Basurco: "Con 14 años tuve que pedir 80.000 pesetas para enterrar a mi padre"

Miguel Martínez Basurco es el hombre de los retos solidarios por Oncobierzo, pero detrás de él hay una historia humana que sobrecoge

08/11/2026
 Actualizado a 08/11/2026
Basurco con la bandera del Bierzo y un lema que lo dice todo de ‘Algún día es mucho tiempo’ para dar una solución a Oncobierzo. | ARCHIVO M.M. BASURCO
Basurco con la bandera del Bierzo y un lema que lo dice todo de ‘Algún día es mucho tiempo’ para dar una solución a Oncobierzo. | ARCHIVO M.M. BASURCO

Hay gente que se empeña en devolverle a la vida mucho más de lo que la vida les regaló. El cien por uno, a veces. Por ejemplo, en el caso de Miguel Martínez Basurco, un carnicero de Villafranca del Bierzo.  
Es cierto que también es generosidad esos gestos altruistas de empresarios, estrellas del fútbol u otros incapaces de contar el dinero que tienen en sus cuentas... pero es más que generosidad, no sé su definición, lo que hace gente como un carnicero de Villafranca del Bierzo, Miguel Martínez Basurco, que lleva toda la vida luchando por causas nobles a pesar de que la vida a él le recibió a golpes.

Miguel, por centrarnos, es ese berciano que está empeñado en de cruzar a nado los 40 kilómetros del Canal de la Mancha, desde Dover hasta Calais, concienciar de la situación sanitaria que atraviesa la comarca y, sobre todo, respaldar la labor de la plataforma OncoBierzo, por la que nadará 20 horas sobre unas aguas frías y peligrosas. 

Pero solo es su última ‘basurkada’ (sin un ápice de tono despectivo) tiene muchas anteriores en las últimas décadas. Hablaremos de algunas, todas resulta imposible pues «no para. Es que soy lo que ahora llaman hiperactivo y cuando yo era chaval era un niño cabrón».

Basurco le devuelve a la vida ciento por uno de lo que la vida le dio a él, desde su más tierna infancia, cuando la familia llegó al Bierzo procedente del País Vasco. No oculta Miguel, todo lo contrario lo cuenta de manera descarnada y realista, su dura infancia. «Mi padre era un pobre hombre, alcohólico, gastador, que provocó que viviéramos en una casa, si se puede llamar así, muy pobre. Nuestra habitación tenía una cama de 90x180, una mesa y dos sillas eran nuestro comedor, agua corriente no teníamos y la luz la enganchábamos del alumbrado público del pueblo». 

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Miguel Martínez Basurco con su nieto en la salida de la Triman de Villafranca. | ARCHIVO M.M. BASURCO

Y la mejor definición de esta situación la explica cuando con 14 años murió su padre. «Tuve que pedir prestadas 80.000 pesetas para poder enterrarlo y a continuación, por supuesto, ponerme a trabajar...». Aunque ya lo llevaba haciendo desde niño, cuando «buscaba leña por las márgenes del río Burbia para no gastar el carbón que había en casa».

En aquellos años anteriores a su orfandad, a pesar de las trastadas del niño inquieto e hiperactivo sin diagnóstico —«entonces los vecinos me llamaban mangante»— su gran preocupación era su madre, Trinidad, la primera víctima de la vida que llevaba su padre. Hay una anécdota que cuenta la profesora Rosa Fuentes que ilustra esta cercanía con su madre. «Un día deambulaba absorto por las calles de Villafranca pensando en cómo podía sorprenderla el día de la madre. Se dirigió al huerto “de las mutiladas”, bautizado en memoria del padre de las propietarias del terreno, amputado de guerra. Allí estuvo dando vueltas de un lado para el otro hasta que encontró un nido con huevos de pato, hallazgo que llevó a su madre (después de haber pedido permiso), como si de un colgante de perlas, rubíes y zafiros se tratara». Pero también tenía la vena solidaria y altruista pues  era quien llevaba los medicamentos de la Cruz Roja a las casas más apartadas o de difícil acceso, ya se le daban bien los retos.

