La sede de la Agencia Espacial Europea fue adjudicada a Sevilla porque, según dijo la entonces ministra del ramo en desternillante reflexión, tiene un color espacial. En compensación astronómica, la Agencia Espacial Europea ha elegido ahora León para celebrar su gran evento de observación del eclipse total de sol del próximo 12 de agosto. Leoneses, leonesas: lloráis porque queréis.
En Sevilla se caldearán esos cientos de adinerados funcionarios, generando una riqueza de la que a buen seguro presumirá durante su campaña la autodenominada mujer más poderosa de la democracia (eso sí que es empoderamiento) y que, por otra parte, los sevillanos no van a notar demasiado entre tanto turista pidiendo paellas recalentadas, pero aquí tenemos fresquito y los cielos despejados. Y, si no, el hombre del tiempo ahorcado por haber informado granizo, rayos, truenos y viento huracanado. Será por majaras. Ya nos habían nombrado ‘Destino Turístico Starlight’, epígrafe que de momento no cotiza en la Seguridad Social, por la escasa contaminación lumínica, que es una forma muy académica de decir que por aquí hay pocas luces. No hay demasiados aviones porque en el aeropuerto cada poco no pueden aterrizar. Los drones que van a fabricar en Villadangos no saldrán de allí volando, supongo, sino pagando peaje en la autopista, como los demás. Grandes proyectos acabados que nos puedan tapar la vista tampoco hay. Al fin la nada valía para algo.
El tercio norte que suele copar los partes meteorológicos y casi nunca para bien será, en cambio, un espacio privilegiado para disfrutar del acontecimiento solar. Aquí el eclipse total empezará sobre las 20:30 horas y durará un minuto y pico, así que tampoco dará mucho tiempo a que se desorienten las gallinas, que son el indicador de la naturalidad en estas cosas. En total la extraña sombra se sentirá durante aproximadamente una hora. No se descarta que los hosteleros leoneses exijan compensaciones por las pérdidas, porque si la Luna tiene derecho a ponerse en medio ellos también tienen derecho a subir un poco más los precios de las consumiciones en sus terrazas. Dicen que para ese día se han agotado los alojamientos y que se piden dinerales por las reservas. De momento sabemos de muchos que ponen precios disparatados, pero de ninguno que los haya pagado realmente. En las conversaciones siempre hay ahora alguien pensando en que se va a costear las vacaciones de todo el verano alquilando su casa una sola noche. Aunque no hay nadie vivo sobre la Tierra que haya visto algo similar, entra en escena el cuñado de los eclipses, el mismo que ya nos anticipó el resultado de las últimas elecciones autonómicas con la imprecisión de Tezanos. Hay que tener en cuenta que vivimos en un lugar donde el universo se verá muy bien pero el tiempo no avanza demasiado, porque se sigue discutiendo que si Genarín sí o Genarín no, así que el resultado es que, en dos limonadas, de lo infinito del espacio pasamos a hacer planes para el típico eclipse de media tarde. Un amargacenas sideral.
El año pasado, por esas fechas, también tuvimos un eclipse total. El sol se volvió naranja y el cielo tan cobrizo que daban miedo. Los coches iban por las carreteras con las luces puestas, atemorizados, perdidos en una niebla que picaba en la garganta, el filtro fatal. Ardía la provincia por las cuatro esquinas. Vinieron militares de media Europa a intentar contener las llamas, que terminaron abrasando una décima parte del territorio mientras los veraneantes hacían de políticos y los políticos de veraneantes. Como ahora, antes de que empezara el eclipse, algunos listos ya querían sacar tajada. El fuego no había mostrado aún toda su crueldad y ya se había convertido en otro arma arrojadiza, como todo lo demás. Discutiendo si la campaña contra incendios debía empezar antes o después, lo que empezó fue la campaña electoral. Y ahí sólo importa quién gana, todo es un instrumento, todo tiene precio.También el fuego, claro. Desde Madrid aún siguen buscándole explicación a los resultados de las elecciones en los pueblos quemados, donde los habitantes han cobrado las ayudas con una eficacia que sólo pueden conseguir las urnas. El humo se diluye menos en la memoria de las ciudades, donde no votan los habitantes de los pueblos, sino los militantes, accionistas emocionales de los bosques.
Llega ahora la época de las podas y las quemas controladas para evitar que vuelva a pasar lo mismo, pero en vez de a eso parece que estamos más preocupados por teatralizar un pacto que ya anunciaban los cuñados. Empezó otra campaña y tampoco es la de incendios. Al final se nos juntan los típicos eclipses de media tarde.