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Trump en una copa de vino

03/05/2026
 Actualizado a 03/05/2026
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En Semana Santa fuimos al Entrepeñas y conocimos allí a una pareja de guiris, Taras y Olivia, que venían de Nueva York a recorrerse el norte e hicieron parada en nuestra hermosa tierra. Él nació en Ucrania, pero a los 11 años emigró, y ella es de Los Ángeles, aunque trabaja en Manhattan en el sector del ocio nocturno. Después de comentar las clásicas aventuras en La Bicha, comparar la morcilla leonesa con la ucraniana y contrastar la disparidad de precios de los vinos en los bares de aquí y de allí (en Nueva York te clavan por una copa lo que te piden en León por una botella, nos recordaron cuando nos quejamos de lo caro que se había puesto todo), llegamos al inevitable territorio de la política.

Taras nos explicó que él no había viajado a su país de origen a combatir la invasión rusa, pero que muchos familiares suyos sí lo habían hecho. Movimos la cabeza con gesto serio cuando tocó hablar de Putin, dejamos un par de reflexiones sobre la posible reconstrucción del país y subrayamos la actitud de Europa y Estados Unidos respecto a aquel conflicto.

¿Y qué pasa dentro de los USA? Olivia nos dijo que Mamdani había sido un poco chasco desde que entró en la alcaldía de la metrópolis neoyorquina, que había subido no sé cuántas veces el billete del metro y que los menos favorecidos no estaban notando en absoluto una mejora. Subiendo unos cuantos niveles en el escalafón de la gestión Taras confesó que no le gustaba en absoluto “el Tipo Naranja”, pero aportó un dato. Posó su vaso en la barra y señaló un punto en la parte frontal con los dos índices. Dijo que los partidos políticos de allí se habían ido separando progresivamente, y empezó a recorrer la circunferencia que dibujaba la superficie del vino sobre el cristal del vaso, hasta alejarse tanto el uno del otro que habían terminado convergiendo en el extremo opuesto del vaso. El pueblo se había quedado así en el punto diametralmente contrario, fuera del radio de ambos partidos, empujados por su propio radicalismo.

 

Resulta interesante que alguien del otro lado del Atlántico te explique de primera mano cómo cree que suceden las cosas. La mente humana tiende a simplificar la realidad en un juego de claroscuros, de blancos y negros, por un deseo innato de discernir el bien del mal. Tendemos a pensar que la crítica a un determinado político es necesariamente una adhesión a la trinchera de enfrente. Pero incluso con el nivel de depravación, caos y violencia que ha aplicado Trump al manejo de sus asuntos y de los ajenos, la realidad se manifiesta tozuda, aun en la forma de una metáfora trazada con una copa de vino.

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