El momento crucial de su vida coincidió con la muerte de su padre. Él tenía 14 años, su madre viuda y con otro hermano, discapacitado. Y tuvo que empezar la vida laboral de quien, en palabras de su compañera, «tuve que vivir la vida de los tiempos de mis abuelos, pero en la actualidad». Y entró «de chico para todo» en la tienda de Severino, donde ya era Basurco, otro homenaje a su madre llevando su apellido para pasar de ser el ‘niño mangante’ (hiperactivo) al orgullo del Bierzo, una tienda que no tardaría en salir a las ventanas para aplaudir su paso cuando, por ejemplo, afrontó el reto de defender la llegada del Campus de la Universidad al Bierzo, el reto que no oculta que es el que mejor recuerdo me ha dejado. «Para mí no hubo ningún caso más gratificante que aquellas 24 horas corriendo, sentí el cariño de la gente, de todo el Bierzo, en las calles, desde las ventanas... había mucha tensión por lograrlo y conté con la solidaridad y cercanía de Victorino Redondo, de CENCO, que era donde trabajaba entonces. Que después mi hija estudiara en el Campus del Bierzo fue como cerrar el círculo perfecto».

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La vida de Miguel Martínez Basurco siempre ha estado ligado a las carnicerías. | ARCHIVO M.M. BASURCO

Pero hemos avanzado mucho con aquel chaval que daba sus primeros pasos en el mundo laboral, que pronto se ligó al mundo de las carnicerías y para ahorrar el dinero del autobús iba en bicicleta a trabajar, desde Villafranca a Ponferrada. E incluso, cuando la nieve o la climatología era peor, llegó a hacer el trayecto corriendo para ir a trabajar a prueba en un establecimiento de Ponferrada. 

Y según iba mejorando su situación y la de su familia, cuando quemaba las energías haciendo deporte, surgieron los primeros retos que podríamos llamar deportivos pero que, en el caso de Miguel Martínez Basurco, siempre tenían un componente social. «El primero serio fue en 1995, cuando ardió el refugio de Villafranca, del popular hospitalero Jato. Entonces salí corriendo desde Burgos a Santiago de Compostela, a la tumba del apóstol».

Y siguieron otros muchos. Algunos de gran repercusión social, como su protesta contra la incineración de residuos tóxicos en la cementera de Cosmos en Toral de los Vados (en el año 2011). En aquella ocasión corrió siete maratones seguidos desde distintos puntos del Bierzo, y nunca olvida el apoyo de, por ejemplo, Cristóbal Halffter y su esposa Marita Caro, músicos los dos. Tiene el récord de los 100 kilómetros, corrió el maratón más duro que existe por el Sahara y ha escrito todo tipo de páginas casi heroicas con fines sociales. «Utilizó el deporte para las protestas porque tiene repercusión, da mucha visibilidad; y cada uno debe dar lo que tiene, yo solo se correr y cortar carne».

Y en su última aventura, su lucha por Oncobierzo, se pone de manifiesto nuevamente cómo la vida no ha sido generosa con él. «Hace 10 años mi mujer murió de cáncer y yo conocí cómo funcionaba entonces Oncología, me da mucha pena la situación que se vive ahora, no lo puede aceptar sin hacer nada. 

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La generosa entrega a causas bercianas solidarias de un carnicero de vida nada fácil. | ARCHIVO M.M. BASURCO

- ¿Y cómo financias tus retos?
- Me los pago yo. Ni pido nada ni lo quiero, no vendo camisetas, ni pulseras ni nada. No entiendo a esa gente que dice que colabora pero hay que pagarle el hotel, los viajes... Yo lo hago porque lo siento y me hace feliz que así sea.

- Y ya con más de 50 años, ¿cómo haces para afrontar retos así?
- La mente es todo.  

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