Joaquín Ramírez es fundador y presidente de Technosylva, empresa con raíces leonesas que nació en 1997 y tiene su sede principal en el Parque Tecnológico, pero que está presente también desde 2012 en California, ya que se ha convertido en líder mundial en soluciones tecnológicas para la planificación preventiva de incendios forestales. Es por lo tanto una voz más que autorizada para analizar todo lo que ha ocurrido este verano en la provincia y plantear posibles soluciones.
– ¿Qué ha sentido al ver la oleada de incendios que hemos sufrido en León este verano?
– He sentido una tremenda tristeza y una gran frustración al ver tantas y tantas tierras, montes y pueblos amenazados de un lado a otro la provincia, desde el límite con Ourense a los Picos de Europa. La verdad que ha sido un año verdaderamente trágico. Aunque he estado en la distancia, porque me ha pillado casi todo el mes de agosto trabajando desde Estados Unidos, lo he seguido con bastante angustia, la verdad, porque las condiciones han sido tan malas y ha habido tantísima gente afectada e incluso personas que han fallecido intentando defender sus pueblos y dar lo mejor de sí mismas para hacer frente a estos incendios. Ha sido un episodio muy triste que hace mucho tiempo que no vivíamos y que lamentablemente nos ha llevado a la realidad de nuestro territorio.
– ¿Era inevitable que esto pasara? ¿Era previsible?
– La combinación de la cantidad de combustible que tenemos en nuestros montes con unas condiciones meteorológicas extremas era algo que se podía dar. No es común que se den olas de calor tan prolongadas, pero se podían dar y lamentablemente van a ser cada vez más frecuentes. Previsible era, porque esas condiciones meteorológicas se podían dar. Todavía tenemos también un problema de mal uso del fuego en algunas zonas y el cóctel servido desde hace tiempo. Inevitable… creo que también era inevitable. El nivel de masa forestal que tenemos en nuestros montes y al que se pueden enfrentar los bomberos, en el momento que haya simultaneidad, ha hecho una mezcla explosiva difícil de frenar. En todo caso, no es algo sólo particular de León. Donde vivo, en Los Ángeles, hemos visto en enero de este año los peores incendios y los más catastróficos, pero son episodios que se han venido repitiendo por distintas zonas. León, Zamora, Ourense y parte de Portugal han sufrido unas condiciones muy duras y un episodio muy largo, porque normalmente los episodios no suelen extenderse tanto, pero nos tenemos que acostumbrar a estas condiciones cada vez más complicadas y frecuentes. Nos ha tocado esta vez y lamentablemente mucha gente lo ha sufrido y lo seguirá sufriendo por las pérdidas que hemos tenido.
– ¿Qué cree que se puede mejorar a la hora de tratar de prevenir incendios de este tipo?
– Siempre se habla mucho de la prevención, pero es muy difícil hacerla a la escala que deberíamos si no hay un componente que permita que sea viable económicamente. Tenemos que reconocer que vivimos donde vivimos y León es un territorio que es parte de la comunidad autónoma más grande de Europa y que sufre un problema de despoblación y de envejecimiento demográfico tremendo. Además, formamos parte de un país en el que más de la mitad de la superficie es forestal y sólo se dedica un 0,08% del presupuesto a la gestión y por ende a la prevención. Realmente, tendríamos que trabajar a una escala mucho mayor que la actual y siempre con un componente de retorno económico, porque, si no, difícilmente va a ser sostenible. Vamos a dar un achuchón ahora unos años después de este trágico episodio, pero después el interés decaerá y eso no puede ser. Debemos entender que vivimos en un territorio que es parte del patrimonio de todos los españoles y que tenemos que cuidarlo y protegerlo entre todos. No puede ser sólo responsabilidad de la gente que vive en estos pueblos, que bastante limitada y bastante condicionada está por todo tipo de limitaciones. Y no me refiero sólo a las limitaciones de vivir en un medio en el que los servicios no son los mismos que se prestan en las ciudades por parte de las administraciones, sino también a todas las regulaciones y complicaciones que tiene estar cerca de espacios protegidos o de terrenos en los que hay mucha legislación que limita el uso o las actividades. Es necesario tomar medidas estratégicas muy importantes que se apliquen de manera continuada.
– ¿Cree entonces que es más un problema de falta de prevención que de insuficiencia del operativo?
