"La crisis ha sido tremebunda, pero en 2014 creamos 60 empleos al día"

Entrevista a Juan Vicente Herrera, candidato del PP a la Presidencia de la Junta de Castilla y León

David Rubio / Alfonso Martínez
17/05/2015
 Actualizado a 09/09/2019
Juan Vicente Herrera, durante la entrevista concedida a La Nueva Crónica. | MAURICIO PEÑA
Juan Vicente Herrera, durante la entrevista concedida a La Nueva Crónica. | MAURICIO PEÑA
Tranquilo, pero no confiado. Así afronta el presidente de la Junta y del PP de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, la que es su cuarta campaña electoral. Explica las razones que le han llevado a presentarse después de varios meses deshojando la margarita, repasa la gestión de los últimos cuatro años y desvela los principales retos de futuro a los que se enfrenta la comunidad.

No hace muchos meses le escuchamos decir que había muchos que pensaban que llevaba mucho tiempo en política y que usted mismo se incluía entre ellos. ¿Qué ha cambiado desde entonces?
– En aquel momento estaba por formularse la decisión. Durante unos cuantos meses he convivido sin demasiado ruido con ese dilema de lo que debía hacer. Finalmente, tomé una decisión en la que influyeron muchas circunstancias. Influyó que el PP presenta 14.000 candidatos en Castilla y León. A pesar del difícil momento que estamos viviendo, a pesar de que por méritos propios tenemos un grado de apreciación social manifiestamente mejorable, ellos echaban la pata para delante. Eso me animó y me reconfortó. Es una decisión basada en la responsabilidad, pero que tomo con total ilusión, ganas, fuerza y compromiso. Me he metido en una campaña diferente a la de hace cuatro, ocho o doce años. Es intensa, en la calle, con la gente, con las personas, en el campo… Estoy animado.

¿Qué puede aportar durante estos cuatro años a Castilla y León después de 14 años al frente de la Junta?
– Como punto de partida, aporto esa ilusión. Mentiría si dijera que tengo el aguante o la fuerza física de hace 14 años, que también son importantes para estar en todos los sitios, pero ganas no me faltan. Ilusión no me falta. Convicción de que esta comunidad merece la pena, tampoco. Vivimos un momento en el que la sociedad valora las caras nuevas, la incorporación de los jóvenes… Algunos cometen el exceso de excluirnos por haber nacido antes del 78, pero eso son pecadillos de juventud de algunos que improvisan sus discursos. Yo creo que la sociedad también valora la experiencia, el temple y el conocimiento recíproco. Saben lo que puedo hacer y lo que no.

De esos 14 años, siete han transcurrido durante una crisis que ha calificado en numerosas ocasiones de "tremebunda". ¿Cuál ha sido para usted el peor momento de todo este periodo?
– Es complicado. Hemos vivido, sobre todo estos últimos cuatro años, montados en una alarma constante. Las noticias periódicas de caída del empleo, empresas con dificultades… Pero estamos hablando ya de un incipiente cambio de tendencia. El paro registrado ha descendido en el último año en 25.000 personas en Castilla y León. En paralelo, ha habido 22.000 incorporaciones a la Seguridad Social. Esto significa que la comunidad ha creado 60 nuevos empleos cada día. Es una tendencia. En abril de 2012 se había incrementado el número de parados en 53.000 con respecto a 2011. Eso es lo tremebundo, el daño de la segunda parte de la crisis.

– ¿Han servido para algo las medidas adoptadas en este tiempo?

