a estos asuntos, lo más complejo para lograrlo es conseguir una financiación capaz de respaldarlos. 

Ana Valiño y Carmen Coque en cartografía del alma. VICENTE GARCÍA
Ana Valiño y Carmen Coque en cartografía del alma. | VICENTE GARCÍA

Y si este es su proyecto expositivo personal más ambicioso, en su recorrido podemos encontrar otras muestras que nos permitirán conocer el alcance del trabajo de A. Valiño, como la exposición individual ‘Quiero vivir’ (El Prat de Llobregat, Barcelona. 2015), o las muestras colectivas ‘Construyendo nuestra realidad’, (Ministerio de Educación Cultura y Deportes. Madrid, 2015);  ‘Desde mi casa’ (Centro de la Imagen. República Dominicana, 2020); ‘Desde mi balcón’ (Photoespaña. 2020); ‘Futuro ahora’ (Femgrafía.2021); ‘Mujeres en la tierra’ (Centro Joaquín Roncal. Zaragoza, 2021). También la colaboración con Carmen Coque ‘Cartografía del alma’ (León, 2023); o el hecho de formar parte del grupo de fotógrafas seleccionadas para el proyecto ‘Cuerpas reales, hinchas reales’, proyecto colectivo, liderado por la fotógrafa argentina Érica Voget, para visibilizar a la mujer y las disidencias en fútbol, en el que participan cerca de noventa artistas iberoamericanas, ella como representación española. También podemos señalar la presencia de su obra fotográfica en libros tales como 'El cielo en movimiento' o 'Letra internacional 126'; o el hecho de haber sido premiada y/o becada en diversas ocasiones. Además, como buena comunicadora que es, ha participado como ponente en diferentes conferencias y charlas, muchas de ellas en torno a su proyecto de mujeres saharauis. 

Por otro lado, consciente de la importancia de crear red entre las mujeres, Ana Valiño, forma parte del colectivo photograp.her creado por mujeres fotógrafas de diferentes países, unidas por el deseo de contar historias sobre temas relacionados con el género, la migración, la memoria colectiva y la defensa de los derechos humanos. Así mismo, dentro de ese camino como fotógrafa documental, y tratando de dar un paso más allá, se ha convertido en fundadora de Womanland Productions, un espacio propio desde donde contar -sin presiones externas- todas esas historias protagonizadas por mujeres que visibilizan sus luchas, logros y desafíos, especialmente en contextos de conflicto, migración y discriminación. Son trabajos en los que «utiliza tecnologías emergentes para crear experiencias inmersivas que amplifiquen las historias de las mujeres y permitan una narrativa visual innovadora», tal como ella misma cuenta en alguna entrevista; proyectos desarrollados en lugares tan dispares como América, Europa y África, buscando siempre ese «enfoque social y narrativo que empodera a las mujeres», y en los que también busca implicar a técnicas y creadoras de esos mismos lugares en que se realizan, para que el círculo sea completo. 

El trabajo de Ana Valiño es de tal calidad y aporta tanto a la realidad de la mujer en general que podríamos dedicar toda una serie de artículos para hablar del mismo. De momento sirva este como acercamiento general a su figura y a inducirles a seguir de cerca su recorrido. Ella cree «en el poder de la imagen para remover conciencias, para llamar a la reflexión», y está convencida de que «con la fotografía se puede luchar por crear un mundo más justo». De momento, para mí, el hecho de que su eje de trabajo principal sea el de «mujer y memoria», hace que sea uno de mis objetivos a la hora de conocer y seguir de cerca su trabajo, formado por «proyectos (que) ponen el foco en realidades que no siempre tienen cabida en los medios o que con el tiempo son olvidadas». Como la historia de ‘Belita Gracia. La fotógrafa’, una exposición que ha supuesto, para Ana Valiño que la comisaría, «el resultado de un proceso de acompañamiento y de escucha, un acto de justicia con una mujer que trabajó desde el silencio contribuyendo activamente a elaborar la memoria visual de León pero, hasta el momento, sin reconocimiento», en la que ha conseguido reunir más de un centenar de fotografías originales, negativos, collages, objetos personales y materiales de archivo que documentan a la perfección la evolución técnica y estética de la fotógrafa más longeva de España. Pero esa es otra historia y sobre ella volveremos más adelante no sin antes recomendarles visitar la exposición que ha sido prolongada por el ILC, hasta el 31 de enero

Lo más leído