– Sin duda. Todos los operativos son susceptibles de mejora y yo siempre he abogado por conseguir que trabajen durante todo el año y que como sociedad invirtamos y pongamos el dinero suficiente para que esa gente que da lo mejor durante la campaña incendios tenga una continuidad en el medio rural. Tenemos un problema fuerte de despoblación y de falta de oportunidades de trabajo en los pueblos, que pueden ser más atractivos si a la gente que vive de proteger nuestro medio natural tiene trabajo todo el año. Yo siempre lo he defendido desde mi labor hasta el año pasado como presidente de la Asociación Internacional de Incendios Forestales. El trabajo es de todo el año. Se apagan incendios en verano, se previenen durante el resto del año, se ayuda a la gente de los pueblos a ser parte de los de los dispositivos de prevención y distinción trabajando sobre cómo actuar en caso de incendio o cómo estar preparados y ayudar a los operativos. Hay muchísimo trabajo que hacer, pero la sociedad tiene que ser capaz de entender que hay que pagarlo entre todos. No puede ser una carga sólo para la gente de los pueblos. En ese sentido, hay que hacer un esfuerzo de todas las administraciones, de todas, para que se invierta en la prevención y al mismo tiempo en la creación de puestos de trabajo dignos en el medio rural. Todas las administraciones que inviertan en ello tienen un importante retorno en forma de actividad económica y de revitalización que tienen muy pocos actores en el medio rural. Hay que invertir muy poquito en el sector forestal y en actividades preventivas para poder tener un gran retorno a nivel de puestos de trabajo y de riqueza que mantengan un territorio vivo. Si el territorio no está mantenido por la mano del hombre, sinceramente, vamos a tener lo que estamos viendo ahora, es decir, grandes acumulaciones de vegetación, de combustible, como lo llamamos los que nos dedicamos a esto, que cuando arda lo a hacer con una intensidad tremenda, porque encima las condiciones meteorológicas son cada vez más duras. Es más tema de continuidad que de tener más operativo. En España podemos estar orgullosos de tener unos profesionales bastante buenos, aunque siempre se puede coordinar mejor, se puede subir el nivel profesional y se puede mejorar lo que tenemos, sin duda. Se pueden mejorar las condiciones de los que trabajan en el operativo. Se puede mejorar la colaboración y la coordinación entre diversas a administraciones, aunque en estos días hemos tenido ejemplos muy positivos en estos días, porque hemos visto gente de diversas comunidades, de Aragón o de Valencia que han venido aquí a ayudar de una manera coordinada con nuestros operativos de la mejor manera posible. Ante episodios de este tipo, los profesionales que tenemos son buenos. Siempre se pueden mejorar sus condiciones, pero no es una carencia, no estamos en una situación mala. En lo que necesitamos mucho más es en poder trabajar durante todo el año e integrar también a la población local. Tenemos que dejar de pensar en ellos como gente que tiene que estar sufriendo todas las regulaciones del mundo para poder subsistir y estar en un medio rural cada vez más carente de oportunidades, de medios y de atención. Tenemos que apoyarles en vez de tenerles absolutamente agobiados a regulaciones, a normativas, a permisos y a prohibiciones de actividades, que es algo las administraciones pueden cambiar sin esfuerzo económico.

– Technosylva es líder mundial en soluciones tecnológicas para la planificación preventiva de incendios forestales. ¿Cómo pueden ayudar sus herramientas a la hora de evitar situaciones como la que hemos vivido este verano en León?
– Lo que la tecnología nos permite en el mundo de los incendios forestales es intentar entender dónde está el problema y de qué magnitud es. Cuando tú sabes cómo es el problema y de qué magnitud es, puedes empezar a priorizar dónde tomar actividades que lo que lo puedan mitigar. Me parece la parte más importante, porque es en la que más podemos ayudar. Además, podemos ayudar mientras los bomberos están trabajando en la extinción, porque podemos compartir la información sobre sus actuaciones de manera coordinada y en tiempo real para que ellos hagan su labor de manera más segura. Y en cuanto al apartado de evaluar el riesgo, lamentablemente en España no tenemos un cálculo nacional. No sabemos de una manera unificada para todo el país dónde tenemos los problemas. Si no tenemos una identificación de dónde están los problemas y de qué magnitud pueden tener, difícilmente vamos a poder tomar medidas y poner el foco de las inversiones en los sitios que las necesitan. Esta es una carencia básica que venimos denunciando desde hace tiempo. Nosotros lo estamos haciendo en muchos en Estados Unidos desde León y ojalá lo pudiéramos hacerlo en España, pero insisto en que es un trabajo que se tiene que hacer a escala nacional. Luego, la tecnología permite predecir cómo nos viene el viento o cómo nos vienen las condiciones meteorológicas para ver lo complejo que puede ser el trabajo de los operativos durante los próximos días, pero hay una carencia fuerte de coordinación en ese sentido a nivel a nivel nacional. Creo que se puede hacer mejor de lo que se está haciendo. La tecnología no es más que una herramienta, pero es una herramienta muy necesaria. Sobre todo, porque, como decía Sun Tzu, para poder abordar en batallas sin riesgo, tienes que conocerte a ti mismo y conocer a tu enemigo. En este caso, tenemos que conocer muy bien las condiciones meteorológicas y cómo se puede comportar al fuego, que es donde la tecnología puede ayudar.
