Jesús Méndez, Chus el del Benito, sabe que lleva sobre sus espaldas una carga que no debía de ser pesada pero le mata la responsabilidad. Después de 111 años que abrió sus puertas no quiere ser él quien las cierre, «somos la esencia tabernera de León, el bar que todos recuerdan, en la esquina de la Plaza Mayor, el de las mesas corridas de madera de una sola pieza, los bancos, la quiniela de Alfredo... ese lugar en el que cuando entraba la gente sabía que allí nadie es más que nadie...
Si le dejas, y si no también, Chus coge carrerilla y hace un viaje de un siglo, una década y un año;hasta el recuerdo de Benito —el que le da nombre a la casa— pasando por Alfredo y Chuchi; hasta él mismo y el breve paso de sus hijos, la cuarta generación. Se le agolpan las ideas para ordenar desde aquellos lejanos años de 1915, cuando abrieron sus puertas como tienda de ultramarinos, fonda, taberna... «Como eran las cosas entonces, recuerdo cuando me contaba Benito lo que les había costado, en reales claro, que no sé ni hacer la cuenta». Y una estampa con la que ahora quiere cerrar el círculo. «En los primeros años era muy típico que vinieran las mujeres a vender al mercado, y los labrantines de la Sobarriba o el Torío. Ellas traían una fiambrera y entraban en la taberna para pedir una gaseosa. Yo era un niño pero recuerdo sus caras al beber aquella gaseosa, que les sabía a Moet Chandon, seguro». Y los paisanos trasegaban algo de vino que iban a buscar a los Oteros, en la camioneta de Ubaldo León, el hermano de Felipe. «Era una cuba que había que bajar con una especie de escaleras...».
Pasaron los tiempos de apuntar en la libreta, que todo el personal acababa pagando; la clientela variopinta, «que en estas mesas de madera de una pieza todo el mundo era igual». La quiniela de Alfredo, que allí sigue, en la pared. «Con tres resultados, los tres que había apuntado el sábado pues el domingo falleció... y ahí está lo último que escribió en su pizarra»
¿Y ahora? Como Chus se niega a ser quien cierra «abrimos la puerta a la nostalgia, viene gente con la fiambrera y les damos la bebida». Al salir, te muestra orgulloso la viga en le que está escrita la palabra mágica: Taberna. El Benito.
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