A la segunda fue la vencida. La central térmica de Compostilla II vivió este jueves la voladura de la base de la chimenea que había quedado en pie tras el intento del pasado 12 de febrero, en el que se vinieron abajo la parte superior de esta misma estructura, su inseparable compañera en el skyline berciano y la nave de tolvas.
En aquella primera intervención, la demolición de las dos chimeneas y la nave no se desarrolló según lo previsto, ya que la base de una de las estructuras resistió a los explosivos, generando sorpresa entre los miles de espectadores que siguieron el evento desde distintos puntos de la comarca. Por tanto, Endesa tuvo que fijar una nueva fecha para completar la operación.
Para esta segunda operación se emplearon 360 kilos de dinamita con el objetivo de derribar un tramo de casi 82 metros de altura, compuesto por unas 5.000 toneladas de hormigón, que había permanecido en pie tras la voladura de la chimenea principal de 270 metros, correspondiente a los grupos cuatro y cinco de la central.
Endesa había señalado que esta incidencia entraba dentro del plan de contingencias, aunque durante las semanas posteriores se analizaron las causas por las que la estructura no cayó junto al resto. Desde entonces, el perímetro permaneció acordonado por motivos de seguridad.
La nueva voladura, organizada conforme a un protocolo específico, permitió completar el derribo pendiente. Durante la intervención, los accesos a las instalaciones fueron controlados por la Guardia Civil, que restringió el paso únicamente a los operarios encargados de la retirada de escombros tras la detonación.
Con esta actuación, el desmantelamiento del complejo —ubicado en el municipio de Cubillos del Sil y con una superficie de unas 375 hectáreas— supera ya el 90% de ejecución y entra en su fase final. Endesa prevé concluir los trabajos a lo largo de 2026.
Hasta la fecha, el proyecto ha acumulado más de 1.250.000 horas de trabajo y ha contado recientemente con una media de 108 empleados, más de dos tercios de ellos de ámbito local. Además, el proceso se desarrolla bajo criterios de economía circular, con la previsión de reutilizar cerca del 95% de los materiales procedentes de las estructuras demolidas, con el objetivo de alcanzar el residuo cero.