El día a día en la Academia Básica del Aire de León: De la diana de las 6:30 al toque de retreta

Más de 1.000 alumnos se forman este curso en la base leonesa, donde la preparación física y mental marcan una rutina de tres años diseñada para convertirlos en suboficiales del Ejército

27/09/2026
 Actualizado a 27/09/2026
La Academia Básica del Aire y del Espacio tiene este curso 450 alumnos de primer año, un récord absoluto. | REPORTAJE GRÁFICO DE FERNANDO OTERO
La Academia Básica del Aire y del Espacio tiene este curso 450 alumnos de primer año, un récord absoluto. | REPORTAJE GRÁFICO DE FERNANDO OTERO

En el punto más frío de León y su alfoz, donde al comienzo del otoño superan los 30 grados, pero en unas semanas arreciará la helada, el Ejército del Aire y del Espacio forja futuros soldados, futuros ídolos del aire. Un total de 1.040 alumnos tiene este curso la Academia Básica del Aire y del Espacio, 450 de primer curso en un año récord, y hoy nos hemos propuesto conocer un poco más acerca de su rutina, su día a día dentro de la Base Aérea que todos han visto alguna vez y pocos han explorado como en esta ocasión ha permitido el Ejército a este medio. 

Hoy no vamos a hablar de presupuestos ni de inversiones, de desfiles ni autoridades. Hoy nos adentramos en cómo es realmente la vida de un militar que pasa sus días de juventud –en algunos casos ya no tanta– formándose para ser un sargento de las Fuerzas Armadas, donde la vida militar convive mano a mano con la académica y el entrenamiento físico. 

En La Virgen del Camino, la vida de un alumno de la Academia Básica del Aire y del Espacio de León está marcada por los horarios. Las clases, la instrucción, el entrenamiento físico, las horas de estudio, los tiempos de comidas y los periodos de descanso se suceden dentro de una planificación cuadriculada en la que cada actividad tiene su momento y en el que el reloj forma parte de la disciplina. 

Y el objetivo del Ejército no es únicamente el de inculcar en los alumnos conocimientos militares y académicos, que también, sino que resulta fundamental en la formación de todo militar el hecho de acostumbrarlos a trabajar bajo presión, a organizarse y a responder cuando las condiciones no son las ideales.

Como dice el brigada David Correa, uno de los profesores de la Academia, «cuando estés en medio de Afganistán, debajo de un helicóptero que se acaba de siniestrar, ¿tiras del móvil y de la IAo tiras de experiencia, de la experiencia del compañero que está a tu lado? Ahí entran los principios, la rectitud, todo lo que nosotros inculcamos aquí».

Nada más y nada menos que a las 6:30 horas comienza el día en la Academia Básica del Aire. Toque de diana y los alumnos se levantan, se asean, se afeitan y desayunan antes de que, una hora después, arranquen las clases. Así, a las 7:30 horas comienza una intensa jornada para los alumnos que combina formación académica, instrucción militar y deporte hasta las cinco de la tarde, con una hora para la comida que realizan todos juntos en el comedor. A partir de las cinco comienza la ‘hora feliz’, es decir, su tiempo de descanso, que ellos llaman «paseo» y en el  cual pueden descansar y salir de la Base.  

Sin embargo, tener «paseo» no significa necesariamente tener la tarde libre. Juan Carlos Casillas, alumno de tercer curso que acumula nueve años de servicio en las Fuerzas Armadas y estudia ahora para convertirse en suboficial, explica que el tiempo disponible depende en buena medida de la carga académica. «Tenemos exámenes prácticamente todas las semanas de los diferentes módulos, tanto militares como académicos, de deporte incluido», señala. Por eso, salir de la base no siempre es la opción elegida si se quiere tener un buen rendimiento.

El toque de queda, para los alumnos en régimen interno, llega a las 22:00 horas con la formación de retreta y el recuento. Los alumnos de primer curso están, en su mayoría, internos en la Base de La Virgen, ya que solo pueden pernoctar fuera de la Academia aquellos alumnos que lleven tres años en el Ejército. En la actualidad, hay un porcentaje mayor de alumnos en régimen externo, ya que buena parte de los que están en la Academia proceden de promoción interna y cuentan ya con esa experiencia previa. Para quien llega directamente con 18 años, explica el comandante, lógicamente no existe esa posibilidad inicial y deben pasar el primer curso en habitaciones de 20 personas. En segundo curso, pasan a habitaciones de seis y, en tercero, el privilegio de la veteranía les concede dormitorios de tres personas. 

Ese es el esquema general del día a día en la Academia Básica del Aire, aunque la planificación cambia en función de las actividades previstas para cada curso. El comandante Miguel Ángel Bolao, jefe del Escuadrón de Alumnos y del Departamento de Instrucción y Adiestramiento, explica que en el horario matinal se mezclan las horas de instrucción y deporte con las asignaturas del título de técnico superior, aunque  «realmente ocupa más tiempo el título de técnico superior en el cómputo general», según explica el comandante, que calcula que en un día normal las actividades militares ocupan ‘únicamente’ entre tres y cuatro horas. La Academia Básica del Aire y del Espacio no es, por tanto, solo un centro de instrucción militar, sino que los alumnos pasan buena parte de su jornada en las aulas. Eso sí, para ir de un aula a otra, los alumnos se desplazan en formación.

