Vaya a ver a Morante el domingo 22 de junio a la Plaza de Toros de León. Sería osado no iniciar este repaso previo a la feria taurina de la ciudad de este 2025 sin darle todos los galones habidos y por haber a quien viene de reventar la plaza más importante del mundo, la de Las Ventas de Madrid, de proclamarse rey del toreo en Sevilla y de cortar un rabo en Jerez y otro en Salamanca.
Madrid, Sevilla, Jerez y Salamanca. Tierras taurinas por excelencia que en apenas mes y medio han visto a un genio en su mayor momento de locura firmar auténticas obras de arte. Y lo mejor: todas ellas diferentes entre sí. En la capital provocó tal éxtasis que cortó el tráfico de la calle Alcalá con la Puerta Grande más multitudinaria de los últimos tiempos, en Híspalis sentó cátedra en sus tres tardes sobre lo que es el toreo de capa y de muleta, en Jerez dio rienda suelta a la inspiración y en Salamanca hizo un breve repaso al hilo del toreo.
Un detalle más: en la mayoría de ocasiones no tuvo toro. Por aquello de que cuando Morante carece de toro o no es de su gusto «no hace nada». Servidor reconoce que hasta hace unos años era un fiel defensor de esa corriente -que tiene su parte de razón- pero desde aquel magnífico 26 de abril de 2023, cuando cortó un rabo en La Maestranza, cambió su visión sobre el cigarrero y, lo que es más, sobre el toreo en sí. Imagínese entonces si todo eso lo ha hecho sin un oponente digno lo que puede hacer si en León le sale uno de esos que suele sacar la ganadería de García Jiménez, de los que embisten con movilidad, repetición y codicia.
Haber visto torear a Morante de la Puebla en unos años será cosa de privilegiados. Como aquellos que vieron a Curro y a Paula, a Joselito, a Antoñete o a Paco Camino. Vaya por delante que si este resumen de lo que han sido las últimas ocho semanas del sevillano le está dejando con la miel en los labios y unas inmensas ganas de acudir el domingo, sepa que esto del toreo es un arte azaroso y, como tal, puede que no pase absolutamente nada. Aunque como se suele decir ahora: «¿Y si sí?» ¿Y si Morante continúa por esa senda nunca antes vista y realiza en León una de sus obras? Usted verá lo que hace.
Quien seguro que va a dar la talla, porque siempre lo hace, es David Fándila ‘El Fandi’. El ojito derecho de la afición leonesa por su entrega, capacidad y conocimiento de los tres tercios. En León se va a ver al Fandi y, de paso, a los dos toreros que alternen con él. La figura del granadino en la ciudad es capital, vital para miles de leoneses que con los años se han aficionado gracias a su concepto de cómo torear. El secreto, amén de tener eso que va innato en el torero, es la entrega máxima siempre que aterriza aquí.
Fandi da a León lo que León pide, por eso es uno de los pocos toreros que han entrado de lleno en el corazón del aficionado cazurro. Se sabe que con El Fandi siempre se ve algo, pero la cosa está en el qué. Con el capote es de lo más variado y capaz del escalafón, con banderillas -cuando quiere- es un lujo verle y con la muleta entiende todo lo que le sale por toriles, ya sea un carretón, un bravo o uno que no se tiene en pie.
Es de justicia reconocerle su labor. No ya a nivel local, que también, sino en todas aquellas capitales de provincia como León donde es uno de los toreros de referencia. Es inimaginable lo que tiene que suponer tener que dar la talla siempre y que la gente se acuerde de ti, pero sobre todo que al año siguiente repita para verte de nuevo. Al Fandi, eso, le emana de dentro, de ahí que no parezca nada impostado ni artificial como bien parece en otros.
El cartel, que tiene a Morante y al Fandi como los dos grandes alicientes, lo cierra Cayetano Rivera, torero más de la prensa rosa que del aficionado. No por ello menos meritorio, pues también tiene su público y hasta hace dos décadas ellos eran los que llenaban plazas como la de León. Esta temporada se despide de los ruedos tras 19 años como matador de toros.
Sin embargo, este sábado 21 de junio, hay corrida de rejones y volverá a León Diego Ventura. Si hay que definirle con una expresión esa sería, sin duda alguna, aquella que reza que ha sido «un soplo de aire fresco». Y tanto. El rejoneo era -y es- un mundo cerrado donde Pablo Hermoso de Mendoza ostentaba el bastón de mando. Nadie le hacía sombra, tenía una cuadra de caballos intratable y mandaba tanto en la taquilla como en el ruedo. Hasta que llegó un portugués y puso esto del revés.
Diego Ventura ha dado una -o dos- vueltas de tuerca al rejoneo elevando el oficio a cotas altísimas. Le refrendan sus 19 puertas grandes en la Monumental de Las Ventas y el puñado de caballos que a lo largo de su trayectoria ha ido sacando para hacer el delirio de quienes acuden a las plazas para verle.
Junto con Ventura estarán también Leonardo Hernández y Sergio Galán, dos de los habituales también en las corridas de rejones en la mayoría de ferias. Con ello completan un cartel de altura para la ya habitual e instaurada corrida a caballo en cada feria taurina de la ciudad, que siempre acoge una cita como esa en su serial con las máximas figuras del momento.
Será una tarde en la que predomine la doma a caballo, más clásica en unos y más moderna y atrevida en otros, si bien todos ellos cuentan en su nómina con jacos estrella que no dejarán indiferente a nadie.
Funtausa ha compuesto, en este sentido, una feria que no trasciende mucho más allá de lo que han venido haciendo en los últimos años: mismos carteles y mismas ganaderías. Menos mal que queda Morante de la Puebla y se le ha pillado en un estado de gracia incomesurable, pues a ver, si no, a quién le encomendábamos esa complicada tarea que viene siendo últimamente en León de entrar a la plaza con la ilusión de ver algo nuevo y diferente.
La ciudad se agarra tanto al cigarrero como al portugués. Y al Fandi. Esas son las tres piezas clave de la feria, aunque bien podría limitarse al genio, a ese del que se puede -y se debe- esperar el todo y la nada.
Eso sí, cabe recordar que el coso leonés es de segunda categoría y como tal posee un determinado rigor a la hora de conceder despojos. Sin ser Madrid ni Sevilla, León se tiene que hacer respetar y no pasar por alto las triquiñuelas habituales del taurineo.
Ojalá se puedan ver lidias en condiciones, tercios de banderillas en la cara del toro, pureza con la muleta y estocadas en la cruz. Sin más dilación: vaya a ver a Morante de la Puebla.