La historia de Aurora, la vecina de Boñar de 89 años que pasó más de tres meses sin poder salir de su casa por culpa de una avería en el ascensor, tiene por fin un desenlace completamente feliz. Después de cuatro meses de espera, el elevador de su edificio vuelve a funcionar y esta mujer, que llegó a pasar todo el verano prácticamente encerrada entre las cuatro paredes de su vivienda, puede recuperar definitivamente la normalidad.
La solidaridad vecinal, el empeño de la periodista Susana Teixeira y la repercusión de las informaciones publicadas por La Nueva Crónica han contribuido a desbloquear una situación que se prolongaba desde el pasado 2 de julio, cuando una inundación afectó al ascensor del inmueble. Desde entonces, los trámites entre las compañías aseguradoras y la empresa encargada de su mantenimiento, Schindler, habían impedido solucionar una avería que condicionaba gravemente la vida cotidiana de los residentes y, muy especialmente, la de Aurora.
La primera buena noticia llegó hace apenas unos días, cuando una campaña de financiación colectiva impulsada por Susana Teixeira y respaldada por numerosos vecinos de Boñar permitió instalar una barandilla en las escaleras del edificio. Gracias a aquella iniciativa, Aurora pudo volver a pisar la calle después de más de tres meses sin hacerlo. Sin embargo, todavía quedaba pendiente la solución definitiva: recuperar el funcionamiento del ascensor.

Y esa segunda buena noticia también ha llegado. Las gestiones entre la empresa responsable y las compañías de seguros se han agilizado finalmente hasta permitir la reparación del elevador, poniendo fin a una situación que nunca debería haberse prolongado durante tanto tiempo.
Para Aurora, el cambio es mucho más importante de lo que puede parecer. A sus 89 años y con problemas de movilidad, los 21 escalones que separan su vivienda de la calle se habían convertido en una barrera prácticamente infranqueable. Primero fue la barandilla, que le devolvió parte de su autonomía, y ahora es el ascensor, que le permite recuperar la libertad de entrar y salir de su casa sin tener que afrontar unas escaleras que durante meses la mantuvieron aislada.
La reparación supone también un alivio para el resto de los vecinos del inmueble, que han tenido que convivir durante cuatro meses con las consecuencias de una avería cuya solución se demoraba entre trámites, peritajes y responsabilidades de las aseguradoras.
Esta historia demuestra también la importancia de la solidaridad y de dar visibilidad a situaciones que, de otra manera, pueden quedar atrapadas en la burocracia. La iniciativa de Susana Teixeira, la generosidad de quienes contribuyeron económicamente a instalar la barandilla y la difusión del caso a través de La Nueva Crónica han formado parte de una movilización que ha terminado dando sus frutos.
Aurora perdió el verano mirando la calle desde la ventana de su pequeño piso de Boñar. Después recuperó sus paseos gracias a la solidaridad de sus vecinos. Y ahora, por fin, ha recuperado también el ascensor. Algo tan cotidiano para la mayoría como pulsar un botón y bajar a la calle se ha convertido para ella en una de las mejores noticias del año.
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