La voladura de las chimeneas de la térmica de Compostilla ha dejado una situación inédita: la dinamita no ha funcionado como se esperaba y una de las torres ha quedado en pie, inclinada.
Ahora los técnicos deberán controlar en qué situación se encuentra, ya que podría caer en cualquier momento y en caso de no hacerlo, volver a reprogramar su derribo.
El fin de una era
Pese a este sorprendente inconveniente, El Bierzo perdió este jueves una parte visible de su memoria con la demolición de las dos últimas chimeneas de la central térmica de Compostilla II, durante décadas referencia inconfundible en el horizonte de la comarca. Centenares de personas se congregaron en distintos puntos estratégicos, como el mirador de La Peña, en Congosto, o el entorno del campo de fútbol de Cubillos del Sil, para presenciar una voladura que simbolizaba el final de una era. Entre los asistentes había antiguos trabajadores, vecinos que crecieron bajo la sombra de las estructuras y familias que quisieron ser testigos del histórico derribo, en cuyos rostros se apreciaba la emoción del momento.
A las 13:00 horas, tras meses de preparativos y un amplio dispositivo de seguridad, se activó la voladura controlada que debía marcar el último gran hito del desmantelamiento de la central por parte de Endesa. En la misma operación fue demolida también la nave de tolvas de alimentación de carbón, otro de los elementos emblemáticos del complejo.
Sin embargo, la detonación no se desarrolló exactamente según lo previsto. Aunque una de las chimeneas cayó conforme al plan establecido, la otra no llegó a desplomarse por completo y parte de su estructura quedó en pie, obligando a reevaluar la situación y a planificar nuevas actuaciones para completar su derribo con las debidas garantías de seguridad.
Para llevar a cabo la operación se emplearon 1.074 kilos de explosivos en unas estructuras de hormigón que sumaban cerca de 44.000 toneladas. Las cargas, situadas en la base tras el debilitamiento previo de los fustes, estaban diseñadas para que ambas se plegaran sobre sí mismas y cayeran hacia la zona prevista, pero la respuesta estructural de una de ellas impidió que el colapso fuera total.
Gigantes de hormigón
Una de las chimeneas, perteneciente a los grupos 1, 2 y 3, alcanzaba los 290 metros de altura —equivalente a un rascacielos de más de 70 plantas— y contaba con una base de 26,6 metros de diámetro que se estrechaba hasta los 11,10 metros en la parte superior. La segunda, correspondiente a los grupos 4 y 5, medía 270 metros, con una base de 22,15 metros y 10,10 en su coronación. Durante años figuraron entre las estructuras más altas de Castilla y León y definieron el perfil del Bierzo desde kilómetros de distancia.
La nave de tolvas, de 59 metros de altura, 30 de ancho y 170 de longitud, supuso además un desafío técnico adicional por su singular configuración estructural. Su demolición se realizó mediante un vuelco controlado, ejecutado por las empresas especializadas Recifemetal y 4D, contratadas para estos trabajos.
Una operación meticulosa
Desde primera hora de la mañana se activó un amplio dispositivo coordinado por fuerzas de seguridad, técnicos especialistas y servicios de emergencia, en colaboración con el Ayuntamiento de Cubillos del Sil. Se estableció un radio de seguridad de aproximadamente 400 metros, con restricciones de acceso y cortes de tráfico en las vías próximas, incluida la carretera de coronación del dique del embalse de Bárcena, entre las 10:00 y las 14:30 horas.
Para minimizar el impacto ambiental se instalaron pantallas de protección, cañones nebulizadores y sistemas de riego que redujeron la dispersión de polvo. Además, sismógrafos monitorizaron en todo momento las ondas generadas por la detonación.
Una señal acústica anunció la inminente secuencia. En cuestión de segundos, una de las torres comenzó a doblarse sobre sí misma hasta quedar reducida a escombros, levantando una densa nube que cubrió momentáneamente la zona. La segunda, sin embargo, no llegó a colapsar por completo y parte de su fuste permaneció erguido, en una imagen inesperada que contrastó con el desenlace previsto y que marcó un final distinto al imaginado para la jornada.
El fin de un símbolo industrial
La central de Compostilla II fue inaugurada en 1972 y ampliada progresivamente hasta 1985, convirtiéndose en uno de los grandes iconos de la generación eléctrica en Castilla y León. En el momento de su cierre, en junio de 2020, contaba con una capacidad de algo más de 1.000 megavatios. Su clausura respondió a la pérdida de competitividad derivada del encarecimiento de los derechos de emisión de CO₂ y al endurecimiento de las exigencias medioambientales europeas.
Durante más de medio siglo, las chimeneas simbolizaron el peso del carbón en la economía berciana, íntimamente ligada a la minería y al tejido industrial asociado. Su silueta acompañó el crecimiento económico de la comarca y se convirtió en referencia geográfica y emocional para miles de bercianos.
Desmantelamiento y futuro
Con esta voladura, el desmantelamiento del complejo —que ocupa unas 375 hectáreas— supera ya el 90 % de ejecución y encara su recta final, si bien la parte de la estructura que ha quedado en pie obligará a completar el proceso con nuevas intervenciones técnicas. Endesa prevé finalizar el desmantelamiento a lo largo de 2026. Hasta la fecha se han acumulado más de 1.250.000 horas de trabajo, con una media reciente de 108 empleados, más de dos tercios de ellos de ámbito local.
El proyecto se desarrolla bajo criterios de economía circular: alrededor del 95 % de los materiales procedentes de las estructuras demolidas serán revalorizados, con el objetivo de alcanzar el residuo cero.
Pasadas las 13:00 horas, el perfil del Bierzo comenzó a cambiar, aunque no de la manera exacta que muchos habían imaginado. Allí donde durante décadas se alzaron dos de las estructuras más altas del noroeste, una desapareció definitivamente y la otra quedó parcialmente en pie, recordando que incluso los finales más planificados pueden torcerse en el último instante. El polvo se asentará y el terreno se transformará, pero en la memoria colectiva seguirá en pie el recuerdo de aquellas chimeneas que, durante más de medio siglo, señalaron el rumbo de toda una época.