– Lo que algunos ideológicamente siguen llamando recortes fue una reducción del gasto público que afectó a todas las áreas de gobierno como consecuencia paralela, inmediata e imprescindible de la reducción de los ingresos públicos. En 2012 me encontré con un modelo de financiación que en lugar de aportarme más me aportaba menos. ¡Ojo! Ya era un modelo que no nos daba lo suficiente. Fijaos si será urgente reformarlo cuando el crecimiento económico lo permita que ahora me aporta 500 millones de euros menos al año de lo que nos gastamos en educación, sanidad, servicios sociales y atención a la dependencia. En 2012 vimos cómo se dividían entre dos los ingresos tributarios asociados a la actividad económica y por pura necesidad tuvimos que controlar el déficit para no recurrir a mayor endeudamiento. Tuvimos que tomar decisiones que no fueron caprichosas, como el famoso ‘céntimo sanitario’. Tuvimos que aplicar unas políticas muy rigurosas en el gasto. Ha habido capítulos del presupuesto que han sufrido más que otros. Los empleados públicos llevan cinco años con los salarios congelados. Tuvimos que reducir las inversiones. De los recursos disponibles, concentramos la mayor parte en las grandes políticas sociales. En 2011, educación, sanidad y servicios sociales representaron el 75% del gasto no financiero. Este año ya es un 80%. Una de las cosas que incorporamos a nuestro programa es el compromiso de mantener ese suelo social e incluso de garantizarlo llevándolo al Estatuto de Autonomía. ¿Se han terminado los ajustes? En la medida en que haya incremento de ingresos, habrá incremento de gasto. Si se cumple el objetivo de un crecimiento económico estable, no sólo habrá finalizado la etapa de reducción del gasto público, sino que estaremos en disposición de incrementarlo moderadamente.

Es muy urgente revisar el modelo de financiación. A día de hoy nos aporta 500 millones menos de lo que destinamos a los servicios Estos días hemos hecho en nuestro periódico un repaso por los resultados electorales de todos los municipios durante la democracia. En la inmensa mayoría, principalmente en zonas rurales, se observa un descenso progresivo de la población. ¿Hay solución para esto?
– Es uno de los problemas de la comunidad. Lo tengo claro. Desgraciadamente, compartimos con el conjunto de España un descenso de población en los últimos tres años. Esto se debe a que los saldos migratorios son negativos. Son más las personas que salen que las que entran. En el caso de Castilla y León tenemos además los saldos vegetativos negativos. El envejecimiento y la caída de los nacimientos determinan que son más las personas que fallecen que los reemplazos de las nuevas generaciones. ¡Ojo! Este problema lo tienen también muchas regiones europeas de países muy ricos, como es el caso de Alemania. La mejor política de población es una política económica que garantice un crecimiento estable durante muchos años para generar empleo de calidad. Entre 2001 y 2008, Castilla y León logró crecer en 80.000 habitantes. Es como si surgiese una ciudad como Ponferrada. No estamos hablando de un asunto baladí. ¿Por qué se produjo eso? Porque la economía ofrecía empleo, porque vinieron muchos inmigrantes y gente joven con sus familias, mientras que las propias parejas de Castilla y León, con dos puestos de trabajo, decidieron tener niños. Esto se cortó en 2008 con la crisis. La mejor política de población es una política económica que logre un crecimiento económico estable de entre un 2,5% y un 3% y generación de empleo. Por eso es tan importante el objetivo que nos hemos marcado de que la comunidad en el año 2019 logre rebasar el millón de ocupados que ya tuvo entre 2003 y 2006.

¿Qué papel ha de jugar el campo en el futuro de la comunidad?
– Un papel fundamental. La importancia del campo y de su sustento natural, aunque no el único porque se ha diversificado, no es sólo un fenómeno económico, sino también social, de vida. En el campo tenemos fenómenos como los del último periodo de programación europea, donde se ha producido la incorporación de 8.000 jóvenes a actividades vinculadas al campo. 4.000 de ellos directamente a agricultura y ganadería y el resto a cooperativas e industria agroalimentaria. Podemos hablar de una agricultura, una ganadería y una agroindustria que durante la crisis han mostrado mejor resistencia. Nos han dado datos positivos. Seguimos intensificando la modernización de explotaciones y de los regadíos. La industria agroalimentaria sigue generando buenas noticias, la cadena de valor desde el sector primario a la transformación y a la venta a través de la apuesta que estamos haciendo por las referencias de calidad o por marcas como Tierra de Sabor está dando buenos resultados. Si a eso le añadimos la diversificación de sectores, apuesto por que el campo tiene futuro.

