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Ya no queda lotería

30/11/2025
 Actualizado a 30/11/2025
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Que los polos de la Tierra se están derritiendo por el calentamiento global lo llevan diciendo desde hace mucho tiempo los científicos y no hay razones para no creerlos, aunque nunca hayas estado allí y sólo hayas visto deshacérsete los hielos del gintonic.Que en estos últimos años la Navidad crece por sus extremos de forma exponencial es algo que he visto con mis propios ojos.Todavía no ha terminado noviembre y esta semana he encontrado varios carteles que anunciaban: "Ya no queda Lotería". El ‘Ya’ pudiera parecer que sobra, pero en realidad es bastante significativo. Aunque la inflación ha hecho que si te toca este año el Gordo sea el menos gordo de la historia, hemos normalizado que la lotería se empiece a comprar en agosto y, claro, a estas alturas pues ya no queda. Sumados los factores del cambio climático y la onda expansiva de la Navidad, y ante las sobrecogedoras separaciones de Andy y Lucas primero y de Sonia ySelena después, el soniquete de la pedrea puede protagonizar la próxima canción del verano con los niños de San Ildefono haciendo la conga. 

Se empieza con Halloween, porque es mucho más divertido vestirse de muertos que honrarlos, se sigue con el Black Fraude y luego ya continuamos para bingo con las lucecitas. ¡Venga turra con las lucecitas!Cada año se encienden un poco antes. Que si alumbrado artístico, que si alumbrado mágico, que si alumbrado sostenible, no invasivo, fluido... Cuando proponen que nos quedemos todo el año con el horario de invierno yo creo que es por no andar quitando y poniendo las adorables lucecitas de Navidad. En esta ciudad ya hay terrazas más iluminadas que la pista de aterrizaje del aeropuerto, lo cual, es verdad, tampoco es decir mucho. Algún matemático debería estudiar la relación entre la falta de luces y los alumbrados navideños, aunque yo diría, con perdón, que es directamente proporcional. Además de la gente a la que no le gustan los huevos fritos, desconfío completamente de los ayuntamientos que anuncian el ahorro que para sus vecinos supone la renovación del alumbrado público (ahorro que se notará en el futuro, cuando ya no estén los que mandan ahora, algo que nunca suele ser una prioridad) y en cambio se gastan dinerales en alumbrar las calles en este enternecedor tiempo de magia, solidaridad, paz y familia... como si de verdad esas palabras pudieran ir siempre juntas en una misma frase.

Recuerdo con nostalgia el tiempo en que era posible diferenciar la Navidad del resto del año, del mismo modo que añoro la época en la que se sabía cuándo estábamos en campaña electoral y cuándo no. La globalización mezcló las culturas, el cambio climático las estaciones y los políticos las ideologías. El resumen es que ahora hay políticos de izquierdas que parecen de derechas y políticos de derechas que parecen de extrema derecha. Se celebra el fin de la dictadura pero el caciquismo ha quedado tan instaurado que las inversiones, donde las vean, se anuncian como limosnas. Los que ejercen la oposición, en la mayoría de instituciones, no auditan a los que mandan ni por supuesto a sí mismos, sino que simplemente hacen campaña, más por ellos que por su partido, la verdad, por temor a que el fuego amigo les traiga un relevo y su gozo termine en un pozo.Aquí la única oposición la hacen, si acaso, los jueces, así que tampoco es posible apreciar ya la tan manoseada separación de poderes.

Este inquietante estado de indefinición permanente se agrava en lugares como León, donde las estaciones aún se diferencian, más o menos, y luces tenemos suficientes como para no vernos entre nosotros, pero lo que cuesta aquí es diferenciar el día de la semana. Además de sobrias procesiones por menos de nada, hay tantos jubilados paseando ociosos y tantos funcionarios disfrutando de sus merecidos descansos que a media mañana ves tan llenos los bares, las supermercados, los gimnasios y los centros comerciales que todos los días te entran las dudas de si será domingo. El Instituto Nacional de Estadística nos informa puntualmente de la tasa de actividad, que aquí nos sitúa siempre entre las peores de España, pero para huir del victimismo y que no nos llamen llorones quizá sería más conveniente que nos detallara la tasa de pasividad, que ahí sí que podríamos ser plusmarquistas. Quizá por eso jugamos tanto a la lotería. Por cierto: ¿alguien conoce a alguien que conozca a alguien que le haya confesado a alguien que le tocó algo del último sorteo de El Niño?

A la vista de los resultados, podríamos jugarnos a los bombos de SanIldefonso o a las chapas algunos de nuestros muchos proyectos pendientes. Con que nos tocase sólo el reintegro, la postura, estaríamos ganando mucho, en comparación... Yo, que siempre he sido un bocazas, le veo la apuesta a quien quiera sobre la plataforma logística de Torneros, ese trampantojo. Como ludópatas, podemos jugar en varias mesas a la vez, porque tenemos estudios de viabilidad y frentes comunes como para enterrar a un ejército de crupieres y barateros: aquí el Emperador, allí el Hostal, en aquella el nudo del Manzanal, los soterramientos da igual al negro que al rojo, la terminal de carga, el parque agroalimentario... No hay que ser cenizo y pensar que la mano va a caras y a cruces, que la banca siempre gana y que no nos va tocar nada porque muchos de esos proyectos están ya creciendo en Valladolid, la ciudad donde hacen girar las ruletas y por la que aquí siempre termina pasando la distancia más corta entre dos puntos. Hay que llamar a la suerte, sentir la vibra, el carma, kiricocho, kiricocho. Ya no queda lotería, pero se siguen admitiendo apuestas para el acumulado de marzo.

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