Alba Astorgano: "La esperanza del Bierzo la pongo en la reivindicación"

Alba Astorgano, directora del documental El Bierzo en espera que refleja la situación de una comarca en decadencia, pero con esperanzas

30/07/2025
 Actualizado a 01/08/2025
Alba en un momento de la grabación en el que estaba uno de los portavoces de Oncobierzo, Tito Gago. | JUAN GABRIEL MAZA
Alba en un momento de la grabación en el que estaba uno de los portavoces de Oncobierzo, Tito Gago. | JUAN GABRIEL MAZA

Alba Astorgano pone nombre a un Bierzo "en pausa" que se revela desde las cámaras de cine. La ponferradina, estudiante de Creación y Diseño en el País Vasco, quiso poner imágenes a lo que consideraba que debía reflejarse: la situación de una comarca detenida, al calor de una esperanza, la de la reivindicación de Oncobierzo. Ahora comienza el camino para dar visibilidad a ese trabajo universitario que espera alcanzar otras cotas, sobre todo, para desvelar realidades y buscar empatía ante ellas. El proyecto, que ha sido posible gracias al esfuerzo de ocho estudiantes y el empuje de muchas personas, comienza su andadura el 31 de julio con la primera proyección en La Térmica Cultural.

-¿Cómo surgió la idea de realizar el documental El Bierzo en pausa?

-Empezó siendo un trabajo universitario y fue evolucionando hasta convertirse en un proyecto personal. Estudio en el País Vasco y, en una asignatura de dirección audiovisual, tenemos que crear nuestros propios trabajos. Hay que entregarlos al final del curso, pero se empiezan a trabajar casi desde el principio. Un día estaba hablando con unos amigos en una cafetería y se unió mi profesor. Les comenté que me gustaría hacer algo sobre el movimiento de Oncobierzo para darle visibilidad. Me echaba para atrás que las cámaras no se podían sacar de Bilbao y que teníamos que mover mucho material... Había que pedir un permiso especial y ver cómo trasladarnos al Bierzo con todo. Yo sola no podía hacerlo, pero mis compañeros se sumaron a ayudarme. También mi profesor, porque yo estaba perdida en todo lo relacionado con los permisos para grabar. Él me animó a hacerlo y me dio consejos sobre dirección. Me decidí y, en las vacaciones de Navidad, comencé con la preproducción: pedir permisos para grabar en el ayuntamiento y en el hospital. Hicimos un crowdfunding explicando la idea para conseguir medios que nos permitieran movernos.

-¿Y cómo respondió la gente ante esa solicitud?

-Mucha gente se sumó, nuestras familias y muchas personas del Bierzo. Conseguimos unos mil euros que nos sirvieron para alquilar un coche de siete plazas. El resto ya lo pusimos nosotros.

-¿Cuál es su relación con Ponferrada y con la situación que denuncia Oncobierzo?

-Soy berciana, aunque estudio en Bilbao porque me interesaban el diseño gráfico y la creación, y tuve que moverme. Pero veía esta situación y quería reivindicar mi parte berciana, dar visibilidad a lo que ocurre y apoyar lo que se está haciendo. Mi relación más cercana con el problema sanitario es que, en 2016, mi abuela murió de leucemia. Recuerdo que fue algo muy duro para mí; tendría unos 12 años. La trasladaron del centro público al privado, por esas cosas que se hacían... Un día estaba bien, se levantaba, y al día siguiente falleció. No sabría decir si tuvo que ver la falta de medios, pero es lo más cercano que he vivido a los problemas que denuncia Oncobierzo. Son historias que te hacen empatizar y que reflejan la necesidad de servicios sanitarios que permitan seguir viviendo aquí.

-Una vez se puso a trabajar en el documental, ¿se cumplieron las expectativas o hubo sorpresas?

-Había cosas que esperaba, como las quejas que se iban a exponer, pero otras me impactaron más, incluso fuera del ámbito sanitario. En el documental sale mi abuelo hablando de la despoblación del Bierzo, y cada cosa que dice es más triste que la anterior. No tiene esperanza, siente que la comarca ha sido abandonada. Es algo muy doloroso. Recuerda cómo todo estaba más vivo y ahora ve que ya no compensa vivir aquí como antes.

