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Todas las curvas del mundo

Periodista
19/07/2026
 Actualizado a 19/07/2026
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La frontera entre León y Asturias traza una diagonal que a León le dibuja crestas de gallo y a Asturias una papada principesca. De Caín a Degaña hay 170 kilómetros de montañas, puertos, moles de caliza y faedos, todas las curvas del mundo, carreteras surrealistas que al llegar al límite a veces se acaban por un lado y a veces por el otro, codiciados pastos y cotos, la gama entera del verde, cada vez más abrasado, las mismas sombras de carbón, personajes pintorescos pero parecidos, brañas pindias, brumas que logran conservar en el fondo de los valles silencios atrapados en el tiempo. 

La cordillera estropea la sidra, cambia el clima y ha cambiado la historia, pero tampoco es para tanto. Trasmontanos y cismontanos discuten desde hace siglos por dónde pasa exactamente la linde, como vecinos impertinentes, adaptando a los tiempos la neciura. Por eso, la contundente frontera natural ha sido siempre sorteada con facilidad por los habitantes de uno y otro lado, que han hecho de la discusión una forma de entretenimiento que, en lugar de bronca, a menudo acaba en todo lo contrario. Al fin y al cabo, cuando nos ponemos a hablar entre leoneses y asturianos, solemos acabar encontrando siempre algún conocido común y, según el caso, hasta un pariente lejanísimo, uno que conoce a uno que estuvo una vez veraneando en el pueblo de un amigo y que ahora juega en la selección española. Ojalá fuera verdad. Y ojalá de paso haga que los argentinos se ahoguen esta noche en sus propios lloros.

El viaje por la frontera más montañosa entre dos provincias españolas es también un recorrido por una triste retahíla de conflictos administrativos y judiciales. De la ampliación de la estación de esquí de Leitariegos al deslinde de Somiedo, pasando por la histórica disputa del puerto de Pinos, el agujero de la Variante y su Aquapark, el amago de la Sama-Velilla, la inacabada León-Collanzo, la hipotética unión de SanIsidro yFuentes de Invierno... tantas que podrían llevar a suponer malas las relaciones entre leoneses y asturianos. Pero lo cierto es que ninguno de los múltiples litigios abiertos, nunca, ha derivado en un enfrentamiento popular, ni siquiera una mínima rivalidad entre pueblos, más allá de puntuales encontronazos por compartir, también, el mal de la mecha corta. Las batallonas quedan para el deporte y las calentadas para la barra del bar. Yo suelo recurrir, si se encona el debate, al tema de que la Reconquista no empezó en Covadonga sino en Sajambre, como nos enseñó Eutimio Martino, el sabio que acabamos de perder. Ese enfrentamiento sí es obvio que resulta más turbio, en cambio, con otras provincias vecinas, desde las que no llegan discusiones por lo que se mueve una linde sino por lo que se publica en los boletines oficiales, que suele ser mucho más dañino. 

León y Asturias se parecen a las dos hermanas siamesas de las que hablaba Saramago, condenadas a caminar juntas aunque algunos parezcan empeñados en que nunca se miren a la cara. Así lo debieron pensar ya MartínVilla y otros comensales, cuando dibujaron el mapa de las autonomías españolas sobre las migas de su mantel. Lo que no es capaz de separar la montaña se quiere separar desde los despachos. Este verano, que es cuando más nos acordamos unos de otros, resulta especialmente llamativo: la autopista se vuelve a ser un embudo, un caro atasco, y al mismo tiempo se anuncia, para el mes de agosto, el corte del puerto de Pajares. Por más que sean todas ellas obras que se deben realizar con el buen tiempo, hay que ser muy torpe o muy maquiavélico para hacerlas coincidir con tal precisión. Por si todo esto fuera poco, esta semana Europa desveló que el Gobierno ha renunciado a convertir al ancho métrico internacional las vías del Noroeste, salvo el flamante AVE a Galicia que rodea El Bierzo, lo que agravará la hemiplejia de un país que crece a un nivel insostenible por el Corredor Mediterráneo mientras atrofia el Corredor Atlántico y a sus habitantes, ya discutan o se den la razón entre ellos.

Políticos asturianos y leoneses hablan a menudo del tema, pese a todo lo que tienen que callar y lo poco que aportan, contribuyendo a agravar el enredo. Para colmo, enLeón el PSOE se parece demasiado al PP y en Gijón el PP se parece demasiado al PSOE, así que no hay quién se aclare. De un lado a otro de la cordillera se lanzan culpas de concesiones prorrogadas y engañar a los votantes con bonificaciones imposibles de los peajes. Rugen más las protestas de los asturianos, la verdad, porque a ellos les va la conexión con el resto del mundo y además a los políticos leoneses les gusta más reivindicar aplaudiendo en la oreja del presidente, así que al final donde quitan los peajes es en Burgos, Cádiz o Cataluña. También habló del tema Mañueco, que era quien menos tenía que decir, repartiendo promesas de campaña electoral que olvidó después... ¿quién se lo podía imaginar? Trataban de justificarle esta semana algunos de sus habituales letristas con un lapsus memorable: la «bobificación» del peaje, decían. Nunca una errata resultó tan buena metáfora desde el histórico «sigue grave el minero muerto ayer».

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