La imagen de los castaños sin hojas y con los erizos vacíos o secos se ha convertido en el reflejo de una campaña que la Asociación Castañicultores Tres Valles califica de especialmente preocupante. El colectivo ha trasladado a través de las redes sociales una denuncia que va más allá de la escasez de fruto: teme que, sin medidas para recuperar los sotos, el castaño pierda progresivamente su presencia en el paisaje y su papel como actividad económica y cultural del medio rural berciano.
«¿Y de cosecha? Gracias que para una bolsita cada uno de recuerdo», lamenta la asociación en una publicación en la que comparte la visita de jóvenes llegados de Madrid y Gijón para conocer y divulgar la castañicultura y las labores de recogida. Una experiencia positiva en una campaña que, según el colectivo, apenas está dejando fruto. Los castañicultores advierten de que la falta de actuaciones puede condenar a los árboles al deterioro, dejar los sotos abandonados y alejar a las nuevas generaciones de una actividad tradicional. «Nuestros castaños morirán, nuestros sotos quedarán a monte, los jóvenes no querrán saber nada de este tema y el mundo rural seguirá muriendo», advierten.
La asociación dirige su llamamiento a las administraciones y a los colectivos vinculados al sector, a los que reclama que se impliquen en la búsqueda de soluciones. Entre las medidas que plantea figuran la investigación para conocer el problema, el rejuvenecimiento de los árboles mediante podas, las quemas controladas y la trituración y valorización de la madera. También reclama ayudas directas para los productores y pone como ejemplo que otros países cercanos sí respaldan este tipo de actividad.
El colectivo añade un argumento que trasciende la rentabilidad de las explotaciones: el mantenimiento de los sotos puede contribuir a prevenir la propagación de los incendios, al conservar limpios los terrenos que rodean a los pueblos. La recuperación del castañar, por tanto, no solo afecta a quienes viven de la cosecha, sino también a la conservación del paisaje, la gestión del territorio y la protección de las poblaciones rurales.
La denuncia vuelve a poner sobre la mesa una cuestión de fondo para el Bierzo: qué futuro le espera a uno de sus cultivos más emblemáticos si quienes lo mantienen no encuentran apoyo ni herramientas para garantizar su continuidad. La asociación teme que, entre campañas con escasa producción y la falta de actuaciones, se pierda algo más que una cosecha: una actividad ligada a la identidad de la comarca y a la vida de sus pueblos. «Que no lleguemos tarde», concluye el colectivo en su llamamiento.
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