– ¿No se aplican estas herramientas en España?
– A nivel nacional no, pero empezamos a trabajar en Castilla y León el año pasado y estamos también en Andalucía. Pero lo realmente importante sería poder trabajar a nivel nacional, porque realmente es un problema de todo el país. Nosotros hemos incorporado datos de la Aemet y son muy limitados. Creo que no abordan de manera adecuada lo que se necesita en el mundo de los incendios forestales. Hay que tener en cuenta que lleva tiempo incorporar la tecnología. Como ocurre con todas las herramientas en operativos de este tipo, la gente tiene que empezar a usarla, empezar a confiar en ella, mejorarla cada día y aprender cuáles son las limitaciones y cómo se tienen que adaptar al territorio en el que estamos. Nosotros empezamos a trabajar el año pasado en Castilla y León y estamos en ese camino. Estamos apoyando a la Junta con el análisis del riesgo diario y esperamos que nos ayude a entender cada vez mejor a lo que nos vamos enfrentando. Ha sido un mal año de aprendizaje en el sentido de que la simultaneidad y la intensidad de lo que ha venido ha sido tan duro y tan sin precedentes que, aunque hemos tenido que lamentar la pérdida de vidas, creo los operativos han hecho un enorme trabajo, un enorme sacrificio y hay que reconocérselo. Han sido unas condiciones sin precedentes. Han sido tres semanas casi continuadas y nunca habíamos tenido en España una situación así, pero tenemos que empezar a entender que existe. Nosotros estamos mirando con la tecnología, hemos intentado entender el problema, hemos hecho unos un análisis de cómo crecieron los incendios y de la severidad que han tenido los incendios. ¿Qué nos hemos encontrado? Que la severidad de los incendios en León ha sido absolutamente extrema tanto en los del Bierzo y La Cabrera como en los de Omaña y Picos de Europa. La intensidad ha sido tremenda y han ardido en zonas donde normalmente los incendios no ardían de esta manera, sino que eran mucho menos impactantes. Han ardido zonas realmente muy elevadas de la cordillera. Han ardido zonas que normalmente paraban el fuego, como abedulares o fondos de valle que solían ser sitios dos seguros donde las operaciones se podían realizar operaciones de extinción de forma segura. Ha sido muy muy difícil lo que han tenido que abordar los operativos. Por eso, intentamos hablar con quienes han estado en primera línea para aprender qué es lo que ocurrió. Lamentablemente, tenemos un escenario que no es no es muy halagüeño para lo que nos viene, porque la magnitud del problema en grande y tenemos que abordarlo como sociedad de una manera muy decidida…
– Y quizá alejada de tanta disputa política como la que estamos viendo…
– Eso es lo que menos necesitamos. Si estamos a la disputa política, sólo conseguimos que se olvide la raíz del problema para poder abordarlo de verdad. Después de todo lo que ha pasado, lo último que tenemos que hacer ahora es entrar en esas guerras, sobre todo pensando y respetando a la gente que ha caído, la gente que ha sufrido y se ha esforzado tanto y que va a seguir sufriendo al ver esos territorios calcinados que se van a ir recuperando, porque volverán a ser verdes, pero no será lo mismo, porque los daños son muy grandes. Respetar a toda esa gente es clave y creo que la mayor falta de respeto es que haya disputas de tipo político en este sentido. No es lo que los ciudadanos necesitan escuchar y espero que entre todos podamos centrarnos en las medidas que debemos tomar para empezar a actuar. Nosotros la semana pasada tuvimos con la Fundación Pau Costa y un montón de colectivos, incluyendo Greenpeace Adena los colegios ingenieros forestales y de montes, la Asociación Internacional de incendios, Masterfuego, en el que participa la Universidad de León... Todos hicimos una declaración en Madrid con una serie de puntos de actuación que fueron ya consensuados y ofertados a los responsables políticos después de la campaña de incendios de 2022. Ahora no es momento de debatir, sino de poner en marcha todas las medidas que propusimos y que están consensuadas por todo el colectivo académico, técnico y social a nivel nacional.
