Hoy recibí la llamada de un técnico para comunicarme que mi pick up ya estaba reparado. Ni que decir tiene que salté de la butaca y corrí, cual galgo de Paiporta, a buscarlo.
Una vez en casa, después de tanto tiempo, lo he instalado en la cadena y aquí estoy rebuscando entre los discos atesorados a lo largo de los años. Básicamente elepés.
Como se deduce por el soporte, podría pensarse que ando algo desfasado, pero desconfío de las nuevas tecnologías, tan caras como efímeras. He visto desaparecaer al walkman, los transistores, los radio casettes, los vídeos, las colecciones de música clásica y los cedés, que ya están pasando. Si quieres música suscríbete a una plataforma y paga por lo que ellos quieran que escuches.
Pero no todo está perdido porque el comercio de vinilos está resurgiendo entre gente extravagante.
A ver, a ver... por aquí anda -junto a King Crimson- el poeta y diplomático Vinicius, con Toquinho, el de Acuarela y la Garota de Ipanema. Ya nadie recuerda a Sergio Mendes, que fue el precursor del bossa nova y murió, no hace mucho, olvidado. Sentí la muerte de Alma María, de los Tres Sudamericanos -el alto, el de gafas oscuras nos tenía intrigados- y amenizaron los cálidos guateques de todas las noches de verano donde, por un mes, te enamorabas.
Y siguiendo con los que ya se fueron, añoro a Leonard Cohen, a Gordon Lighfoot, también canadiense; como Neil Young (Swit Jane) que cantara junto a David Crosby y de Stephen Stills (Enseña bien a tus hijos).
En relación con Venezuela, un cantante comprometido fue Ali Primera. Otro de igual talante, fue el nigeriano Fela Anikulapo Kuti, al que conocí en un antro de París. Estuvo en la cárcel, creó el afrobeat y murió joven, pero su música está viva de momento.
De Bob Dilan hay quizá demasiados discos y algunos tan raros como él, grabados en un sótano (Basement tapes).
Cierto día aparció de paso por León y lo metieron en la Plaza de Toros ¿No habría otro lugar más digno? Así es esta ciudad. No cantó ni un solo éxito. Agachó la cabeza y nos decepcionó profundamente. Yo creo que en algún momento se durmió durante la actuación. La camiseta que compré como recuerdo hoy es una bayeta para quitar el polvo. Sus discos pueden seguir esperando.
Aburrido como estaba, me dio por liarme un porro -hice la mili en Melilla y con eso, está todo dicho- y de repente una mano desde la fila de atrás me tocó en el hombro, como un aviso. «Ya la tenemos» -pensé-. Volví la cara y junto a un hombre con cara de malas pulgas, estaba una linda mujer madura que conservaba algo de su belleza y con voz de cómplice, me dice: «¿Me das una calada?»
Envueltos en el humo embriagador, salimos de la Plaza y eso. Luego nos despedimos y no la he vuelto a ver. Gracias Dylan.