Puebla de San Pedro en Ponferrada

Rafa Casas
18/01/2026
 Actualizado a 18/01/2026
La Puebla en los años que se construyó la por entonces nueva iglesia de San Pedro.
La Puebla en los años que se construyó la por entonces nueva iglesia de San Pedro.

El nombre de San Pedro aparece documentalmente vinculado a Ponferrada desde los tiempos en que el barrio de Pomboeza acogía a los peregrinos que llegaban a la villa desde Campo. Tras cruzar la Puerta de las Nieves, descendían por el Rañadero, atravesaban el puente y continuaban su marcha por el arrabal de San Pedro, camino de Compostilla.

A la salida del puente —posiblemente erigido sobre otro más antiguo— se levantó la primera iglesia dedicada al apóstol pescador. En su entorno fueron asentándose los primeros habitantes de una población que, con el transcurso de los siglos, daría lugar primero a una villa y posteriormente a la ciudad de Ponferrada. A este sector se le dio el nombre de Puebla de San Pedro: un arrabal transfluvial, situado en la orilla opuesta del río Sil respecto al casco antiguo. La calleja del Río figura como zona más antigua, con presencia de pobladores desde el siglo XI. La construcción de la Plaza de Abastos —en los años cincuenta del pasado siglo— supuso la sentencia definitiva para su desaparición.

Durante la Edad Media, la vía más transitada era la calle Real, denominación habitual de los caminos recorridos por los peregrinos del Camino de Santiago. La Ponsferrata no sería una excepción; constituía el eje principal de tránsito y comercio, jalonado por hospitales de peregrinos, tabernas, herrerías, zapaterías y puestos de mercaderes. Era la auténtica espina dorsal de las villas medievales. Estos caminos —paso público protegido por la monarquía— eran conocidos también como rúa Mayor o, en Galicia, Rúa do Franco.

Este recorrido histórico introduce lo que llegaría a ser la barriada más importante de Ponferrada, cuyo desarrollo urbano se inició a comienzos del siglo XX —hacia 1908— en la zona baja, la Puebla. Su crecimiento más acusado se produjo con el fuerte aumento demográfico experimentado entre 1940 y 1970. En ese periodo, la actividad comercial comenzó a desplazarse de la parte alta hacia la parte baja. La joyería de Cesáreo Gómez fue pionera en esta nueva localización, seguida por establecimientos como La Verdad —textiles—, Almacenes Carlos Bodelón —tejidos—, y Mariano Arias —tienda—, entre otros.

Otro factor decisivo fue el desarrollo industrial del municipio y la implantación, dentro del núcleo urbano, de las infraestructuras ferroviarias vinculadas a las explotaciones mineras de la cuenca de Villablino, así como la llegada de la industria energética con la puesta en marcha de la primera central térmica de carbón en 1949. Ponferrada se consolidó entonces como centro administrativo de El Bierzo. La rápida construcción de viviendas generó un ensanche desproporcionado y, en muchos casos, caótico. Desde este arrabal —la Puebla— se impulsó, hacia mediados del siglo XX, el nacimiento de nuevos espacios como San Ignacio, Polígono de las Huertas del Sacramento, Campo de los Judíos o Navaliegos, a los que se sumarían más tarde vecindarios como la Estación, el Temple, el Cuartel de la Guardia Civil, hasta llegar a la moderna barriada de la Rosaleda.

El corazón de la Ponferrada de inicios del siglo XX latía en torno a la plaza de Julio Lazúrtegui, denominación adoptada por acuerdo municipal del 22 de marzo de 1919 —anteriormente, plaza de los Mesones—, y a viales tan significativos como Calvo Sotelo (actual Camino de Santiago), General Gómez Núñez, calle del Cristo, Real o Capitán Losada —denominada con anterioridad avenida del Ferrocarril por conducir a las estaciones del tren de vía ancha (Renfe) y de vía estrecha (MSP)—, hoy avenida de España. Estas calles serían las preferidas por los comerciantes para abrir los nuevos establecimientos de la pujante Puebla, con alquileres que podían alcanzar rentas de hasta 1.500 pesetas mensuales.

Barrio de La Puebla en la actualidad, todavía con carteles navideños. | JAVIER FERNÁNDEZ
Barrio de La Puebla en la actualidad, todavía con carteles navideños. | JAVIER FERNÁNDEZ

En el año 1949 entró en funcionamiento la Central Térmica de Compostilla (grupos I y II); y poco después, en 1951, se pusieron en marcha la Central Hidroeléctrica y el poblado de Endesa. El acelerado crecimiento urbano y demográfico, especialmente a partir de 1960, generó graves problemas que solo pudieron afrontarse con la aprobación del Plan General de Ordenación Urbana de 1963, instrumento imprescindible para frenar el desarrollo anárquico de la ciudad.

Durante los años sesenta, al calor de la bonanza económica, mejoraron notablemente los servicios urbanos: alumbrado eléctrico, recogida de basuras, servicio de autobuses urbanos, nueva central telefónica que implantó el servicio automático —1965—… No obstante, el teléfono ya existía en la ciudad desde 1925, con las transmisiones instaladas en la antigua cárcel de la calle del Reloj.

