El físico leonés Antonio Turiel forma parte del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y es una voz más que autorizada en el campo de la energía que ha cobrado especial relevancia al cumplirse esta semana un año del apagón que dejó en cero la red eléctrica de nuestro país.
– Esta semana se ha cumplido un año del gran apagón. ¿Sigue creyendo que fue «una cosa bastante tonta» que no tendría que haber sucedido?
– Sí, pienso exactamente igual, porque incluso los audios aparecidos recientemente confirman dónde estaba el problema. Era algo conocido desde el primer día. Además, se insiste mucho en las causas multifactoriales del apagón, pero eso es un camelo. Obviamente, la anomalía que desencadena el apagón puede ser más o menos compleja, aunque Red Eléctrica tiene una teoría bastante, en la que por cierto no quedan muy bien, pero a mí no me importa qué es lo que origina la inestabilidad inicial. El problema real es la incapacidad de la red para absorber inestabilidades, es decir, la causa inmediata del apagón, el factor desencadenante, en el fondo da igual, porque es una cosa aleatoria. Lo realmente importante es por qué la red no es capaz de resistirlo, por qué la red se tambalea y cae. Ese problema es el mismo que hace un año y por eso sigo diciendo lo mismo, pero es que además los propios audios lo confirman. Y también lo confirma lo que ha hecho Red Eléctrica desde el día siguiente del apagón, que ha sido estabilizar la red.
– ¿Cómo se estabiliza la red?
– Quemando más gas natural, poniendo siempre una cierta cantidad de centrales de gas de ciclo combinado a funcionar, porque el problema de inestabilidad se genera fundamentalmente en el sur de España, donde se instaló mucha renovable sin sistemas de estabilización. Es un problema conocido desde hace mucho tiempo. La normativa europea se hizo muy laxa precisamente para favorecer un despliegue rápido de las renovables, porque obviamente salían más baratas sin tantos sistemas de estabilización. Y eso funciona si las renovables son minoritarias, pero en el momento en los que pasan a ser la principal fuente de suministro eléctrico, como el día del apagón, cuando la fotovoltaica representaba el 53% y la eólica otro 10% más, lógicamente, en ese momento, si tienes una inestabilidad fuerte, puedes tener problemas. Y eso fue lo que pasó. En todo caso, también hubo un exceso de confianza y hay otro factor que es importante tener en cuenta, que yo no tenía tan claro hace un año y que ahora se ha visto con mayor evidencia. Hay un problema que viene generado por la enorme dificultad que tiene el sector fotovoltaico para generar beneficios. En España se ha instalado capacidad de más. No hay tanto consumo. Por mucho que se diga, el consumo eléctrico está en mínimos desde el año 2008. Es verdad que los dos últimos años ha crecido un poquito el consumo de electricidad, pero hay una tendencia a la baja del año 2008 y ahora mismo estamos en consumos menores que los de entonces.
– Y de ahí ese problema de rentabilidad del sector fotovoltaico…
– Sí. Como se ha instalado de más, pensando que con la transición energética se iba a incrementar el consumo de electricidad, el problema que tienen ahora las instalaciones fotovoltaicas es que todas compiten a la vez. Cuando una produce, producen todas. Cuando una no produce, no produce ninguna. Entonces, el problema es que están siempre entrando y saliendo del sistema intentando capturar el mejor precio. Esto se describe en el informe que hizo Red Eléctrica. En definitiva, como entran y salen, eso también genera inestabilidad en el sistema, porque generan picos de potencia reactiva y de tensión. En todo caso, la esencia es la misma de hace un año, es decir, tienes un sistema eléctrico mal estabilizado, porque la normativa fue muy laxa y permitió que se instalasen renovables con menos sistemas de estabilización de los necesarios. Unos sistemas de estabilización que sí tienen las centrales convencionales. La normativa tendría que haber sido más rigurosa, pero eso habría encarecido la instalación y eso no interesaba para que el despliegue fuese rápido. Entonces, desde el apagón, se está quemando una cantidad de gas natural siempre. Y eso se hace de dos maneras. Hay una cantidad que es para producción directa de electricidad dentro de lo que se llaman restricciones técnicas. Esto puede ser como un 10% de la electricidad. No se está produciendo mucha electricidad con centrales de gas de ciclo combinado. Se produce lo justo para garantizar la estabilidad, algo que se consigue sólo con las centrales de gas de ciclo combinado o con la hidroeléctrica. El problema de la hidroeléctrica es que está demasiado lejos del sur de España, que es donde tenemos los mayores problemas. A mayores de esa parte para producir directamente electricidad, hay otra parte que se quema y que se paga para tener centrales de ciclo combinado disponibles, es decir, están quemando en vacío, sin producir electricidad. Están ahí por si hacen falta. Si esto hubiera sido así hace un año, se habría evitado el apagón. Esto es lo que se llama reserva de capacidad. Y todas estas cosas encarecen la factura y hacen que se emita más CO2. En España nos dicen que tenemos la factura más barata de Europa, pero no es verdad. Tenemos el precio más barato en el mercado mayorista, pero en la factura que paga el usuario final hay que incluir todos los costes y eso hace que el precio no sea exorbitante, porque es más barata que en otros sitios, pero no es la más barata de Europa. Eso depende, igual hay días que sí, pero estos costes son importantes y van a crecer con la situación que tenemos en el mundo.
