Como "una amplia reflexión sobre las prácticas artísticas contemporáneas, desde la pintura hasta la instalación, pasando por el arte conceptual" se presentan las tres exposiciones que este viernes fueron inauguradas en el Musac. Así lo indicó la viceconsejera de Acción Cultural de la Junta de Castilla y León, Mar Sancho, que estuvo acompañada del director del museo Álvaro Rodríguez Fominaya, del comisario Fernando Castro, el artista afincado en Segovia Carlos León y de la bilbaína Ana Laura Aláez, autora de ‘Pabellón de escultura’.
"Necesitaba explicar esa idea de refugio, que para mí ha sido el motor de mi vida y lo sigue siendo; donde más o menos puedes estar segura, donde puedes ser tú, pues resulta que a veces no es así", explicó la artista, autora de una obra que se presenta como "un museo dentro de un museo". "Lo que vais a ver es un museo que está hecho por un artista, en este caso yo, y que está dentro de ese zigzag de paredes omnipotentes", continuó: "Esa especie de contenedor, contenido, continente; de muchas cosas y, a la vez, sólo una, que es que son los artistas quienes deberían testar los museos".
Su pieza forma parte de la Colección Musac, que también enseña parte de su repertorio en el marco de la muestra ‘Casi sistemas’, contando con creaciones como ‘El tres de mayo’ de Ai Weiwei. Todo ello convivirá hasta el 18 de octubre con ‘Lugar del elogio’ de Carlos León, cuyo comisario es también amigo. El título, explicó, alude al poemario homónimo de Álvaro Valverde, que reza en su primer verso: "Hagamos de este lugar un territorio".
"El territorio no preexiste al comportamiento de los que lo habitan", reveló Castro, que anteriormente había comisariado muestras como la de Luis Moro: "El territorio, dice Álvaro, solo existe porque existe el cuidado del lugar, de los que cuidan del lugar". Siguió el extremeño declamando versos de su paisano de Plasencia hasta presentar una nueva analogía. "Como el agua que la mano atraviesa confiada y nunca toca el fondo”, recitó: “Eso es también la experiencia artística: un intento de tocar el fondo, pero el fondo nunca aparece".
Eso es, precisamente, lo que el artista procura en esta exposición; una retrospectiva que se remonta a los años noventa y llega hasta la que considera la etapa “más fructífera” de su trayectoria. A los cuadros, que evocan el enfrentamiento entre Marsias y Apolo y entre Tánatos y Eros, se suman las ruedas tangibles, pero también simbólicas, que, desde el suelo, sugieren el tránsito, el desplazamiento constante del creador cuya obra llega ahora hasta el Musac. "Quiero que me siento felicísimo con estar aquí, con celebrar esta exposición", zanjó Carlos León: "Y digo celebrar porque así lo siento yo, como una celebración, como una ocasión en la que, si todos tuviésemos la copa en la mano, yo diría ‘¡brindad por la vida!’".