El centinela del Alto Porma que se erige en Puebla de Lillo

El Torreón se mantiene en pie como testigo fiel de las luchas por el control de los puertos de montaña

26/06/2026
 Actualizado a 26/06/2026
Este edificio medieval sobrevivió a incendios, abandonos y guerras.| SAÚL ARÉN
Este edificio medieval sobrevivió a incendios, abandonos y guerras.| SAÚL ARÉN


 Hay construcciones que parecen negarse a desaparecer. En el corazón de Puebla de Lillo, un torreón de piedra continúa desafiando al paso del tiempo y recordando que estas montañas fueron, durante siglos, escenario de disputas por el poder, el comercio y el control de los caminos. Sus muros no solo han visto pasar generaciones, sino que conservan la memoria de una tierra donde la historia dejó profundas huellas.

Tras las repoblaciones impulsadas por el reino de Asturias en torno al año 1000, las tierras que hoy conforman el municipio comenzaron a adquirir entidad jurisdiccional propia. Fue entonces cuando los nombres de estos pueblos empezaron a aparecer en los documentos medievales y a formar parte de una historia marcada por el peso estratégico de este territorio de montaña.

Con el paso de los siglos, nobles, monarcas, abades e hidalgos fueron haciéndose con el control de los principales recursos económicos de la zona, especialmente las rentas derivadas de los puertos merinos, los pontazgos o la regencia del alfolí real. Apellidos como Quiñones, Osorio, Vigil, Trastámara o Castañón aparecen con frecuencia en la documentación bajomedieval, reflejo de una lucha constante por dominar un enclave clave entre León y Asturias. Buena muestra de ello fue el privilegio concedido en 1379 por Juan I de Castilla a los tragineros de la villa de Lillo, exonerándolos del pago de los impuestos comerciales en todos sus reinos.

El guardián de la villa

De la época del dominio de los Condes de Luna ha llegado hasta nuestros días el Torreón de Puebla de Lillo, que aún se alza en el centro de la localidad como un silencioso vigía de piedra. Durante siglos contempló el trasiego de viajeros, comerciantes y ganados por los puertos de montaña, además de ser testigo de las rivalidades entre los Condes de Luna y los Osorio, marqueses de Astorga, por el control de este estratégico enclave del norte de León. Su ubicación lo convirtió en una pieza clave para la defensa del camino que comunicaba las tierras leonesas con Asturias y para la vigilancia de un territorio de enorme valor económico y militar.

De planta cilíndrica, tres alturas y ocho metros de diámetro, el torreón destaca por la robustez de su construcción. Sus muros, de casi dos metros de grosor, fueron concebidos para resistir el paso del tiempo y los posibles ataques, convirtiéndolo en una fortaleza sólida y funcional. Aunque su aspecto actual responde al desgaste de los siglos, todavía conserva la imponente presencia de las construcciones defensivas medievales.

Con el declive del sistema feudal, el edificio fue perdiendo su función militar y adaptándose a nuevas necesidades. A lo largo de los siglos acogió usos muy diversos y pasó por distintas etapas hasta sufrir un devastador incendio en 1791. Ya en 1913 llegó incluso a albergar, durante un tiempo, la sede del Ayuntamiento, prolongando así su papel como centro de la vida de la localidad.

Tras décadas de abandono y deterioro, el torreón fue objeto de una importante restauración que permitió recuperar uno de los elementos patrimoniales más emblemáticos de la montaña oriental leonesa. En la actualidad funciona como centro cultural y como Casa del Parque Regional Montaña de Riaño y Mampodre, ofreciendo una nueva vida a una construcción concebida originalmente para la defensa.

En su interior, la primera planta recibe al visitante con un espacio de interpretación que ofrece una visión general del Parque Regional y de sus múltiples posibilidades de visita. Un punto interactivo permite realizar un recorrido virtual por el edificio, mientras diversos paneles muestran la extraordinaria riqueza de la flora y la fauna que caracteriza este privilegiado entorno natural a lo largo de las cuatro estaciones del año.

Castillo olvidado de Redipollos

El Torreón de Puebla de Lillo no es, sin embargo, la única huella medieval que conserva el municipio. En la cercana localidad de Redipollos también se levantó una fortificación destinada a controlar y vigilar este territorio estratégico.

Se trataba de un bastión de planta cuadrangular con adarve de mampostería de trazado triangular, concebido como puesto de vigilancia y como expresión del poder de los señoríos laicos y religiosos que dominaron estas montañas durante la Edad Media. Su existencia remite a una época en la que las cabeceras del Porma estuvieron ligadas a monasterios hoy desaparecidos, como los de San Facundo y San Primitivo de Sahagún o San Pedro de Eslonza, así como a los privilegios otorgados por la reina Urraca I de León a la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén para custodiar el monasterio de Sancto Ysidro del Puerto, origen de la conocida leyenda sobre el nacimiento del lago Isoba.

Aunque hoy apenas quedan vestigios visibles de aquella fortaleza, su recuerdo permite comprender la importancia que estas montañas tuvieron durante siglos como frontera natural y vía de comunicación entre territorios. La presencia de castillos y torres no fue casual, sino la respuesta a la necesidad de controlar pasos, proteger intereses y afirmar el poder sobre una comarca de enorme valor estratégico.

 

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