Hace veinticinco años, cuando el turismo enológico apenas daba sus primeros pasos en España y la Denominación de Origen Bierzo comenzaba a hacerse un hueco en el panorama nacional, José Luis Prada apostó por recuperar un edificio histórico que muchos veían simplemente como una vieja construcción. Aquel proyecto acabaría convirtiéndose en el Palacio de Canedo, uno de los espacios más reconocibles de la comarca y un ejemplo de cómo el patrimonio puede transformarse en desarrollo económico.
Prada asegura que nunca buscó crear un icono. Simplemente entendió que había una oportunidad que El Bierzo no podía dejar escapar.
«Conocía el Palacio desde niño porque vivía muy cerca, en Campelo. Sabía que existían documentos de alrededor de 1730 que ya hablaban del vino en este entorno y, cuando la Denominación de Origen empezó a despegar, pensé que lo lógico era recuperar esa historia», explica.
Lejos de responder a un impulso, insiste en que fue una decisión meditada. "Era algo normal. Lo que tenía sentido común".
Una apuesta que muchos no entendían
Hoy resulta difícil imaginar el Bierzo sin el Palacio de Canedo, pero Prada recuerda que en sus inicios el proyecto despertó más dudas que aplausos.
La recuperación del edificio exigió años de trabajo y una importante inversión en una época en la que el turismo rural y el enoturismo todavía no formaban parte de la estrategia económica de la comarca.
"Fue un trabajo enorme", recuerda. "Pero ahora, cuando ves que la gente llega aquí y se queda impresionada, entiendes que todo ese esfuerzo ha valido la pena".
Más que piedras, historia
Con el paso de los años, el Palacio ha dejado de ser únicamente un hotel o una bodega para convertirse en un escaparate de la identidad berciana.
La gastronomía, el vino, los jardines, la arquitectura y el patrimonio conviven en un mismo espacio que recibe cada año a miles de visitantes.
Para Prada, ese siempre fue el objetivo. "Lo que había que hacer era descubrir lo que esta tierra tenía, ponerlo en valor y conseguir que la gente creyera en ello". Una filosofía que reconoce que durante mucho tiempo fue incomprendida. "Muchos decían que en Prada todo era apariencia. Pero lo que hacíamos era enseñar lo que siempre había estado aquí". El empresario rechaza que se le considere un visionario. «No lo soy. Solo utilizo el sentido común».
Una idea que que aprendió siendo adolescente, cuando tuvo que hacerse cargo de la zapatería familiar tras la muerte de su padre. Cada semana cambiaba el escaparate para llamar la atención de quienes pasaban por delante y buscaba personalmente cualquier producto que un cliente necesitara, aunque tuviera que desplazarse fuera de la comarca. Aquella manera de entender el comercio fue la semilla de una filosofía empresarial que más tarde trasladaría a todos sus proyectos.
Un aniversario con sabor a éxito
Las bodas de plata del Palacio llegan, además, en un momento especialmente dulce para Prada. Coinciden con el reconocimiento obtenido por Prada Maceración, distinguido este año con el Premio Pisado 2026 al mejor vino tinto, un nuevo respaldo a una trayectoria empresarial siempre ligada a la promoción de los productos bercianos.
Veinticinco años después, el Palacio de Canedo ya forma parte del paisaje sentimental de El Bierzo. Lo que comenzó como la recuperación de una vieja casona se ha convertido en uno de los principales símbolos del enoturismo de la comarca y en un ejemplo de cómo la historia, el patrimonio y el vino pueden caminar de la mano para construir futuro.
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