– ¿Cree que se han dado suficientes explicaciones sobre lo que ocurrió con el apagón? Parece que sigue sin haber un culpable claro…
– Nadie tiene demasiado interés en remover esta mierda, porque aquí todo el mundo tiene parte de culpa. Evidentemente, la tiene Red Eléctrica, que es el regulador y tiene que estar completamente al tanto de todo lo que pasa y evitar que el sistema llegue a situaciones extremas como la del apagón. Pero también están las empresas que generan electricidad, que presionan a Red Eléctrica, porque tienen un problema serio de rentabilidad y siempre quieren producir más. El problema es que el objetivo de Red Eléctrica es que el sistema sea estable, por lo que las empresas no pueden esperar que lo haga todo para que a ellas les vaya bien. Red Eléctrica hará las cosas de la forma que considere que técnicamente es la más adecuada y por eso ha habido muchos choques con las empresas. Es muy complicado, porque no nos damos cuenta de que las compañías eléctricas ahora mismo están en una situación muy delicada y muchos promotores de fotovoltaica van a quebrar. Esto no se puede evitar. Se ha vendido toda esta idea de la transición, pero la realidad es que no ha funcionado.
– ¿Y hay manera de arreglar eso o es inevitable el fracaso?
– No hay remedio. Este modelo de transición ha fracasado. Al cierre del pasado año, en España hay instalados un total de 147 gigavatios de potencia eléctrica renovable o no renovable. El consumo medio está en 27,5 gigavatios, es decir, una sexta parte. Hay algunos picos en momentos concretos como el verano o el invierno, pero el máximo que se llega a consumir es de 41 gigavatios, es decir, una tercera parte de lo que hay instalado. Tiene que haber cierta redundancia, porque obviamente la fotovoltaica no da electricidad de noche y en invierno da menos. Y la eólica da menos si no hay viento, pero algo de redundancia no significa que el pico sea una tercera parte de lo que hay instalado. Por eso digo que este modelo no funciona, porque había una previsión de que se iba a incrementar el consumo de electricidad con todo este rollo de la transición, pero no está siendo así. Hay una discrepancia clara entre lo que ha sido el consumo real de electricidad y la previsión que hace el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima. Y ya no es el hecho de que haya una diferencia del 20% entre un dato y otro, sino que además una de las curvas sube y otra baja. No tiene ni pies ni cabeza, porque esto se sabe desde hace un montonazo de tiempo y da exactamente igual. Nadie rectifica y eso también fuerza que se tomen medidas desesperadas o que las eléctricas presionen. Por eso digo que hay una responsabilidad también de las empresas, que operan demasiado al límite y presionan al regulador para meter más electricidad. Y luego también hay una responsabilidad del legislador, que hizo las normas de tal manera que permitió que esto se haya hecho así.
– Además de tirar de las centrales de gas de ciclo combinado, ¿se han tomado otras medidas para evitar otro apagón?
– Ahora mismo es imposible que vuelva a pasar. Ellos saben perfectamente cómo tienen que hacer para tener una red eléctrica segura y por eso están quemando más gas desde el día siguiente al apagón. ¿Qué más habría que hacer para mejorar la red? Invertir en todos los sistemas de estabilización que no se pusieron en su día, pero eso cuesta un montón de dinero. Además, creo que los sistemas de estabilización deberían ir con las plantas y no con la red. Las plantas deberían entrar en la red en condiciones adecuadas, porque si no la cargas con mucho trabajo. Se están empezando a instalar algunos sistemas de compensadores síncronos que ayudarán a dar estabilidad a la red, pero eso requiere inversiones muy importantes. En todo caso, haciendo lo que se está haciendo ahora, es decir, quemando más gas, no habrá otro apagón.
