La Semana Santa de Ponferrada sigue creciendo, no solo en número de cofrades, sino también en la implicación de las nuevas generaciones. Una de las muestras más visibles de este impulso es la consolidación de los minipasos, que año tras año ganan presencia en las procesiones de la capital berciana. Lo hacen con su propia procesión, que salió, con un tiempo inmejorable, a las 18:00 horas de este sábado de la Basílica de la Encina, como segundo punto clave de la Semana Santa, tras la noche de dolor.
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La Real Hermandad de Jesús Nazareno ha presentado como principal novedad para esta Semana Santa un nuevo minipaso: el Cristo de la Esperanza, una obra del escultor ponferradino Óscar Tahoces que está concebida para ser portada por niños.
La incorporación de este paso refuerza una de las citas más singulares de la Semana Santa ponferradina, la procesión infantil, que se ha convertido en un símbolo del relevo generacional dentro de las hermandades.
Un fenómeno en crecimiento
Las cofradías destacan que este tipo de iniciativas responden al auge que vive el movimiento cofrade en la ciudad. Actualmente, Ponferrada cuenta con cinco cofradías y más de 4.000 hermanos, una cifra que refleja el arraigo y la evolución de estas celebraciones. En este contexto, los minipasos no solo tienen un valor simbólico, sino que funcionan como una herramienta para fomentar la participación desde edades tempranas, asegurando la continuidad de la tradición.
Más novedades
El nuevo Cristo de la Esperanza no es la única incorporación de la hermandad para esta Semana Santa. Entre las novedades también destacan unas nuevas andas para el traslado del Nazareno desde la Basílica hasta la iglesia de San Andrés, así como un nuevo chasis para el paso de la Conducción.
Todas estas mejoras se enmarcan en el objetivo de seguir elevando el nivel organizativo y patrimonial de la Semana Santa de Ponferrada, que trabaja para consolidar su proyección más allá del ámbito nacional, en el que ta tiene reconocimiento y pasar a ser declarada de Interés Turístico Internacional.
La tradición se renueva sin perder su esencia, de la mano de las procesiones más tradionales como la de la Dolorosa que abrió los actos con una afluencia de público numerosa.
La comitiva recorrió las calles del casco antiguo en su estación de penitencia, en un acto cargado de recogimiento que culminó con el regreso al templo y el canto de la Salve Regina. Una estampa que refleja el peso de la tradición y el arraigo de estas celebraciones en la ciudad.
