La del 2002 fue la Nochevieja del redondeo radical. Sin ser yo ministro de Economía, creo que fue cuando se desató la tormenta que nos ha traído hasta aquí. Las copas valían 500 pesetas antes de las campanadas y justo después ya estaban a cinco euros.La primera grieta en la moneda común detectada en toda Europa surgió en Villamuñío, una aldea poblada por irreductibles leoneses que resisten ahora y siempre al invasor sin la necesidad de pociones mágicas. Aquella noche descubrieron que, aplicado un contundente golpe (sobra decir que la cita no es textual) con el culo de un vaso de tubo a la entonces nueva moneda de dos euros, se desprendía el aro plateado del centro dorado. «A golpe de euro», tituló Paco Labarga un maravilloso reportaje que venía a demostrar el ímpetu con el que entraban a la nueva economía en Villamuñío, donde empezaron coqueteando con su propia moneda y han acabado demostrando que tienen también sus propias leyes: Villamuñío rules.
Allí ha tenido lugar esta semana el suceso del año.Da igual cuándo leas esto. «Un agricultor destruye con su tractor el coche de un cobrador de morosos». Una escena para la historia. En medio de un camino polvoriento, un matón pucelano con camisa delicadamente ajustada para lucir sus horas de gimnasio se encara a un enorme agricultor de Villamuñío que lucía lamparones de la infancia en su camiseta de Dragonball. Se insultaron sin demasiada gracia. ¡Puto gordo!¡Puto enano!Trama básica. Sus vehículos también se miraron fugazmente, de un lado el cantoso utilitario de renting y del otro el tractorón que lo acabó dejando como una paca. Tomad nota, creadores de contenido. Toma performance.Tomad nota, programadores culturales.
El titular ya era lo bastante cañero como para enfrentarse a todos los algoritmos, pero hoy nada llena lo suficiente todas las bocas. Los sucesos ya no bastan por sí mismos, así que también hay que convertirlos en una batalla ideológica, como todo lo demás, como el fútbol, los toros y la temperatura de los colegios, como la temperatura en general. Con todos los focos apuntando a la obra titulada Villuñío rules, alguien, se supone que haciendo su trabajo, en realidad el más miserable de los personajes de esta miserable historia, añadió que el agricultor es concejal del Partido Popular, como si eso explicara algo, aunque sólo les sirviera de explicación a quienes en realidad no la necesitaba. En muchos medios la noticia pasó a ser la afiliación política del agricultor en lugar de su destreza a los mandos de su tractorón. Una vez más la actualidad daba la razón a lo que nos venían diciendo, tan insistentemente, desde las tertulias madrileñas, donde hablan con mucha solemnidad aunque a menudo confundan Villamuñío con un registro en el Ayuntamiento de Soria. «Así se ponen los peperos cuando tienen que devolver lo que deben», decía un anónimo desalmado en redes. Creyeron ver el desenlace y era sólo el primer giro de guión.
El asunto parecía haber quedado zanjado con la pala, pero al tractorón le engancharon en ese momento una esparcidora de abono mediático. Resultó que el matón pucelano es un conocido neonazi experto este tipo de purines. Se hace llamar Alberto Pugilato y le partió la cara en directo a un humorista porque no le gustó uno de sus provocadores chistes. Partidario como parece de la acción directa, el democrático rechazo a la violencia pasa a ser opinable, en un modo muy cierto, cuando se contempla la performance del agricultor de Villamuñío. «Si no me deja trabajar, ¿cómo voy a pagar lo que debo?», se preguntaba él, con una lógica tan aplastante como su maniobra. Una dana de bilis desbordó las redes. Llegué a leer: «Los rojos ahora calláis, pero así es como en el centro derecha nos defendemos de los fachas».
Gurú de la ultraderecha, condenado por varios delitos y con 80.000 seguidores, sin duda el lumbreras pucelano se equivocó de puerta y, al llegar a Villamuñío, hubiera sido mucho mejor recibido en la casa del cura que presumía de ser amigo de Tejero y que cada 20 de noviembre termina la misa con el‘Cara el sol’ en lugar del ‘Podéis ir en Paz’. De alguna manera, se podría considerar su sucesor en el siglo XXI, al menos comparten algunas de sus sesudas reflexiones, aunque el veterano sacerdote ya salía a hacer el ridículo antes que todos los fachas de este país perdieran los complejos. Pero los tiempos han cambiado tanto que no me extrañaría que la Guardia Civil, al llegar al lugar del suceso, les multara a todos por andar quitándole protagonismo a la UCO.