– ¿En los últimos meses hemos sabido que hay muchas empresas que no han podido instalarse en el entorno de León por falta de potencia eléctrica? ¿Hay solución a corto plazo?
– Eso es culpa de las compañías. No tiene nada que ver Red Eléctrica en este tema. Esto es una cosa que se dice y es mentira. Hay dos redes, la de transporte y la de distribución. La de transporte es como la gran autopista que lleva la electricidad de los grandes productores hacia los centros de distribución y esto es lo que controla Red Eléctrica. Y luego está la red de distribución, que digamos que es la última milla, el último tramo hasta llegar a las empresas consumidoras. Y eso lo controlan las compañías eléctricas, que hace tiempo que se están quejando, porque a su entender no reciben suficiente retribución por el mantenimiento y el despliegue de todo esto. Entonces, entonces quienes están creando el cuello de botella son las compañías eléctricas. Red Eléctrica, como es normal, sí puede poner restricciones de acceso a la red de alta tensión, porque lo que no quiere es generar más inestabilidad, pero hay una mentira subyacente en todas estas cosas que se dicen y es que el consumo de electricidad muestra una tendencia general a la baja. Aunque es verdad que ha subido un poco en los dos últimos años, la curva muestra una clara tendencia a la baja y en 2026 vamos a ver de nuevo un descenso del consumo de electricidad bastante fuerte. Entonces, se justifica poco que se pidan más enganches a la red de alta tensión si realmente no hay más consumo. Las empresas no negocian con Red Eléctrica, sino con las compañías que se ocupan de la red de distribución y es ahí donde están las deficiencias, cosa que en el debate se oculta deliberadamente. No creo que haya tantísima demanda. Otra cosa es que haya algún problema puntual en alguna parcela o en algún polígono como el de Onzonilla, pero son cuestiones técnicas que se pueden arreglar, aunque las compañías eléctricas tienen que tener ganas de gastar dinero en estas cuestiones. Para mí, una de las grandes aberraciones del sistema eléctrico español es que la red de distribución esté en manos de las grandes compañías eléctricas. Esto es una barbaridad y genera muchísimas distorsiones, porque el consumo es heterogéneo. Hay sitios donde se consume muchísimo, como Madrid, Barcelona, Valencia o Bilbao, pero también otros donde se consume mucho menos, como es León. Entonces, lo que falta muchas veces en estos sitios es capacidad en los nodos de distribución, que dependen de las compañías eléctricas.
– Más allá de la electricidad, la guerra de Irán mantiene la incertidumbre sobre el petróleo. ¿Cómo cree que va a evolucionar la situación?
– Hay que estar muy pendientes de lo que va a pasar con los combustibles, porque creo que se acabarán racionando. Es inevitable, porque España no cubre ahora mismo ni el 15% de su consumo de petróleo. Y lo está sacando de las reservas, que van mermando. Cuando la cantidad de petróleo que quede en las reservas baje a 70 días de suministro nacional, que al ritmo que vamos será en tres o cuatro meses, se tendrán que tomar medidas de restricción Y si se siguen drenando, habrá que tomar medidas de racionamiento. Y como no parece que esto se vaya a arreglar de forma rápida… Y aunque se arreglara, pasarían meses hasta que se restaure todo el tráfico, así que tarde o temprano se empezará a hablar de restricción o de racionamiento. Y ya si el conflicto se enquista o hay una destrucción total y los Estados Unidos asalta Irán… Se armaría la marimorena. Aquí en España se está viviendo en una burbuja del no pasa nada, pero esta situación me recuerda mucho a cuando el coronavirus llegó a Italia. No hay más que fijarse en lo que pasa en Irlanda o en Francia, donde falta combustible y la gente viene a España a cargar. Vivimos en una burbuja, pero vamos a una situación muy chunga. Pase lo que pase, vamos a una gran crisis económica, porque falta el 40% del petróleo que estaba disponible a la venta, además del 15% del gas, el 30% de los fertilizantes, el 30% del ácido sulfúrico que utiliza la empresa, el 30% del helio que se utiliza para fabricar chips… Eso va a ser una hostia descomunal como nunca se ha visto en la historia. Si tenemos mucha suerte y las cosas van muy fluidas, los problemas más gordos llegarán después del verano. Si la cosa se complica, a lo mejor a finales de año, pero no hay ninguna manera de evitar esto y la gente se lo va a tomar fatal.