La juventud de las Cercas de León

Las Cercas medievales de la ciudad es uno de los símbolos de León, pero no siempre han sido tratadas de la misma manera, con el mismo respeto, Fernando Rubio recuerda como en medio siglo han sufrido profundos cambios

08/06/2026
 Actualizado a 08/06/2026
En aquellos años 70 y anteriores, el firme de la calle de las Cercas era de tierra y alguna casa de esta antecerca estaba habitada. | FERNANDO RUBIO
En aquellos años 70 y anteriores, el firme de la calle de las Cercas era de tierra y alguna casa de esta antecerca estaba habitada. | FERNANDO RUBIO

Está siempre Fernando Rubio, desde lejanas islas, atento a lo que ocurre en su tierra y a veces las noticias le llevan a cambiar el tema de este rincón de los lunes: «He leído la demolición de las casas de la plaza del Caño de Santa Ana para ‘liberar’ Las Cercas... Tengo imágenes de cómo estaban en los setenta, recuerdos anteriores ¿Qué tal si cambiamos?». Y añade otro argumento/broma: «Casi estoy llegando a la edad de ‘ser más viejo que las cercas’, expresión que nació al contemplar los leoneses estas mismas piedras de cal y canto durante siglos en su rutina diaria, convirtiéndolas, por sabiduría popular, en el baremo absoluto de la vejez».

La primera idea de Rubio es que hace medio siglo, y algo más, éstas cercas «eran más visibles, aunque peor cuidadas», según comprueba en sus fotos. «Viví en la avenida de Asturias, desde donde, en mis primeros escarceos con la fotografía, tomé unas imágenes en las que aparece el monumento desde San Francisco hasta la plaza del Caño de Santa Ana, centradas en Puerta Moneda; hoy las he convertido en la fotografía panorámica que adjunto».

El primer cambio, llamativo, era el entorno de Las Cercas. «En aquellos años, el firme de la calle de las Cercas era de tierra y algunas casas construidas en la antecerca estaban habitadas. La parte más visible de la cerca medieval se encontraba en la calle de la Independencia y formaba el muro del convento de la Concepción; seguía desde San Francisco por la calle de Las Cercas y acababa en el acceso a la fuente de la plaza del Caño de Santa Ana», recuerda Rubio, quien viaja en sus recuerdos «a los años anteriores a los 70, que me llevan a la parte cercana al Caño Badillo, donde Las Cercas se unían al Torreón de los Ponce.

Allí tenía mi padre un almacén de carbones donde me tocó currar en vacaciones y fines de semana, ya adolescente, haciendo ‘ovoides’, cargando y descargando camiones y atendiendo a la clientela que venía a comprar carbón: ‘graso’ para la cocina, antracita para la calefacción o vegetal para el brasero. Enfrente había posadas que aún tenían cuadras donde alojar a los caballos o burros que servían de vehículos. Allí conocí al “botijero” que, venido de Extremadura, vendía su mercancía con la ayuda de un pollino».

Las Cercas reaparcieron en el tiempo en la vida de Fernanro Rubio, ya vinculadas a sus intereses personales y académicos. «En mi época de estudiante de Turismo me interesé por la muralla y las Cercas de nuestra ciudad, conocimientos que ahora he refrescado para este artículo en el que, en principio, recuerdo que la Cerca Medieval de León nació para proteger la expansión demográfica y comercial de la ciudad fuera del campamento romano original, unificando los arrabales de San Martín y de los Francos».

cercas fernando rubio
Estado de Las Cercas y el suelo de la calle en los años setenta. | FERNANDO RUBIO

Y refresca Rubio las fases de su construcción:

- Siglos XI - XIII (El Murus Terrae): Barrera provisional de tapial (tierra prensada) para delimitar el pujante entorno del mercado de San Martín. 
- Hacia 1330 (La cerca de piedra): La estructura de tierra se sustituyó por una muralla definitiva de cal y canto encofrada. Tenía una longitud de 1.300 metros, alturas de entre 3 y 8 metros, y un sistema defensivo compuesto por saeteras, barbacanas, doble antemuro almenado y una barrera externa baja (falsabraga).
- Año 1593 (Restauración Renacentista): Ante el desgaste de los lienzos, se realizó una restauración integral.

