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La velocidad del dominguero

Periodista
07/06/2026
 Actualizado a 07/06/2026
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No te olvides de llenar el depósito antes porque no hay gasolineras. Reserva para comer porque no hay mucha gente pero tampoco hay muchos restaurantes. Lleva dinero en efectivo porque ni hay cajeros ni te suelen cobrar con tarjeta. Ten en cuenta que habrá poca o nula cobertura. Y si encuentras algún bar abierto o a alguien con quien hablar, para y pregunta». Son algunos de los consejos que te dan antes de empezar la Ruta del Silencio, en la comarca del Maestrazgo, provincia de Teruel. La llaman también The Silent Route y aseguran que es perfecta para el slow driving, porque ya se sabe que ahora el inglés no sólo se usa para atraer a turistas desde el extranjero, sino también a fantasmas desde Instagram. 

La ruta no tiene nada y lo tiene todo. Es simplemente una carretera que atraviesa algunos de los paisajes más hermosos y despoblados de España que miles de personas recorren cada año buscando precisamente eso: silencio, horizonte y la sensación de estar lejos de todo. Hay hasta una lista de canciones hecha para que en cada tramo de la ruta se fundan el paisaje y la música, pero la verdad es que en eso tienes que poner mucho de tu parte. Sacas el brazo por la ventanilla y, cuando los pelos se te erizan, te sientes como en aquel anuncio que te preguntaba si te gusta conducir. Si te dejas llevar es posible, incluso, que acabes preguntándote a qué huelen las nubes.

Sin yo saberlo, llevo practicando mucho tiempo el slow driving, porque la provincia de León está llena de maravillosas rutas del silencio. Aquí el reclamo turístico del Maestrazgo se podría importar y sería tan fácil como poner un cartel al principio y otro al final de cada una de esas rutas, hacer un mapa molón y promocionarlo debidamente, en inglés o en español, pero supongo que para un proyecto tan ambicioso sean necesarios varios estudios de viabilidad, licitaciones y adjudicaciones, para acabar echándole la culpa al interventor o a Valladolid... Nos sobran carreteras tan secundarias como fascinantes que atraviesan montañas, valles y comarcas enteras donde apenas te cruzas con otro coche, carreteras que en esta época del año se quiere comer la hierba, la primavera desbocada por las cunetas, carreteras que es bueno recorrer slow driving, a la velocidad del dominguero, un concepto que se está perdiendo porque nuestra pobre tasa de actividad provoca que aquí todos los días de la semana parezcan domingo (de ahí lo de conducir por el puto medio y sin dar los intermitentes, ese otro patrimonio inmaterial). Carreteras perfectas, a fin de cuentas, para serpentear, ordenar ideas y buscar inspiración. 

Por esas cunetas que ahora se quiere comer la hierba, en Teruel y en León, se reparten aún los cadáveres de más de cien mil desaparecidos de la Guerra Civil, en Teruel, en León y en el resto de España, una cifra lo bastante escandalosa como para entender que haya familias que quieran olvidar y otras que quieran darles una sepultura digna, una cifra lo bastante escandalosa como para que el asunto sea, siempre, prioridad nacional. Pero 90 años después, las prioridades van cambiando tanto como titulares, hasta que aciertan, y esta semana decían que «Mañueco asume la ‘prioridad nacional’» como «criterio inspirador». La verdad es que el señor presidente se podía inspirar mejor slow driving por alguna de nuestras numerosas rutas del silencio, ver crecer la hierba por las cunetas, disfrutar de la música y del paisaje, pero desgraciadamente no las tenemos señalizadas aún. La culpa será de Valladolid, seguramente suya. 

Además de institucionalizar el racismo, el pacto que acaba de firmar con Vox tiene otras muchas fuentes de inspiración, la mayoría de ellas de asuntos en los que no tienen competencias. Lo más llamativo es que piden tantas cosas al Gobierno que da la sensación de que ellos mismos creen que sus partidos nunca van a mandar en Madrid: toda una declaración de intenciones. Por lo que se refiere a los muertos que esperan en las cunetas, recuperan la llamada Ley de Concordia, tan cruel que viene a considerar víctimas en la misma medida a los fusilados y a quienes les fusilaron. Puestos a inspirarse, supongo que se inspirarían en ‘La guerra que perdimos todos’, frase tristemente famosa con la que Pérez-Reverte negaba que unos más que otros.  

En León, esta semana, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ha entregado los cuerpos de cuatro fusilados a sus familias. Se trata de una asociación hiperpolitizada, inevitablemente, pero que realiza una labor necesaria a pesar de las energías que pierden por el camino con sus enfrentamientos internos: en algo se tenía que notar que nació en León. Fueron mendigando un espacio en el que poder celebrar el acto y en el PSOE les dijeron que no les venía bien, que estos días tienen mucho lío, no sé por qué, que si nos ponemos todos a hablar de nuestras prioridades, claro, las suyas fueron primero hacerse con los mejores sueldos y ahora medirse los egos, que la memoria sólo les interesa como arma arrojadiza (en el planeta PSOE, incluso dentro de su propio partido) y lo de las banderas republicanas no les toca hasta el próximo 14 de abril. Por todo eso, por aquí, llevan decidiendo los mismos desde hace cuarenta años lo que es prioritario y lo que no, por eso sabemos bastante de lo que es enviar a jóvenes en peregrinación hacia Madrid sin la necesidad de que venga el papa y, por eso, cada día se nos va ampliando más la oferta de rutas del silencio para el slow driving por carreteras que recorren pueblos en los que no hay cajeros, ni restaurantes, ni cobertura, carreteras que si en esta época se come la hierba no es porque la historia nos quiera salir al paso, sino porque la primavera se querrá desbocar por las cunetas. Total, dentro de cuatro días seguramente todo arda y tampoco el fuego es prioridad nacional.

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