San Andrés del Rabanedo, o mejor dicho, los vecinos del tercer municipio de la provincia, miran con recelo al año que ahora comienza. Sin duda tienen motivos para ello y es que el final de 2025 ha dejado claro los problemas internos de un consistorio que, cuando se hacen visibles en la calle, invitan a pensar en consecuencias que de otro modo parecen siempre sobrellevables.
Sin embargo, el enfado general con la reciente crisis de las basuras en el municipio, invitan a pensar a los grupos políticos en un escenario que parecía no plantearse hasta el momento, el de una moción de censura al equipo de gobierno de la Unión del Pueblo Leonés (UPL). Los movimientos en ese sentido ya han comenzado y toca valorar el desgaste que puede provocar a los diferentes grupos ya no sacarla adelante, sino ofrecer una alternativa de garantías en un pleno muy fragmentado en el que, hay que recordar, gobiernan los leonesistas con el único apoyo de sus seis concejales en un consistorio de 21 ediles.
En esa situación, la necesaria búsqueda del consenso parece haber fallado si es que algún día existió y así se refleja en cada pleno mensual, marcado por la trifulca y las acusaciones de unos hacia una oposición «que solo busca bloquear el municipio en busca de rédito político) y de otros hacia un equipo de gobierno «que actúa imponiendo sus decisiones sin dialogar ni presentar la información que se le solicita». A eso, cabe sumarle episodios desagradables entre concejales y la evidencia de una ruptura que parece difícilmente reconciliable.
Así las cosas, la situación amenaza con explotar en un 2026 en el que de forma inexcusable el pleno debe aprobar diferentes cuestiones que impidanque la situación del consistorio se complique aún más. Cabe recordar que durante el pasado año, la crisis de las basura, con el trasfondo de la no aprobación de una tasa de basuras que provoca ya pérdidas millonarias al municipio, es la última de una larga lista que, por ejemplo, dejó sin cobrar a los empleados municipales ante la ausencia de un interventor que aún hoy es accidental en medio del requerimiento de la Junta de iniciar un nuevo proceso de selección para el puesto que UPL asegura está bien hecho y supondrá consecuencias judiciales.
Por ahí pasa uno de los grandes retos de 2026, que en el ámbito laboral también tiene pendiente la aprobación de la RPT para regular una plantilla sin trabajadores efectivos ante la ausencia de número y el enorme absentismo. Sin embargo, en el tema económico la obligación de liquidar antes del final del primer trimestre el presupuesto de 2024 comienza a poner entre la espada y la pared al consitorio, que de no hacerlo no solo se quedaría sin recibir los tributos del estado, prácticamente una tercera parte de su presupuesto, sino que tampoco podría tocar un remanente ya existente ni ‘aflojar’ en el control de una deuda que es el gran punto a favor de la actual gestión municipal, que la ha reducido a costa de la ausencia prácticamente total de inversiones.
En cualquier caso el descontento en la calle es ya evidente con el equipo de gobierno municipal, alzado al bastón de mando del ayuntamiento con la promesa de un soterramiento que todos saben que nunca llegará, pero solo algunos se atreven a decirlo y a aceptar alternativas. De ese guindo parecen haberse caído ya muchos vecinos que creyeron en la alternativa y no verían ahora con malos ojos un relevo en la gestión.
2026 viene sin duda con curvas en San Andrés.