El trazado de aquellas cercas describe un arco irregular adaptado a la topografía del terreno, el recinto fortificado controlaba el acceso a la ciudad baja a través de nueve llaves o puertas:
1: Escuderos o del Peso (junto al Torreón de los Ponce).
2: Caño Badillo (tras el antiguo cuartelillo de la Policía Local).
3: Puerta Sol.
4:  Cal de Moros o Puerta de Santa Ana.
5: Puerta Moneda.
6: Puerta Gallega o de San Francisco.
7: Puerta del Burgo Nuevo o Arco de Ánimas.
8: Puerta de Fajeros.
9: Postigo de la Ollería (junto al tramo occidental de la muralla romana).

El Arco de Ánimas (también conocido históricamente como la puerta del Malvar por el cementerio que allí se hallaba) fue derribado en julio de 1851. «Se demolió bajo el argumento de que presentaba un estado ruinoso y para facilitar el ensanche hacia la actual avenida de la Independencia». Yañade Rubio cómo sus recuerdos de los años 60 coinciden con una segunda e importantísima oleada de destrucciones urbanas que afectó de lleno a la fisionomía de esa misma calle y a los restos de las Cercas Medievales que quedaban ocultos. «Fui testigo inocente de grandes derribos en la calle Arco de Ánimas y la avenida de la Independencia. Os cuento»:

- El derribo de las Casas de la Caridad y el Teatro Principal: Toda la acera derecha sufrió una transformación radical. Se echaron abajo viejos caserones, la antigua ‘Gota de Leche’ y el Teatro Principal, que se apoyaban en las estructuras traseras de la cerca medieval.

CERCAS CASAS
Las Cercas metidas entre las viejas casas de la ciudad, muchas de las cuales han ido desapareciendo en sucesivos cambios de política urbana. | FERNANDO RUBIO

- La ampliación del Ayuntamiento (años 60): Se levantó la gran ampliación del Consistorio de San Marcelo hacia la calle Arco de Ánimas. Para dar cimentación y anchura a estos nuevos bloques, se picaron y desmantelaron numerosos paños y sótanos donde aún quedaban restos del muro original de cal y canto.

- Pérdida de la alineación histórica: La fisionomía de la calle Arco de Ánimas perdió definitivamente su escala medieval y estrecha, convirtiéndose en el callejón de servicio pavimentado que comunicaba la zona noble con el ensanche comercial.

Cree Rubio que estos  recuerdos de los años 50 y 60 ofrecen un paralelismo histórico con lo que está ocurriendo hoy en el Caño de Santa Ana: «En los años 50-60, en Independencia, el urbanismo expansionista concebía la Cerca Medieval como un ‘estorbo’ o un simple muro trasero sobre el que edificar símbolos de modernidad e instituciones (el hotel, el Gobierno Militar, las viviendas); el patrimonio se sacrificaba en favor de la altura y la funcionalidad; en la ctualidad, en Santa Ana, la filosofía ha cambiado por completo. Ahora se destruye lo moderno (viviendas de los siglos XIX y XX en ruinas) precisamente para ‘limpiar’ y devolverle la dignidad al lienzo oculto de la Cerca medieval».

No entra Rubio a opinar sobre si modificar los cambios de la historia en el tejido urbano es bueno o malo. «Nunca me ha gustado haber desgajado la catedral de, por ejemplo, la Puerta Obispo, siguiendo las teorías de Viollet-le-Duc; ahora la catedral parece una maqueta, muy bonita, pero un poco artificial». 

 

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