La castaña berciana busca futuro, pero para encontrarlo necesita primero que alguien pueda hacerse cargo de los castaños. La falta de relevo generacional, el abandono de los sotos y la dificultad para identificar a los propietarios de muchas de las parcelas están lastrando un sector que, pese a todo, mantiene las ganas de seguir adelante. Es el diagnóstico que deja la Asociación de Castañicultores Tres Valles, que acaba de quedar en manos de una gestora después de la dimisión de su hasta ahora presidente, José Luis Peña.
La decisión no supone el abandono del proyecto, sino un intento de provocar un cambio y abrir la puerta a nuevas incorporaciones. Balbina Mancebo se hará cargo de la gestora mientras se buscan nuevas propuestas y personas que permitan renovar la junta. El objetivo es que a principios del próximo año pueda constituirse una nueva dirección con nuevos socios y, sobre todo, con gente joven dispuesta a tomar el relevo.
Peña explica que decidió poner su cargo a disposición para reivindicar el papel de la asociación y dar la voz de alarma sobre la situación de los castaños, además de tratar de impulsar un nuevo ciclo para el sector. «Hacen falta más propuestas, más trabajo», resume, convencido de que ha llegado el momento de dar el paso hacia la transformación de la producción.
«Las enfermedades van a más y la producción, a menos», señala Peña al hacer balance de los últimos años. Desde la creación de la asociación, en 2015, los castañicultores han tenido que afrontar enfermedades, heladas y campañas complicadas que han ido reduciendo los kilos recogidos. En 2017 se llegó a plantear el objetivo de alcanzar los 100.000 kilos, pero la producción resultó finalmente dañada y aquella cifra no se consiguió.
En la actualidad, la asociación agrupa a alrededor de una treintena de productores que venden castaña, aunque algunos han dejado de recoger en los últimos años. La superficie controlada ronda las 60 hectáreas, pero podría ser mucho mayor si se consiguiera recuperar una parte de los terrenos abandonados.
Ahí aparece uno de los principales obstáculos. Hay parcelas cuyos propietarios se desconocen o que no están correctamente identificadas, una situación que dificulta que los jóvenes puedan incorporarse al sector incluso cuando existe interés por recuperar los sotos. «Las tierras están mal y no tienen nombre», apunta Mancebo, que reclama soluciones para saber quiénes son los propietarios y qué actuaciones pueden realizarse sobre esos terrenos.
La asociación considera que las instituciones deben implicarse en este problema. Reclama a los cuatro ayuntamientos de su ámbito: Barjas, Balboa, Vega de Espinareda y Trabadelo, una mayor colaboración, especialmente para mejorar la limpieza y conservación de los caminos que dan acceso a los sotos. También plantea la necesidad de encontrar una solución para la madera y la maleza que se acumulan en las parcelas, de manera que puedan retirarse y aprovecharse mediante algún plan impulsado por las administraciones.
«Debemos mantener nuestros castaños, pero deben dejar riqueza», advierte Peña. A su juicio, no basta con conservar los árboles si no existe una actividad económica que permita que las nuevas generaciones encuentren un motivo para hacerse cargo de ellos. «No podemos pasar a transformar si no hay jóvenes que se metan en este campo», señala.
La asociación llegó a plantearse incluso la creación de una sociedad agrícola que permitiera avanzar en la transformación de la producción, pero finalmente la iniciativa no llegó a materializarse porque «no había kilos para ello». Ahora la intención es recuperar el impulso y explorar nuevas fórmulas que permitan que la castaña genere más valor añadido en el propio territorio.
La castaña de parede como apuesta de futuro
Entre esas apuestas está la castaña de parede, una variedad que la asociación lleva seleccionando y reivindicando desde sus primeros años y a la que quiere otorgar un mayor protagonismo. El objetivo es potenciar su reconocimiento y encontrar vías que permitan mejorar su comercialización y valorización.
Precisamente este viernes, 18 de septiembre, a las 17:00 horas, la Casa de las Gentes de Balboa acogerá una jornada dedicada a analizar el futuro de esta castaña, con la participación de seis compradores. La cita pretende poner en contacto al sector productor y al comercializador y abordar las posibilidades de potenciar la castaña de parede.
Mancebo señala que la prioridad ahora es salvar la campaña y mantener la apuesta por el sector, aunque insiste en que será difícil hacerlo sin nuevas incorporaciones. «Tenemos ganas de trabajar», sostiene, pero también reclama que las administraciones acompañen ese esfuerzo para que los jóvenes encuentren unas condiciones que hagan posible su incorporación.
La situación de las parcelas abandonadas no es solo una cuestión económica. Desde la asociación advierten también del riesgo que supone para la prevención de incendios mantener montes y fincas sin limpiar y sin un propietario conocido que pueda hacerse cargo de ellas. «Hay que legislar los montes para que podamos hacer algo. No podemos tener fincas que no son de nadie», reclama Mancebo.
Pese a las dificultades, la asociación no considera que esté en peligro su continuidad. El problema está en encontrar el relevo. La campaña que se aproxima, de hecho, apunta a unas perspectivas de producción que podrían ser mejores que las de los últimos años. El reto será aprovechar ese posible repunte para recuperar también la actividad, sumar productores y conseguir que los viejos castaños vuelvan a tener futuro.
Peña deja ahora paso a la gestora con una idea clara: «Yo creo en el futuro cooperativo». El objetivo de fondo sigue siendo el mismo con el que nació la asociación: mantener los castaños, pero conseguir que quienes los trabajan puedan vivir de ellos.
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