-Durante la realización del documental, ¿se encontró con dificultades que no esperaba?

-Sobre todo, una dificultad importante fue no poder entrevistar a ningún médico, como me hubiera gustado. Sí contamos con la participación de personal sanitario, enfermeras, auxiliares... pero quería entrevistar a algún médico, a ser posible un oncólogo, y no lo conseguimos. No sé si fue por miedo o presión, pero no pudimos. También se nos permitió grabar en el hospital, pero no las entrevistas. Sí tuvimos libertad para grabar en las zonas autorizadas.

-¿Se lo esperaba?

-Sí, en parte. Entiendo que por la privacidad de algunas personas debían limitarse ciertos espacios, pero esperaba que, al menos, se nos permitiera entrevistar a algún médico.

-Una vez concluido el documental, ¿qué sensación le deja: esperanza, reivindicación, pesimismo?

-El vídeo muestra El Bierzo desde un punto de vista neutral. Expone que su situación no es buena, describe el problema sanitario, pero también transmite una reivindicación con esperanza.

-¿Y en dónde sitúa esa esperanza?

-En la reivindicación. Es lo que he comprendido tras hacer este trabajo y hablar con tanta gente. Creo que si nosotros, desde dentro, intentamos dar visibilidad y luchamos por la sanidad pública, lo lógico es que quienes están arriba lo vean. No se puede dejar a una comarca como El Bierzo, con más de 120.000 habitantes, sin medios tan esenciales. Deben hacer algo. El Bierzo no está muerto. Tiene personas, tiene actividad, y no queremos dejarlo morir. Yo me sumo a esa reivindicación. Paso los veranos en El Bierzo, pero luego tengo que irme a seguir mis estudios, y aunque parezca contradictorio, es la realidad: hay cosas que escapan a nuestro control. Los jóvenes tenemos que irnos, en mi caso porque los estudios que quería están lejos.

-Oncobierzo lleva 10 meses liderando esa reivindicación. ¿Cree que representa la esperanza actual del Bierzo?

-Sí, en parte sí. Si no se hubieran manifestado, no se habría movido nada. Aun así, lo que se está consiguiendo no es suficiente. Ahora llegará una tercera oncóloga, pero solo por un tiempo, porque luego se va a Valladolid. Y no se sabe qué va a pasar. Solo sabemos que de seis oncólogos, hay tres...

-El documental lleva el título El Bierzo en espera. ¿Por qué? ¿A qué espera?

-Por muchas razones. Siento que es una comarca que, tras el fin de la minería, se ha quedado en pausa. Faltan actividad, servicios... y la gente hace lo que puede, pero hay cosas que dependen de las instituciones. La gente está esperando: por un oncólogo, por un seguimiento sanitario... Incluso en el ámbito industrial, seguimos en pausa.

-Con este trabajo ha querido dar visibilidad a todo ello. Ahora que está terminado, ¿qué espera y cómo planea moverlo?

-Me gustaría presentarlo en el festival de Bilbao que se celebra en octubre, no con la intención de ganar, sino para que se vea. En un futuro, ojalá se pueda colgar en alguna plataforma, pero primero tendría que pasar por los festivales. Dependerá de cómo evolucione todo.

-La primera vez que se proyectará será el 31 de julio en La Térmica Cultural. ¿Qué espera de esa ‘première’?

-Estoy nerviosa porque tengo eso que llaman el "síndrome del impostor". Cuando algo te sale bien, temes decepcionar o que no sea lo que la gente espera. Hay que tener en cuenta que este documental ha sido un aprendizaje para mí: he aprendido a hacer vídeos, a dirigir. Me preocupa que no se perciba como un trabajo bien hecho, pero sé que le he puesto empeño y corazón, y creo que la gente va a empatizar con él.

-¿Cuál es el mensaje final que desea lanzar con este trabajo?

-Quería usar este documental como herramienta de reivindicación. Esta comarca no puede quedar así. No está muerta, y no queremos que lo esté. Quiero transmitir esperanza y la necesidad de trabajar juntos para salir adelante.

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