Hace algún tiempo que no me encontraba con las banderolas anunciando las elecciones, en este caso me refiero a las Cortes de Castilla y León del 15 de marzo de 2026. Me encuentro con la cara de Alfonso Fernández Mañueco empujando a sus candidatos y acompañado con el correspondiente eslogan de campaña que, como no, después de haberlo pasado por el cedazo del comité de campaña, ya queda poco para la hora de la verdad. Confieso que, al advertir los carteles y demás medios ensalzando las virtudes de los candidatos, casi me llevo un sorpresa al pensar que Mañueco lo que anunciaba eran «cerezas», en lugar de certezas, lo cual, en cualquier caso, es mucho arriesgar.
El peso de las mujeres se va haciendo notar en las listas de mayor importancia así como en los cargos orgánicos de cualquier partido. Me alegro comprobar como las mujeres han pasado de ser solo nombres para rellenar, a ser las que salgan a dar la cara en los respectivos partidos con un bagaje, en muchos casos, ya demostrado, a ser las caras visibles sin miedo alguno en defensa de los suyos.
Tampoco se lleva el poner listas de cremallera, chico, chica, sin tener en cuenta la valía de cada uno con independencia del sexo. Mucho de ello se debe a que los cargos orgánicos de los partidos estaban ocupados por mujeres con unas valías capaces de enfrentarse a cualquiera que se les pusiera poner por delante, solo por el mero hecho de haber nacido varón en unos tiempos en que los hombres ocupábamos los mejores puestos o cargos sin tener que, en muchos cargos o puestos, tener que demostrar las cualidades exigidas para cada situación.
Estos días, con motivo del aniversario de aquel maldito 23 F, se podían apreciar las bancadas del hemiciclo con muy pocas mujeres presentes lo mismo que se pudo apreciar el alto nivel de formación que la mayoría de los parlamentarios tenían.
Desde luego las cosas han cambiado considerablemente y hoy el ejercicio de la política, en la mayoría de los casos legítimamente, conlleva el desempeño de una actividad retribuida, como cualquier otra, por la que muchos aspiran aun a sabiendas que ello no es para siempre, salvo alguna excepción.
Finalizo comentando lo que hace pocos días escuché, y vi, en una de esas charlas didácticas televisivas , con pizarra y tiza en mano, Miguel Ángel Revilla, economista, profesor y escritor, con las que nos deleita de vez en cuando en televisión diciendo que «los políticos de ahora no aguantan una mínima comparación con los de la transición», citando unos nombres de diferentes partidos ante los que había que descubrirse, continuó diciendo que, «quienes están en política, salvo excepciones, son los que no tienen preparación para estar en otro sitio», … y lo que queda.