Tras casi tres años de cierre y numerosos retrasos administrativos y políticos, las obras de rehabilitación de las piscinas climatizadas del complejo Lydia Valentín, en Ponferrada, están a punto de comenzar. La actuación, adjudicada por más de 2,3 millones de euros y con un plazo de ejecución de ocho meses, permitirá recuperar una infraestructura muy demandada por los usuarios.
El proyecto será ejecutado por las empresas bercianas Dafrica y Vías y Construcciones del Norte, después de que la Junta de Castilla y León, a través de Somacyl, formalizara el contrato tras meses de tramitación. El inicio de los trabajos se prevé inminente, con fecha estimada en torno al 13 de abril, lo que situaría la reapertura entre finales de este año y comienzos de 2027.
El camino hasta este punto no ha estado exento de dificultades. En octubre, el pleno municipal rechazó inicialmente el proyecto presentado por el equipo de gobierno, lo que obligó a replantear la fórmula para sacarlo adelante.
Finalmente, en noviembre, la Junta de Gobierno Local aprobó encargar la ejecución a Somacyl, desbloqueando una actuación que el alcalde, Marco Morala, considera prioritaria para la ciudad.
El presupuesto definitivo asciende a 2.369.413 euros, de los que 1,5 millones serán financiados por la Junta y el resto, unos 869.000 euros, correrán a cargo del Ayuntamiento en dos anualidades.
Este cambio en la financiación fue uno de los principales puntos de fricción política. Morala llegó a reprochar al PSOE su rechazo inicial, asegurando que ese dinero municipal “podría haberse destinado a arreglar calles y desperfectos” si el proyecto hubiese salido adelante antes.
Un edificio “enfermo”
Las piscinas del Toralín permanecen cerradas desde hace casi tres años debido a problemas estructurales y de seguridad. El propio alcalde llegó a definir el inmueble como un “edificio enfermo”, afectado por el deterioro provocado por la humedad constante y el uso intensivo de productos químicos.
La intervención será integral y afectará a una superficie de unos 3.300 metros cuadrados, con actuaciones clave como la reparación del vaso de la piscina y su impermeabilización total, además de la regeneración de elementos estructurales dañados.
También se renovarán los pavimentos, vestuarios y aseos, y se actuará sobre la cubierta, con sustitución de materiales y mejora de los sistemas de evacuación de aguas.
Uno de los objetivos principales del proyecto es actualizar completamente las instalaciones. Para ello, se sustituirán los antiguos equipos por sistemas más modernos de climatización, deshumidificación y conducción de agua, además de renovar la instalación eléctrica e iluminación.
Como novedad, la piscina se conectará a la Red de Calor de Ponferrada, lo que permitirá mejorar la eficiencia energética del complejo y reducir costes de funcionamiento a largo plazo.
Durante este tiempo, la actividad se ha trasladado a otras piscinas de la ciudad, especialmente en la zona alta, lo que ha generado sobrecarga de usuarios y un mayor desgaste de esas instalaciones.
La reapertura del Toralín es, por tanto, una de las demandas más reiteradas por parte de clubes deportivos y usuarios, que esperan recuperar un servicio esencial para la práctica deportiva y el ocio, aunque tienen claro que ahora deberá plantearse obras en las otras piscinas, con lo que, volverán a contar solo con una cuando la que inicia las obras ahora se reactive.
El equipo de gobierno confía en que, una vez finalizadas las obras, la instalación tenga una larga vida útil, como ya apuntó en noviembre. “Tendremos piscinas para 50 años o más, siempre que se mantengan adecuadamente”, aseguró Morala, quien defendió que esta actuación demuestra que es posible sacar adelante proyectos que parecían bloqueados.
Con el inicio de las obras ya en el horizonte, Ponferrada encara ahora la recta final para recuperar una infraestructura clave que, tras años de cierre, simboliza tanto las dificultades de gestión como la necesidad de inversión en equipamientos públicos.