Vocación, disciplina y los F–18 como aulas: Así se forman los futuros sargentos del Aire

Un relato en primera persona sobre la exigencia militar y académica explicado por los alumnos de la ABA Mario Hormigón y Jorge Pérez

27/09/2026
 Actualizado a 27/09/2026
Los alumnos de la ABA Mario Hormigón, de primer curso (d), y Jorge Pérez, de segundo (i). | FERNANDO OTERO
Los alumnos de la ABA Mario Hormigón, de primer curso (d), y Jorge Pérez, de segundo (i). | FERNANDO OTERO

La vocación por la aviación militar y la tradición familiar llevaron a Mario Hormigón y Jorge Pérez hasta la Academia Básica del Aire de La Virgen del Camino. Sus caminos hasta los hangares leoneses fueron diferentes, pero ambos comparten ya un mismo destino: tres años de disciplina diaria en la Base de León para convertirse en suboficiales del Ejército del Aire y del Espacio. Con el inicio del nuevo curso, ambos alumnos, uno de primero y otro de segundo, relatan en primera persona cómo es la vida en la Academia, en la que tratan de compaginar la exigencia militar y académica con momentos de ocio y alguna que otra escapada.

Hormigón tiene 21 años, es de Zaragoza y antes de llegar a la Academia había cursado ya dos años de Ingeniería Industrial en la academia de la capital aragonesa, después de entrar al Ejército con solo 19 años. Desde pequeño, reconoce, sintió una «especial motivación por los aviones de combate, los pilotos y todo lo relacionado con la aviación militar». Además, familiares vinculados al Ejército hicieron que este mundo estuviera vivo en él ya desde su infancia. «Cuando llegó el momento de decidir mi futuro profesional, opté por dar el paso», explica.

Él hoy es uno de los 450 novatos que tiene la Academia Básica del Aire y del Espacio este curso y acaba de regresar de un duro bautismo por el que todos los alumnos deben pasar 20 días de maniobras en un campamento en Boñar, entre barro, noches al raso y una altísima exigencia física. «Ha sido una formación intensiva e hicimos marchas, como el día que subimos hasta el Pico Cueto, hicimos ejercicios de defensas activas en tierra y tocamos ya un poco del armamento», relata apenas unos días después de su regreso.

Su voz no delata cansancio ni signos de haber pasado por lo que para la mayoría de civiles sería un calvario, sino que se limita a explicar la labor que ha desempeñado, comprometido con su formación. Momentos duros ha habido, claro, pero la instrucción física y mental va dando sus frutos en la capacidad de gestionar todo aquello por cuanto pasan como alumnos de las Fuerzas Armadas. Tampoco se les deja solos, ni mucho menos: «Aquellas personas que llevan más tiempo aquí en el ejército han servido como referentes o padres para gente que, como por ejemplo es mi caso, lleva poco aquí en el ejército», reflexiona Hormigón.

El objetivo de este joven maño, añade, es graduarse como sargento y continuar su formación en la Academia de Oficiales de San Javier (Murcia) y terminar también sus estudios de Ingeniería Industrial. «Y el objetivo principal, yo creo que el objetivo de todos los compañeros que estamos aquí, es servir y representar este uniforme, tanto aquí en España como internacionalmente», concluye Hormigón.

El caso de Pérez es diferente. Natural de León y vecino de La Virgen, conocía de cerca el ambiente militar antes de entrar en la Academia por sus vínculos familiares y los entornos sociales en los que se movía. Comenzó su trayectoria como militar en 2021, con 21 años, y, después de varios años en la escala de tropa, decidió promocionar a suboficial. «Me gusta mucho trabajar en equipo y también tener más responsabilidades, tomar alguna decisión. Y, además, de tropa se vive bien, pero a los 45 años se acaba», explica.

Respecto a su futuro, Pérez no tiene un destino concreto en mente. «Entré por vocación, me da igual dónde trabajar», aunque tiene claro que le gustaría participar en misiones nacionales e internacionales y «aportar a la ‘empresa’».

Pérez tiene la oportunidad de dormir fuera de la Base, por llevar tres años en el Ejército y tener todo aprobado. Hormigón, al encontrarse todavía en la primera etapa de su formación como alumno de la Academia, y hasta la jura de bandera, debe pernoctar en los alojamientos que comparten 20 alumnos, muy similares a los barracones que todos los que hicieran la mili conocen muy bien.

La realidad del día a día en la Academia ha confirmado la mayoría de las expectativas de estos dos alumnos, aunque sí hay ciertas cosas que les han sorprendido. A Hormigón, la «instrucción militar y física, que es muy fuerte» y el peso que tiene la formación académica. «Me ha impresionado lo bien que están formados los instructores que imparten aquí las clases», señala. Por su parte, Pérez destaca la disciplina cotidiana: «Cuando entran los instructores en clase, por ejemplo, pues hay que levantarse, o incluso cómo colocar los cubiertos a la hora de comer».

La disciplina, precisamente, es uno de los conceptos que más mencionan ambos en la entrevista. «Abarca un abanico grande», explica Hormigón, que incluye desde la puntualidad y la organización hasta «ser responsables de nosotros mismos cuando nadie nos está supervisando». Pero no solo de disciplina vive el suboficial, porque esto es, además de una base militar, una Academia. Yaquí no basta con superar la instrucción militar y física; también hay que estudiar, y mucho.

Y esa parte académica tiene sus propios retos, porque la exigencia es alta y un día deberán hacer volar los F–18 con los que hoy posan en la foto. Electricidad es la asignatura que más les cuesta a los dos. También los motores, en el caso de Pérez, que requiere muchas horas de estudio. Eso sí, ambos coinciden en que «si lo vas estudiando día a día y no se te acumula, se puede llevar bien». Una filosofía que, en este caso, sí que pueden compartir con los alumnos de FP civiles, aunque ellos deben compaginar las horas de estudio con las de instrucción y deporte para superar las pruebas físicas. Y, respecto al tiempo libre, ambos mencionan el deporte y la necesidad ocasional de desconectar del escenario militar. Los fines de semana sirven así para cambiar de aires y disfrutar, por ejemplo, «de alguna zona de montaña» de la provincia.

Dos alumnos que, tras el uniforme y los aviones de combate que ahora son solo aulas, hay jóvenes que han elegido una profesión marcada por los «valores, la disciplina y la vocación» de servir a España.

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