Como un buen estado de forma física es obligatorio para un militar, la Academia cuenta además con instalaciones deportivas que permiten continuar con la preparación física más allá de las actividades programadas, como el gimnasio, una piscina cubierta, pista de atletismo, pistas de pádel y tenis y campo de fútbol. El deporte forma parte de la instrucción, pero también puede ser una de las alternativas durante el tiempo de ocio.

¿Qué es lo que más les cuesta a los nuevos alumnos? La disciplina asociada a los horarios. «Lo que más les cuesta es tener que regirse por unos horarios fijos, no poder hacer, entre comillas, lo que quieren en cada momento», explica Casillas. La comida tiene una hora determinada, las formaciones también y una actividad puede obligar a cambiarse rápidamente de uniforme para estar preparado para la siguiente. «Ese punto de pasar de la vida civil a la vida militar, en la que todo es mucho más estricto, más ordenado, mucho más disciplinado, es lo que más les cuesta», añade el sargento alumno.

Y después están los servicios. Como sucede en cualquier base aérea o cuartel, hay que cubrir funciones de seguridad, vigilancia y servicios interiores. Los alumnos participan en ellos desde primero y de forma rotatoria, lo que puede aguar alguna que otra noche o fin de semana. «Está todo adaptado a lo que vas a encontrar después en la vida militar», explica Casillas. La finalidad de todo ello es que la responsabilidad no aparezca de golpe cuando abandonen la Academia.

Y ahí los profesores civiles e instructores militares que cada mañana les dan clase desempeñan su propio papel. El capitán Rubén Matilla, ingeniero técnico aeronáutico especializado en aeromotores y posteriormente graduado en Ingeniería Aeroespacial, imparte materias como sistemas de aviones, mandos de vuelo, hidráulica y tren. A su lado, el brigada David Correa Bernardino, con 27 años de servicio y experiencia en destinos y misiones en Afganistán, África y Libia, forma a los alumnos de mecánica.

La experiencia de los profesores

Su experiencia profesional es uno de los puntos fuertes de la Academia. «Para mí es sencillamente el recurso más importante que tenemos aquí es la experiencia profesional de los profesores», explica el capitán. Son militares que han trabajado durante años con sistemas de armas, aviones, radares o drones y que trasladan al aula conocimientos que no proceden únicamente de los manuales.

El objetivo es que el alumno salga con una base que pueda utilizar posteriormente en su destino. «Nosotros les enseñamos a apretar el tornillo», explica el brigada. Por eso las clases prácticas tienen un peso especial. En los talleres de electricidad, de motores, de aviones de combate, se realizan comprobaciones, mediciones y trabajos con diferentes sistemas. En el ámbito aeronáutico, además, un error puede tener consecuencias muy graves. «Si hay un tornillo suelto dentro de un avión, el avión se va al suelo», recuerda Correa. Por ello, la responsabilidad se intenta inculcar desde el primer día a los alumnos, desde llevar la taquilla ordenada y afeitarse cada mañana hasta saber dónde está cada herramienta y dejar constancia de cada operación.

«Son tres años de hacer lo mismo para no equivocarte el día de mañana», resume el brigada. Quienes terminan la Academia pueden incorporarse a sus unidades como jefes de equipos, de modo que la responsabilidad que tendrán después también se empieza a trabajar durante su paso por la Academia. Esa exigencia aparece especialmente cuando se habla de la gestión del estrés. Los instructores explican que el estrés puede proceder fundamentalmente de dos factores: la incertidumbre provocada por no saber cómo afrontar una tarea y la saturación que aparece cuando hay que hacer muchas cosas a la vez. La solución pasa, a juicio de los instructores, por la preparación. «Si yo una tarea sé cómo la tengo que hacer, la va a hacer mucho más rápido y eso me va a provocar que tenga menos estrés», señala el capitán. El mismo principio se aplica a un examen de cualquier disciplina, ya que quien conoce la materia y sabe qué tiene que hacer afronta con menos incertidumbre la prueba.

Además, para tener esa mentalidad militar, hay que haber vivido antes determinadas situaciones. «Durante tres años, se somete al alumno a una situación de estrés máxima», explica el instructor, en referencia a la combinación de exigencia física, instrucción y formación académica. Y el capitán pone un ejemplo especialmente gráfico: «El tener que estar toda una tarde haciendo formación de instrucción de orden cerrado, cenar, acostarte y a las siete y media de la mañana tener un examen de dos horas, creo que igual en la calle no pasa». Y, así, es como se forjan los ídolos del Aire. 

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