Visitando el desastre ecológico de Las Médulas, Patrimonio de la Humanidad, me encontré con una pancarta que decía: «La salud también es Patrimonio de la Humanidad». Aquel mensaje me atravesó como una verdad profunda: si las montañas horadadas por los romanos merecen protección por lo que fueron, las personas que hoy resisten en El Bierzo merecen la misma protección por lo que son y por lo que aún pueden ser.
En El Bierzo, la paciencia se ha convertido en un acto civil de resistencia. He visto cómo vecinos y vecinas, hartos de esperar, transformaron su dolor en movimiento y su miedo en voz. Así nació OncoBierzo: no desde un despacho ni desde el amparo de una subvención, sino en las cocinas donde se comparten malas noticias, en los pasillos del hospital donde el tiempo se congela, en las plazas que aún guardan las historias de las viejas luchas mineras. OncoBierzo habla de algo que nos concierne a todos: el derecho elemental a que la vida no se deteriore por el simple hecho de vivir lejos de una capital.
Un día, una eternidad. Así se siente cuando la enfermedad no encuentra respuesta, cuando una cita médica se aplaza como si la salud pudiera esperar. Lo viví personalmente el día que me llamaron para retrasar una revisión crucial: fueron solo unos días de diferencia en el calendario, pero en mi cuerpo y en mi mente pesaron como un invierno entero. Quien ha pasado noches en vela, repasando mentalmente cada síntoma mientras aguarda una llamada que no llega, sabe que un solo día puede ser insoportablemente largo.
Pero un día, como en esas novelas donde el guion se retuerce cuando todo parece perdido, algo cambió. OncoBierzo irrumpió como una llamarada: manos entrelazadas, miradas firmes, voces que se negaban a callar. Una rebelión íntima y colectiva que, en cuestión de meses, se volvió visible en todo el territorio. Desde entonces, he visto cómo las calles se llenaban de gestos de dignidad: más de 100.000 firmas, dos manifestaciones multitudinarias -una histórica en Ponferrada, con más de 20.000 personas; otra en Valladolid, con 6.000 voces bercianas, lacianiegas y cabreiresas-, carteles en balcones, entrevistas en radios humildes, titulares en prensa nacional. Incluso las vallas publicitarias se convirtieron en gritos impresos para recordar que aquí no se piden milagros, sino justicia.
¡Porque no es justo! No es justo que un enfermo de cáncer en Ponferrada tenga que vivir con la incertidumbre de si su tratamiento llegará a tiempo. No es justo que un anciano con dolencias graves tenga que desplazarse cientos de kilómetros para ver a un especialista. No es justo que la salud de un pueblo dependa de la geografía y no de la necesidad. No es justo que las instituciones nacionales se acuerden del Bierzo solo en campaña electoral, para después archivar sus promesas junto con los expedientes que duermen en un sótano. La sensación de desamparo de los bercianos es muy profunda.
El cáncer no entiende de tiempos administrativos ni de calendarios políticos. Cada minuto cuenta. Es un tiempo valiosísimo que nadie que esté sano puede medir con exactitud, pero que para quien enferma se convierte en la materia más preciosa del mundo. Y no estamos dispuestos a perderlo. No queremos escuchar que habrá un «plan integral» para dentro de cinco, diez o veinte años. No aceptamos que la respuesta sea un documento a largo plazo que intenta silenciar la protesta con la promesa de un futuro incierto. Desde OncoBierzo, y desde el sentido común más elemental, se exigen soluciones y medidas reales a corto plazo para cubrir las carencias con las que nos encontramos como enfermos. Porque algún día, en la vida de una persona con cáncer, es mucho tiempo. Y porque, en esta batalla, el tiempo es la frontera entre la esperanza y la desesperación.
El último estudio de demografía médica en Castilla y León confirma la herida: el Bierzo es la zona con menos médicos por habitante en toda la comunidad, con apenas 340 por cada 100.000 personas. La media autonómica es de 468, y Valladolid alcanza los 555. Aun con las supuestas mejoras en las listas de espera, el Hospital del Bierzo sigue encabezando las más largas de la región. La estadística parece que sonríe; el paciente, no.
El manifiesto de esta lucha -que hago mío- pide lo que debería ser obvio: contratación estable y atractiva de personal médico; conversión del hospital en un centro también investigador; declaración de la comarca como zona de difícil cobertura sanitaria; formación sanitaria local para crear arraigo; investigación de la incidencia del cáncer; y financiación adaptada a las realidades geográficas y sociales del territorio. No hablamos de privilegios. Hablamos de equidad. De que el derecho a la salud no dependa del código postal ni de la paciencia infinita del paciente. De que la sanidad pública sea, efectivamente, pública y de calidad para todos, sin que la geografía se convierta en un obstáculo insalvable. Podrán decir que es un problema técnico, que hacen falta incentivos, reorganizaciones, presupuestos. Y quizá sea cierto.
Pero debajo de la lógica está lo esencial: el derecho a no vivir enfermo de desamparo. Ningún informe explica el golpe seco que supone escuchar que la quimioterapia se retrasa dos semanas. Ningún gráfico justifica que una madre deba viajar tres horas para que su hijo reciba atención especializada. Un día, una eternidad. Llegó el día en que un pueblo dijo basta. El día en que la murmuración se volvió clamor y el clamor se hizo fuerza común. Entonces, la eternidad se acortó. Esta vez, en El Bierzo, ese día ya ha llegado. Lo sé porque lo he visto: frente al hospital, una mujer salió de la consulta con el diagnóstico en la mano y, en lugar de bajar la cabeza, se abrazó con las otras pacientes que la esperaban fuera. No había vencido aún a la enfermedad, pero sí al silencio. Y entendí que ese gesto -aparentemente pequeño- tiene la fuerza de derribar años de abandono. Porque mientras haya quien se abrace para seguir luchando, no podrán vencernos. Porque hay batallas que empiezan a ganarse cuando dejamos de esperar y empezamos a caminar juntos, y porque en el mapa invisible del mundo, OncoBierzo ya es Patrimonio de la Humanidad.