Manuel Cortés: "Yo creo en el valor terapéutico de los cuentos"

Sanitario en el Hospital de León, padre y escritor, "convencido de que quería ser médico para que cuando mi hijo Manuel se pusiera malito, poder ayudarle"

Belén Arén y Paula Escalante
04/11/2026
 Actualizado a 04/11/2026
Un instante de la entrevista al médico del Hospital de León Manuel Cortés. | L.N.C.
Un instante de la entrevista al médico del Hospital de León Manuel Cortés. | L.N.C.

‘Entrevistas Inclusivas’ es un espacio de colaboración entre La Nueva Crónica y la Asociación Activos y Felices. Su presidenta, Belén Arén, junto a Paula Escalante, una joven con discapacidad física, entrevistan a personas cuyo día a día tiene un gran impacto en la vida de otras personas. En esta ocasión se trata de Manuel Cortés, médico, psicólogo y cuentacuentos.

– Manuel, cuéntanos lo de las cuatro patas que te definen.
– Sí, yo efectivamente me defino con cuatro patas, que sería la primera como médico, que es mi profesión, es mi vocación, es a lo que me dedico, es de lo que vivo y me encanta. La segunda sería como psicólogo, yo soy psicólogo desde la carrera, pero sobre todo psicólogo en mis cuentos, donde más psicólogo me siento es cuando escribo. La tercera es escritor, escribir es mi válvula de escape, cuando tengo un problema, cuando tengo alguna tensión, yo me pongo a escribir y me libero, se me van todos los problemas escribiendo. Y la cuarta es cuentacuentos, que es lo que me permite un contacto con la gente, con el público, con el que está allí, y también disfruto mucho.

– ¿Son cuentos para niños? 
– Son cuentos para todos. Yo defiendo la máxima de otro gran médico y cuentista que era Jorge Bucay. Jorge Bucay dice que los cuentos sirven para dormir a los niños, pero algo más importante para despertar a los mayores, cuentos para todos.

– ¿Qué significa para ti el premio del concurso del SACI sobre buenas prácticas de humanización en asistencia sanitaria? Háblanos de la iniciativa.
– Mira, pues yo llevo toda mi vida, desde que empecé, contando cuentos a niños en el servicio de pediatría, contando cuentos incluso a niños con procesos oncológicos, a ver, a niños que estaban muy malitos. Entonces, cuando llegué al Hospital de León, propuse la actividad a mis servicios, la aceptaron, la pusimos en marcha, y para mí este premio fue una gran alegría, porque fue el reconocimiento a una labor que estábamos haciendo con los niños. Cuando le cuentas cuentos a un niño que está hospitalizado, es como si volviera a su casa, es como el cuento le abstrae de todo eso que está pasándole, que está pasando en el hospital. Entonces, primero, para mí el premio fue una gran sorpresa, porque no me lo esperaba. Y fue una gran alegría, porque era un reconocimiento a una labor que hacíamos.

– ¿Cuándo empezó tu pasión por los cuentos y los libros?
– Tuve una experiencia en mi juventud que marcó todo este proceso. Mis padres fallecieron en un accidente de tráfico y yo me quedé anímicamente muy tocado, muy afectado. Fue un trauma y a mí me afectó mucho. Y recuerdo que una persona me dijo, haz teatro, pero me di cuenta que para el teatro no valía. Me dijo otra persona, ¿por qué no te vas a correr? Pero me di cuenta que eso era muy cansado. Y al final, me dijo alguien, ¿por qué no escribes? Me puse a escribir y créete que desde entonces es la manera que tengo de liberar mis miedos.

– ¿Cuándo empezó a gustarte escribir libros y contarlos como cuentacuentos? 
– Mira, el primer libro que escribí fue El amor azul marino. Fue un libro en el que hablaba de mi familia, de todos los amores que había tenido con mi familia y dedicado a mis padres. Entonces, la editorial me comentó una buena manera de que el libro se venda más es contarlos. Entonces, empecé poco a poco a contarlos y algo que empezó como un juego se ha convertido casi en una adicción. No se lo digas a nadie, pero en estos momentos me encanta contar cuentos. 