La visión del mundo rural ya no es la de hace 25 años. El campo es importante en términos económicos, pero también sociales, de vida Es la apuesta de ‘Agrohorizonte 2020’…
– Hemos señalado siete subsectores dentro de las producciones agrícolas y ganaderas donde nos planteamos fortalezas, medidas y objetivos de crecimiento. Uno de los ejes transversales es la incorporación de jóvenes. Estamos hablando de 5.000 hasta el año 2020. Al final, es una estrategia de estrategias. Hemos aprovechado estos años para dotarnos de una ley agraria, de la que carecíamos. Es la primera entre las comunidades autónomas. Hemos negociado, creo que bien, la nueva PAC hasta 2020. Estamos aprobando el nuevo Programa de Desarrollo Rural para los próximos años. Esto tiene mucho que ver con la competitividad del sector agrario. No olvidemos que hemos puesto en marcha la estrategia ‘Futura Alimenta’ para la industria agroalimentaria, que está dando muy buenos resultados en la mejora de la producción, el incremento del empleo, de las exportaciones y de las ventas mediante Tierra de Sabor. Se han hecho muchas cosas y vamos a contar con muchos recursos. En el periodo 2014-2020 habrá casi 10.000 millones de euros de recursos europeos y autonómicos para dotar el conjunto de las políticas agrícolas. Afortunadamente, la visión del mundo rural ya no es la que se tenía hace 25 años. Antes se consideraban sólo unos sectores a los que había que acompañar en su decadencia. Estos días estoy pisando mucho campo, estoy haciendo honor a mi segundo apellido, porque yo soy Herrera, que es industria, pero soy Campo, que es agricultura, y puedo ver lo importante que es para Castilla y León.

El Parque Tecnológico de León no acaba de despegar y no falta quien dice que se apoya más al de Valladolid...
– El Parque Tecnológico de León fue una iniciativa de la Junta. No era entonces una de las mayores prioridades ni de las autoridades locales ni de los empresarios, pero fue una buena iniciativa. El de Boecillo es anterior y tiene una madurez y una especialización mayor. Tenemos que apoyar de forma desinteresada a los proyectos que quieran ubicarse aquí o allá. Es decisión de los empresarios. En todo caso, sí veo factores que avalan esa inversión, afectada por la crisis pero que tiene futuro. En primer lugar, su especialización. Está volcado en la industria biotecnológica y en las TIC. Boecillo está más orientado a la ingeniería, por lo que el de León es diferente y plenamente competitivo. En segundo lugar, desde el principio ha tenido vinculación académica. Esos campos de los que hablo son también las fortalezas de la Universidad de León. Cientos de licenciados han encontrado empleo en el Parque Tecnológico. Si vemos los datos de 2014, hay más empleo directo y más facturación. Los resultados han sido positivos, mientras que en Boecillo se han mantenido en negativo. Intentaremos que siga localizando proyectos farmacéuticos, biotecnológicos e innovadores ligados a la ULE y vamos a dejar de mirar de reojo lo que hacen otros polígonos.

¿Es necesario desarrollar más suelo industrial como el previsto en Torneros?
– No debemos renunciar a nada, pero hay prioridades y por desgracia no hay escasez de suelo para acoger proyectos industriales y logísticos en León. Torneros es un proyecto de futuro y tiene encaje claro en las políticas autonómicas, españolas y europeas dentro del Eje Atlántico. ¿Qué le decimos a un empresario si viene hoy a instalarse? ¿Le decimos que espere a que se desarrolle Torneros y que no aproveche el potencial que hay en el Bierzo, en Villadangos o en el Cetile? Afortunadamente, hay suelo industrial. No excluyamos nada, pero seamos conscientes de lo que tenemos. Hay mucho suelo industrial de calidad y a buenos precios.
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