La antigua iglesia de San Pedro Apóstol fue coadjutoría dependiente del Santuario de la Encina hasta 1923, año en que se erigió como parroquia independiente. Posiblemente levantada sobre un templo románico, se situaba en la antigua carretera Madrid–La Coruña, a la salida del puente. Fue incendiada al inicio de la Guerra Civil, en julio de 1936, perdiéndose casi por completo archivos, bienes y enseres. Tras el siniestro, los cultos y sacramentos se administraron en la ermita del Santo Cristo, situada en la plaza del mismo nombre. En 1963 comenzaron las obras de derribo del mencionado templo. Tras su demolición, el solar fue adquirido por Cobo Calleja, quien construiría un edificio que posteriormente pasaría a manos de Telefónica.

Desde el punto de vista arquitectónico, el templo combinaba elementos renacentistas y barrocos, con una portada principal de sobria factura. Las verbenas de San Pedro, el 29 de junio, se organizaban gracias a las aportaciones vecinales y comerciales. Algunas piedras de su espadaña fueron trasladadas a la iglesia de Cabañinas. En ella nació la Cofradía de Jesús del Silencio (1942–1944) y tuvo arraigo la Cofradía de San Crispín, patrono de los zapateros.

El 22 de octubre de 1950 tuvo lugar la bendición de la primera piedra de la nueva iglesia, situada ya en el corazón de la parte moderna de la ciudad. El 4 de febrero de 1962 se celebró su bendición e inauguración solemne. Desde el punto de vista artístico, cabe destacar la imagen del Cristo Crucificado, procedente de la desaparecida capilla del Cristo de la Misericordia; la pintura mural al fresco del ábside, obra de Germán Calvo González —autor también del fresco de la capilla de Jesús Nazareno—; la maqueta-escultura del Misterio de la Santa Cena, de Federico Coullaut-Varela; el cuadro El Cristo Olímpic, del pintor catalán Jordi Aluma; y una imagen de Santa Bárbara, donada por empresas mineras de la ciudad. Especial relevancia posee un lienzo del siglo XVIII que rememora el Milagro del Sacramento, relativo al hallazgo del tabernáculo robado por Juan Benavente.

Más o menos a partir de 1960, la barriada de San Pedro se hizo célebre como zona de ronda y encuentro para jóvenes y mayores. Calles como Eladia Baylina, Dos de Mayo, Sierra Pambley, Luciana Fernández o Antolín López Peláez albergaban locales hoy míticos: Gundín —con su afamada oreja como pincho—; el Bistrol de Espirio —famoso por su gamba a la gabardina—; Sande; América; La Paloma —bocadillos de calamares, boquerones en vinagre—; Samba, Samoa, Reno; el Aldeano de Magín, Renfe, Río Bravo, Tornillo, Olego —mejillón con su caldo—, La Peña o California, a destacar.

Hoy en día, el barrio todavía conserva vestigios de aquel tiempo, como son las viviendas sindicales de renta módica (1954), situadas frente al grupo escolar Navaliegos, visibles en un tramo de la avenida del Castillo. Próxima a ellas se encuentra la Plaza de Abastos (1957), donde pueden adquirirse productos frescos y de primera necesidad: frutas, verduras, carnes, pescados, pan, queso, casquería. Reformada en varias ocasiones, la planta superior fue adaptada en 2012 como espacio gastronómico y cultural, a la espera de futuras remodelaciones. Los miércoles y sábados, en jornada matinal, se instalan en sus aledaños alrededor de 300 puestos con productos de la comarca berciana: pimientos, tomates, lechugas, patatas…, frutas como la manzana reineta, la pera conferencia o la uva mencía; además de calzado, ropa, bisutería y complementos.

A fecha de 2025, la Puebla ha experimentado una profunda transformación gracias a iniciativas de regeneración urbana y mejoras en las infraestructuras. Se ha convertido en un espacio más accesible y sostenible, con zonas peatonalizadas, restricciones al tráfico y declaración como ZBE (Zona de Bajas Emisiones).

Hoy se distinguen varios ámbitos: Puebla Norte, delimitada por las avenidas de Portugal, Galicia y Asturias; Puebla Sur, subdivisión del distrito 2, que abarca parte de las Huertas del Sacramento, la Rosaleda y el barrio de la Estación; así como las áreas de Puebla Centro y Puebla Oeste. La primera comprende 23 manzanas y 270 inmuebles; la segunda, 36 manzanas y otros 270. Ambas están incluidas en planes de rehabilitación centrados en la eficiencia energética y la accesibilidad, que abarcan aproximadamente 49 hectáreas. Sus límites se sitúan entre la avenida de la Libertad y la Gran Vía (norte); la avenida de Compostilla y las calles Río Selmo, Urdiales y Sil (este); la línea férrea (sur); y la avenida Valdés y el Camino de Santiago (oeste).

Este barrio constituye hoy un núcleo esencial de la Ponferrada moderna, empeñado en mantener una vida comercial y comunitaria activa gracias al compromiso institucional y vecinal. Muy distinta, sin embargo, de aquella Puebla que recorrí, viví y descubrí en los años sesenta y setenta, en el tránsito final de la niñez hacia la siempre eterna juventud.

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