– ¿Crees que los cuentos puedan ayudar a las personas a entender mejor la discapacidad?
– He escrito varios libros relacionados también con la discapacidad y pienso seguir escribiéndolos. Los cuentos lo que tienen siempre es una moraleja, una enseñanza. Te invitan a reflexionar. Entonces, ese repaso que haces a tus valores te puede también ayudar a valorar otras personas que puedan tener alguna discapacidad, pero incluso para la persona que en un momento lo pasa mal tiene un cuento le puede ayudar y servir como herramienta. Yo creo en el valor terapéutico de los cuentos. 

– ¿Tienes alguna anécdota relacionada con los cuentos?
– Hubo una vez una madre que me comentó que su hija se come las uñas e incluso se las devora. Yo tengo un cuento sobre un gato que le pasaba eso y era el único que no podía trepar por los tejados ni subir a los árboles. Y a raíz de ese cuento me comentó la madre que le había ayudado mucho y que evidentemente le facilitó el proceso de no morderse las uñas.

– ¿Te ha ayudado la IA en el ámbito sanitario y como escritor? 
– Sí, tengo que reconocer que la IA sí que me ha ayudado. Mira, yo acabo de escribir un libro no por encargo sino para un concurso sobre un municipio concreto. Pues muchas cosas se las he preguntado. Evidentemente para escribir no, para escribir tienes que escribir con el corazón. Yo creo mucho más en la inteligencia natural que en la inteligencia artificial, por supuesto. Pero sí, te reconozco que en algún momento dado me ha ayudado.

– ¿Qué consejo me darías para mí que estoy empezando a escribir un cuento?
– Sí me permites un consejo, búscate siempre un lector o una lectora cero. Es alguien de tu confianza, que te lea el libro antes de hacerlo público. Porque como decían nuestras abuelas «cuatro ojos ven más que dos». Eso sí, tiene que ser de tu absoluta confianza. Y tú tienes también que admitir lo que te comenté. Si es de tu absoluta confianza, no te va a engañar.

– ¿Ves muchas diferencias entre los médicos de tu época y los actuales?
– No sé si la hay o no. Lo que sí que te quiero compartir es que los médicos de mi época, por lo menos cuando estudiábamos, quizás eran un poco distintos a los de ahora. Yo lo que hago hoy es una crítica comparando ya los muchos años que llevo trabajando. Quizás, quizás, en aquel entonces, por ejemplo, yo recuerdo que nos peleábamos por hacer guardia, nos peleábamos por ir a ver un parto, nos peleábamos por ver una operación. Yo no sé si ahora ese nivel tan alto de motivación está. 

– ¿Qué opinas sobre la reivindicación del colectivo médico?
– Yo estoy a favor. Yo creo que muchas veces se ha apostado por nuestra vocación y se ha tirado de nuestra vocación. Se ha dicho esto lo tienes que hacer porque lo has elegido. Pero muchas veces analizando cosas que he hecho yo y que han hecho probablemente todos mis compañeros. Yo he estado 24 horas de guardia y al día siguiente he seguido pasando consulta. Eso en otras profesiones, no sé, imagínate un piloto de aviones que esté volando continuamente y al día siguiente tenga que seguir volando. No sería aceptable. 

– ¿Cómo surgió tu vocación de médico?
– Soy de un pueblo en el que nadie en mi familia era médico. Pero yo de repente de pequeño ya dije, yo quiero ser médico. Yo quería ser dos cosas, médico y cuentacuentos, pero sobre todo médico. Y no sabía muy bien por qué. Estudié medicina, hice mi carrera, saqué mis estudios, hice mi especialidad, pero siempre tenía esa duda. 

– ¿Por qué crees que la vida quiso que fueras médico y cuentacuentos?
– Lo de cuentacuentos ya viene de mi abuelo. 50 años después, con mucho tiempo de retraso, he descubierto por qué quería ser médico y por qué esa vocación. Cuando mi hijo Manuel se puso malito, yo estuve allí y me di cuenta de que el ser médico me ayudó muchísimo a comprender las cosas y a ayudarle a él. Creo que a veces la vida es circular y a veces te responde, aunque sea con 50 años de retraso, pero estoy convencido que quería ser médico para que cuando mi hijo Manuel se pusiera malito, poder ayudarle. 

