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Vibra León (aunque sea por una noche)

26/04/2026
 Actualizado a 26/04/2026
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Hay algo que pasa cuando anuncian un festival: miras el cartel con prevención, como quien espera el truco final. A ver dónde está la trampa. A ver en qué momento se cae. Será deformación profesional o simple experiencia acumulada. Pero esta vez no. Vibra Mahou Fest, 25 de abril, y de repente Barry B, Alcalá Norte y Sanguijuelas del Guadiana juntos, aquí. Aquí.

Conviene detenerse un segundo en eso. No en el logo, ni en la cerveza –que también–, sino en los nombres. Barry B, con ese punto entre lúcido y desquiciado que hace que sus canciones parezcan escritas después de tres noches sin dormir. Alcalá Norte, que han entendido mejor que nadie que el pop también puede ser un arma blanca. Sanguijuelas del Guadiana, que ya desde el nombre te están avisando de su conexión con la tierra. Y Marlena, con ese don para convertir la emoción en algo coreable, compartible, reproducible hasta el infinito.

Eso es primera línea. Sin rodeos. Gente que ahora mismo está marcando el paso, que llena salas donde hay que llenarlas y que genera algo más valioso que los números: conversación.

Y, sin embargo, todo eso suele pasar lejos. Madrid, Barcelona, alguna escapada a Valencia si hay suerte. León, en cambio, solía quedarse mirando desde la barrera, como quien oye la música desde fuera del garito.

Por eso tiene importancia lo del Vibra Mahou Fest. No por épica ni por redención cultural –no nos vengamos arriba–, sino por algo mucho más sencillo: normalidad. Que esto pase aquí y no parezca un milagro. Que no haya que subrayarlo. Que un chaval de aquí pueda ver en directo a los grupos que escucha en sus auriculares sin tener que hacerse tres horas de coche y otra de cola.

Luego está lo de siempre: móviles en alto, vídeos de quince segundos, gente que ya no sabe si está viendo el concierto o fabricando el recuerdo. El scroll esperando a la salida. Pero, aun así, algo queda. Queda el momento en que una canción suena y alguien, sin saber muy bien por qué, deja de grabar y se queda quieto. Ahí, en ese gesto mínimo, sigue pasando algo.

Y eso, en León, no es poca cosa.

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