Pese a ello recuerda Rubio una frase originaldel presidenteDeng Xiaoping,que repetía Felipe González después de un viaje por China: "gato blanco o gato negro, da igual: lo importante es que cace ratones"; es decir, que utilicen los pregoneros,a fórmula que quieran, lo importante es que se disfruten las fiestas, brillen o ardan, en sentido figurado.
Bucea en sus archivos y rescata imágenes de 1971, hace medio siglo y un poco más, y, como en tantas cosas, el cambio es abismal. "Las dos atracciones más importantes —al margen del circo, el teatro de Manolita Chen, las orquestas de las verbenas, etc., habituales cada año— fue la presencia de un grupo de Majorettes llegadas desde la localidad francesa de Mont de Marsan; y tuvo una gran aceptación el concurso de castillos de arena".
Sobre las majorettes explica Fernando que "las imágenes me traen el recuerdode aquellas chicas que, hace más de medio siglo, alegraban las ‘niñas’ a los jóvenes leoneses y escandalizaban, un poquito, a los mayores".
Así contado extrañará a los más jóvenes, pero cabe recordar que estamos hablando de principios de los años 70 en León, de aquellos años en los que se organizaban excursiones ‘encubiertas’ a Perpignan para ver en el cine, en francés y sin entender una palabra, El último tango en París, una leyenda. Un tiempo en el que organizar en la radio un debate sobre la minifalda (lo hizo Paco Umbral) podía desencadenar un verdadero terremoto con intervención del mismísimo obispo, el mismo que cuando se estrenó Gilda (unos años antes, ciertamente) obligó a Velasco, el cartelista del Emperador, a que los famosos guantes taparan algo más los brazos deRita Hayworth.
Extraña así algo menos que aquellas majorettes desfilando por las calles a plena luz del día fueran todo un acontecimiento. Porque también en las noches había otras exhibiciones en el recordado teatro de Manolita Chen, que mezclaba actuaciones musicales, con espectáculos de ‘variedades’, que se decía entonces. En él empezó su carrera musical el leonés Roberto Rey, a quien comparaban con Manolo Escobar hasta que murió en extrañas circunstancias, apareció ahogado en un pantano.
Otra de las actividades que resultó un gran éxito en aquellas fiestas de 1971 fue ‘el concurso de castillos de arena’, en este caso para niños. "Igual era para tenerlos entretenidos y que no acudieran a ver a las majorettes", bromea Fernando Rubio, quien señala que «acudieron en masa a las simuladas arenas de la inexistente playa de La Condesa. Practicando para crear sus futuros y personales ‘castillos en el aire’ (patrocinados ya por Coca Cola), tan necesarios para la esperanza como ineficaces, la mayoría de las veces, para la vida diaria».
Pero, a fin de cuentas, lo importante era que el gato cace ratones.
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