– ¿Cómo os enfrentasteis toda la familia al cáncer de Manu? 
– Pienso que con mucha serenidad y sobre todo siendo familia. Cuando empezó lo de Manuel, nos juntamos los cuatro, sabíamos que teníamos un reto grande por delante. Un problema y un reto. Lo que decidimos es confiar, trabajar no como un equipo, sino un nivel superior, como un comando, que todos confiáramos en todos. Confiar, por supuesto, mucho en el equipo médico, en el equipo sanitario, pero confiar 100%. Y también no rendirnos. En Aragón, yo soy de Zaragoza, tenemos una expresión que es muy nuestra, es sin reblar. Sin reblar y sin rendirse. Es lo que dijo Agustina de Aragón cuando disparó los cañones contra los franceses. Aquí no reblaremos nunca. Pues fue lo que decidimos, sin reblar. Lo que pasara podía ser de una manera u otra, pero nuestra actitud iba a ser siempre esa.

– ¿Con qué apoyos contabas más allá de la familia? 
– La sanidad española es un lujo, la calidad humana de todos los profesionales de la salud es increíble. Vimos también un gran apoyo a nivel voluntarios que iban muchas veces a alegrarnos la tarde. Había voluntarios para jugar a parchís. Había voluntarios como de la Fundación Teodora, que eran payasos, que iban a contarnos sus vivencias, sus anécdotas, sus gracias.

– ¿Cómo os cambió la vida al estar tanto tiempo en el Hospital de La Paz con los tratamientos de Manuel? 
– Mira, a nosotros, y entiendo que a todas las familias que les pasa algo parecido, el mundo se paró. A partir de ahí, lo único que era importante era Manuel y por supuesto nuestra hija Amalia. Pero nuestro mundo se paró. Me refiero a que, sinceramente, te deja de importar todo. Lo único que nos preocupaba es que él estuviera bien, lo mejor posible dentro de sus circunstancias, y que Amalia tuviera una vida lo más normal posible.

– ¿Cómo se sintió Manu al tener que separarse de sus amigos y estar tanto tiempo ingresado y aislado?
–  Mira, Manu ha tenido en todo este proceso una actitud extraordinaria. Él se tenía que tomar la medicación, se la tomaba, tuvo que pasar por el quirófano y pasaba. Eso nos facilitó todo mucho, porque no hizo renuncios. Yo siempre me imagino que hubiera sido si se hubiera negado o tuviera una actitud negativa. Él no la tuvo nunca. Entonces, eso nos facilitó mucho a nosotros y creo que le ayudó mucho a él.

– Manu quiso tener contacto con sus amigos. ¿Cómo lo hicisteis?
– Cada día un amigo mandaba un vídeo de ánimo. Pero es que él, cada tarde, hablaba o tenía una videoconferencia con alguien de la FONUELE, con sus amigos. Esto le permitió mantener un contacto con los compañeros del colegio que de otra manera no hubiera sido posible.

– ¿Cómo os sentisteis toda la familia cuando os dijeron que la enfermedad estaba controlada?
– Bueno, una alegría inmensa, de verdad. Sumamos ya en estos momentos, vamos para 16 meses de remisión completa. Eso es... El proceso está controlado.

– ¿Cuál va a ser tu próximo libro? 
– Mi próximo libro, pues mira... Cuando vivimos esto, yo digo, tengo que contar la historia de Manuel y la tengo que contar en cuentos. Y lo quería contar desde los ojos de la principal protagonista de toda esta historia, que para mí también ha sido Amalia. Sin embargo, fíjate, me he puesto a escribir y no me sale nada. Es curioso. Nunca me había pasado. Creo que la vida me está diciendo que es peligroso. En estos momentos estoy demasiado blando como para escribir de esto. 

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