– ¿A qué cree que se debe ese cambio en el comportamiento del fuego para que hayan llegado incendios con tanta intensidad a zonas que habitualmente tenían menos riesgo? Es por el cambio climático, quizá más por la mano del hombre…
– Es un cóctel. Todo ayuda, pero si hay algo fundamental a tener en cuenta es que, para que un monte arda con tanta intensidad y severidad, primero tiene que haber un combustible. Por mucho calor que haga, si no tenemos un montón de leñas, pastos o rastrojos secos, no va a ocurrir nada. Sin embargo, hay un montón de combustible que crece con el tiempo, porque lo que tenemos no son plantas de plástico que están siempre igual, sino que nuestros montes generan un importante número de toneladas de biomasa cada año. Hablamos de zonas que hace 40 o 50 años tenían un determinado uso que ahora ya no tienen. Y sobre todo alrededor de los pueblos. Eso es importante, porque este verano ha habido tantas evacuaciones porque está cambiando mucho el estado en el que se encuentra el entorno de los pueblos. Antes, alrededor de los pueblos, había terrenos intensamente gestionados por la mano del hombre, tanto con el ganado como con la agricultura, que se ha abandonado. Las ayudas de la PAC que hubo para abandonar la agricultura nos están trayendo la recolonización de estas zonas cercanas por parte de los matorrales. El aprovechamiento directo a través de las suertes de leña que teníamos en nuestros pueblos es cada vez menor y vemos un crecimiento de masas forestales que necesita de una mayor intensidad en su gestión. Hay que multiplicar la superficie forestal gestionada e intentar buscarle también una viabilidad económica. Son trabajos positivos para utilizar sus frutos para biomasa, pero también para otro tipo de industrias. Hay que buscar este tipo de soluciones, porque cada vez tenemos más combustible que se enfrenta, sobre todo en las zonas más al norte, a situaciones menos conocidas de sequedad y a periodos de temperaturas diurnas y nocturnas cada vez más altas. La combinación de esos dos elementos es la clave de que tengamos fuego de alta intensidad. Han sido tres semanas de condiciones muy muy duras y con un montón de pasto tras una primavera extraordinariamente lluviosa que ha generado un montón de biomasa fina y seca que ha hecho que los incendios se extendiesen con rapidez. En todo caso, sobre todo en el noroeste de España tenemos que reflexionar también sobre por qué se registran tantísimos incendios por negligencias o directamente provocados. Las negligencias se pueden paliar con educación y creo que se ha hecho mucha labor de concienciación que creo que ha ido dando sus frutos. Sin embargo, todavía ha y mucha cultura en algunas zonas de resolver los conflictos prendiendo el monte en condiciones que son absolutamente dramáticas. Eso es muy difícil solucionarlo sólo desde el punto de vista punitivo. Hay que llegar a la raíz del problema social que origina eso y conseguir darle la darle la vuelta. Es un tema muy complejo, pero insisto en que la acumulación de combustible y las condiciones extremas, que son algo más frecuentes de lo que estábamos acostumbrados en estas latitudes, han sido el origen de esa severidad en los incendios.
– ¿Qué lecciones debemos aprender de todo lo vivido este verano?
– Es muy importante que la sociedad leonesa y la sociedad española en su conjunto entendamos que es un problema de todos, que no sólo es un problema de unos incendiarios que prenden fuego en el monte y son muy malos. Ese no es el problema. Tenemos un problema de un territorio que tiene que recibir el apoyo de todos. Igual que invertimos en nuestras carreteras o nuestros ferrocarriles, tenemos que invertir en tener un territorio natural vivo y sano. Necesitamos más gestión forestal y eso solo se hace con inversiones. No hay otra. Nosotros hemos puesto sobre la mesa la necesidad de hacer aproximadamente unas 280.000 hectáreas de tratamiento al año, lo que supone alrededor de mil millones de euros que generarían actividad en el medio rural. Era el nivel de inversiones que teníamos antes y que se perdieron hace ya más de 15 años. Eso generaría lo que necesitamos, que es un medio rural rico, vivo y activo. Debemos hacer inversiones para defender nuestros pueblos. Y también debemos lograr las regulaciones y las normativas permitan a la gente de los pueblos tener defendido su territorio, algo que ahora mismo es muy difícil y que debemos facilitar cuanto antes. Hay muchas medidas que tomar y todos debemos apoyarlas y olvidarnos de debates políticos y de apuntar al otro con el dedo. Estamos ante un problema que hemos generado entre todos. Hemos decidido como país abandonar nuestro medio rural y eso ha tenido estas consecuencias. Por eso, todos tenemos que apoyar a los valientes que todavía resisten en los pueblos, a nuestras familias, a nuestros amigos, a nuestros mayores, a las explotaciones agropecuarias y a las pequeñas empresas que intentan subsistir. Hay que apoyarles con todo tipo de medidas, desde fiscales, que no suponen una inversión, sino simplemente meterles menos presión, hasta normativas, porque son los que están en primera línea para defender un territorio que luego queremos disfrutar todos.