El físico leonés Antonio Turiel forma parte del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y es una voz más que autorizada en el campo de la energía. Por eso, este viernes volvía a casa para pronunciar en el salón de actos del Ayuntamiento de León una conferencia titulada ‘La transición energética y sus peligros: de la renovable eléctrica industrial al biogás y la biomasa’. Se trataba de una iniciativa organizada por la Coordinadora en Defensa del Territorio y la Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono (Arba).
– ¿Cómo resumiría los peligros que nos está dejando la transición energética?
– El modelo de renovable eléctrica industrial ya ha mostrado sus limitaciones y ahora el capital lo está abandonando en masa. Pero, como hace falta alguna fuente de energía alternativa, porque el petróleo y el gas son cada vez más escasos, el capital se está decantando por el biogás y la biomasa, las cuales venden como fuentes verdes, descarbonizadores y renovables, cuando son fuertemente contaminantes, emiten mucho CO2 y son finitas: su explotación masiva llevaría a tal degradación ambiental que en pocas décadas España podría quedar arrasada.
– ¿Son las renovables la panacea que nos han querido vender estos años?
– La renovable eléctrica industrial simplemente no funciona, por mucho que se repita una y otra vez que es el futuro y el progreso. El consumo de electricidad en España lleva 17 años en tendencia descendente (con algunos repuntes que son luego seguidos por más caídas), mientras se hace imposible integrar más energía renovable en la red y las tecnologías palanca que debían ayudarnos a la sustitución energética (principalmente, el coche eléctrico y el hidrógeno verde) ya han mostrado sus limitaciones. Esto se hunde y lo único que se ofrece como solución es un despliegue masivo de baterías, que son muy caras y que si además se quisiera hacer a un volumen masivo no habría suficientes materiales. Todo esto hace muchos años que se sabe, pero siempre se ha ignorado.
– Quizá la mejor prueba de que no lo son ha sido el apagón del pasado mes de abril. ¿Hemos aprendido algo?
– Yo creo que el apagón fue más el fruto de la codicia y la incompetencia: no hubo razones técnicas reales que lo justifiquen, el sistema eléctrico español tiene capacidad suficiente para que no se produzcan apagones. De hecho, desde abril, el sistema de operación reforzada, que obviamente es más caro, evita que se puede repetir el problema. Sí que se han aprendido algunas lecciones, aunque la lógica sigue siendo la del negocio y la instalación salvaje y sin planificación. Ahora, la única solución, vendida como panacea, es poner muchas baterías y centrales hidroeléctricas reversibles (como las que quieren instalar en la zona de La Cabrera o en Riaño). Son soluciones sin recorrido, pero es que no se acepta que los cambios deberían ser mucho más radicales.
– Aquí en León se está hablando mucho de la red de calor como fórmula para aprovechar la biomasa y de paso limpiar nuestros montes...
– Todo lo que se dice es una aberración desde el principio hasta el fin, desde el concepto de «limpiar montes» –porque lo que se pretende limpiar no es maleza, sino sotobosque, que forma parte del ecosistema y sirve entre otras para tener humedad: otra cosa es desbrozar en zonas limítrofes o poner cortafuegos, pero no es en eso en lo que se piensa– hasta la propia red de calor: el calor de distrito es absurdo si se genera a partir de combustible, porque una parte grande del calor se pierde por las conducciones, debajo de las calles, sin calefactar casas. En los sitios donde se usa esta metodología es para aprovechar el calor residual de una industria, por ejemplo una acería o una cementera, donde el calor es un desecho y se aprovecha así en vez de disiparlo. Para rematar, la idea de consumir biomasa para generar energía es una salvajada, porque para producir una cantidad significativa de energía se tienen que explotar los bosques (no lo olvidemos que son ecosistemas, no plantaciones) por encima de su tasa de regeneración, así que en pocos años los arrasaríamos. Y eso por no hablar del impacto ambiental, el de perder el bosque y el de los propios humos de su combustión. Es difícil proponer algo más absurdo y horrible.
– ¿Y la energía solar? Parece que se está apostando mucho por el autoconsumo. ¿Es una buena apuesta?
– Más que por el autoconsumo, se debería apostar es por las comunidades energéticas, que sí son una buena idea y alivian la carga de la red de alta tensión.
– ¿Qué futuro le ve a la transición energética? ¿Se completará con éxito? ¿Qué habría que cambiar para que así fuera?
– Ninguno de los modelos de transición energética propuestos puede prosperar; vamos a perder el tiempo y malgastar mucho dinero y recursos en ellos. Para poder hacer una verdadera transición, haría falta un total cambio de paradigma, que no entra en la imaginación de nadie.