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Chencho, el texto festivo y el teniente que le enchironó

Chencho, el texto festivo y el teniente que le enchironó

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Fulgencio Fernández | 19/09/2021 A A
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Chencho, el texto festivo y el teniente que le enchironó
Personajes Chencho, Juan Florencio Pérez, fue uno de los columnistas más conocidos y valorados de la prensa leonesa, en la que sus textos eran tan seguidos como temidos –por los aludidos–, pero en sus inicios sufrió la ira de un teniente de la Guardia Civil por un irónico texto publicado en el programa de fiestas de la Bañeza y dio con sus huesos en ‘chirona’
José Cabañas es un reconocido estudioso de asuntos relacionados especialmente con la represión, de ahí que acudir, por ejemplo, al Archivo Militar del Ferrol o a expedientes de todo tipo es una práctica tan habitual como sorprendente en muchos casos. No hace mucho se encontró con el expediente de la familia Álvarez Rubio, uno de cuyos integrantes era Piedad, la primera mujer taxista y poco después se encontró con un nombre que, como buena parte de los leoneses, conoce: Juan Florencio Pérez, al que la mayoría de los lectores recuerdan por su apodo y su firma: Chencho, uno de los columnistas más reconocidos y recordados de la prensa leonesa, habitual en las páginas del Diario de León pero también en la desaparecida La Crónica, entre otros.

Y entre esos otros puede estar hasta el programa de las fiestas de su pueblo, La Bañeza, del año 1970, en el que publicó un irónico y literario texto, muy de Chencho y del gusto de la mayoría de los lectores, salvo el teniente de la Guardia Civil, al que parece que algunos de los párrafos le irritaron profundamente, por desgracia para Chencho.

El artículo se titulaba ‘Con sabor’ y según recoge Cabañas del expediente comenzaba así:
«Eran las tres. Las tres de la madrugada paridera de quietud. No se oía, en ese instante, ni el eco del silencio. Nada. La Bañeza dormía.

Decidí pasear por sus calles a esa hora. Desenterrar, estudiar a una ciudad en la profunda soledad de la noche. Me levanté de la cama, me duché y salí con el ánimo dispuesto a la meditación.

Respiré hondo. Con paso lento y lento llegué a la Plaza Mayor. Solo dos guardias civiles, con cara hierática y tricornio calado hasta las orejas, departían amigablemente. Me acerqué a ellos.

–Buenas noches.
–¡Qué hay! Buenas noches. Contestaron al unísono clavándome sus ojos analíticos.
–Hermosa noche, ¿verdad? Les dije al tiempo que les ofrecía un cigarrillo.
–Espléndida.
–Sí ciertamente. Es espléndida. Voy a dar un paseo largo, tranquilo, sin pararme con nadie. ¡Hasta luego!
–Adiós. Respondieron.

Me alejé. Nunca me han gustado los guardias civiles. Son secos, escuetos, lacónicos, espartanos. No son simpáticos. Al menos a mi, desde niño, nunca me lo han parecido. Sin saber por qué, seguí la dirección de la calle Gral. Franco. La Plaza los Churros apareció urgentemente ante mis ojos. Me acordé entonces de Casio, ese hombre del minúsculo metro, que tantos y tantos años colaboró en el desayuno de los bañezanos».

No hace falta seguir. El tono ya se ve y el daño parece que ya estaba hecho, esas frases de «Nunca me han gustado los guardias civiles. Son secos, escuetos, lacónicos, espartanos. No son simpáticos...» hoy serían meras apreciaciones pero en aquel 1970... al menos para el teniente de la Guardia Civil.

Comandaba entonces el cuartel o puesto de la Línea de La Bañeza el teniente guardia civil Alfredo Álvarez Álvarez-Fernández, perteneciente a la 612ª Comandancia de León, quien, llegado a sus manos el día 6 de agosto el programa de las fiestas patronales, vio al examinarlo, «con sorpresa poco grata, el artículo firmado con pseudónimo en el que aparecen las frases poco afectivas (sic) para el Cuerpo», según el citado expediente, en el que se da cuenta de los siguientes pasos: «La autoridad castrense provincial, realizadas averiguaciones que determinan que el tal Chencho es Florencio Pérez García, natural de Oteruelo de la Vega, de 26 años, casado, domiciliado en La Bañeza, de profesión periodista (“en 1967 estudiaba en León Magisterio, carrera que aún no finalizó, llevando en la capital vida bohemia”, apunta el informe policial), que citado a comparecer en el cuartel lo hace y reconoce ser por propia iniciativa el autor de aquel escrito, que –afirma– «nunca creyó que molestaría a nadie», a pesar de lo cual el teniente lo detiene por el delito de insulto e injurias a Fuerza Armada y, a disposición de la citada autoridad, lo conduce a la Prisión Provincial (en el Paseo del Parque desde junio de 1965, clausurada entonces ‘la carcelona de Puerta Castillo’), en la que queda recluido».

Las curiosidades no se acaban ahí y a Chencho le salvó, por ejemplo, estar casado (sic): «Desde el Gobierno Militar ordenaban al día siguiente al comandante de Infantería Albino Casares Garrido, titular del Juzgado militar eventual de León, proceder a la incoación de las Diligencias previas 67/70, determinando este a finales de septiembre que las frases vertidas en el artículo, susceptibles de ser consideras injuriosas para un organismo militar y expresivas de opinión desfavorable para el de la Guardia Civil, emitida con publicidad, pudieran constituir una falta de ligera irrespetuosidad y ofensa para esta, no habiendo existido en el encartado ánimo de injuria, elevando por medio del Auditor de Guerra de la Séptima Región Militar tal propuesta al Capitán General de la misma, junto con la de imposición al periodista del correctivo de ocho días de arresto, que «en atención a la carencia de aquel ánimo, a ser casado, y a su arrepentimiento, podrá ser domiciliario».

En Valladolid se acordaba el 23 de enero de 1971 que «ni del conjunto del artículo de referencia, ni de sus frases literales, se desprende que el paisano Florencio Pérez García haya atribuido a la Guardia Civil conceptos ofensivos, por lo que se termina el presente procedimiento sin declaración de responsabilidad».

La verdad, pudo ser peor.
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