eduardo-bajob.jpg

Una historia ácida

02/09/2015
 Actualizado a 17/09/2019
Guardar
Apenas estrenado el verano y alcanzar el nirvana del supuesto descanso que algunos impropiamente llaman merecido, uno se cabrea de tanto escuchar, a un mes vista del comienzo del curso, lo de la vuelta al cole tras un curso infernal con niños malcriados y padres convencidos de tener unas lumbreras en casa.

En mis años de enseñante era un golpe bajo el bombardeo publicitario de los libros de texto, las botas gorila, los donuts y las tertulias en los medios del verano que, hablando por hablar, tratan de la enseñanza y cómo deberían impartirla los maestros; cuando en realidad los problemas de ésta vienen cuando los políticos –llámense Wert u otro– meten las manos, reformando a su antojo los planes educativos.

Puestos a aborrecer en el calor del verano, están los pelmas que te cuentan sus vacaciones tan interesantes, el tiempo excelente, las comidas espléndidas y económicas, los sitios paradisíacos y lo bien que lo pasaron los niños.

Y me pregunto ¿acaso en el paraíso había niños? Si uno no hubiera experimentado el calvario de viajar en pleno verano, con los atascos, el fiero calor, los críos ¿cuándo llegamos?, ¿falta mucho? Y tu pareja riñendo, ¡ya te has vuelto a perder! Y arrastrar las maletas, porque hay que llevar de todo en previsión de que refresque, haga calor, llueva, truene o llegue el fin del mundo.

Las comidas grasientas, largas esperas, las tediosas horas al sol para llenar el tiempo y los paseos marítimos al acabar el día, fingiendo lo bien que lo pasas entre las cuatro paredes de un hotel para evitar la tirantez de veinticuatro horas juntos, cuando el resto del año apenas compartís el sueño y poco más.

Pero tranquilo, que todo acaba. Cuando llegues, oirás hablar del «síndrome postvacacional» aunque hayas aprendido, que la vuelta al trabajo y la rutina de la vida diaria, te ayudan a sobrevivir.

El verdadero síndrome no es el que te cuentan, sino las vacaciones, que, por si fuera poco, casi te arruinan.

Hay que ser estúpido.
Lo más leído