Así, el tiempo pasa, se titula una encantadora canción de la Nueva Trova Cubana, que ya apenas se escucha, porque la Isla no pasa por sus mejores momentos.
Hace ya tiempo que descolgué de la pared de mi habitación el cartel del Che Guevara que hice yo mismo y de tamaño considerable. Más que por el desencanto mío, por el del propio revolucionario que perdió la vida para llegar a la calamitosa situación actual.
El paraíso del comunismo utópico era visitado y admirado por todos los progres en su juventud. Un mito de arrogancia frente al imperialismo yankee, humillado en la Bahía de Cochinos, cuando Kennedy intentó invadir la Isla. «Patria o muerte». «Revolución todo, contrarevolución nada» y otras soflamas que lanzaba Fidel, alentando a la multitud en sus interminables discursos, de dos o tres horas de duración.
La canción de Pablo Milanés versaba sobre un tema amoroso, lleno de lirismo y sentimiento (el mismo que imprimiera a la canción dedicada a su madre, Yolanda).
Destila tristeza por el paso de la vida, del amor. «El amor no lo reflejo, como ayer». Hay palabras muy significativas que expresan una profunda frustración, más allá del romance: «A todo digo que sí; a nada digo que no» y otras que me llevan a pensar que bajo el sentimiento romántico, hay un lamento por la deriva y destrucción de su Perla de las Antillas.
Hoy la situación ha alcanzado límites intolerables de pobreza, corrupción y represión. Un país que tuvo un prestigio profesional en la cultura, la educación y la sanidad, hoy es irreconocible. Un doctor puede ser un taxista; un abogado puede hacer de cocinero en un ‘paladar’ o lavando los platos de los turistas. Incluso esta lamentable situación era vista desde fuera como algo pintoresco cuando, realmente, es algo trágico. Tanto como el hecho de que en setenta años de dictadura, haya personas que han nacido y fallecido bajo este régimen, sin conocer otra cosa que no sea el comunismo.
Habrá gente del entorno de Podemos, Sumar y esa fauna afín que justificará la dantesca situación: la ley Helms Burton, que llevó a cabo el embargo a la isla por parte de Estados Unidos; a la situación del azúcar o al abandono de Rusia cuando dejó de ser la Unión soviética.
El apagón que tuvimos en nuestro país no es nada con la oscuridad constante de la Isla y la falta de energía. El resultado es la escasez. No hay forma de trabajar, ni producir, ni ofrecer, ni vivir.
La última referencia a la Isla fue la presencia de mercenarios cubanos para proteger a Maduro.
Para EE UU, Cuba fue siempre un problema y no hace falta decir que el Presidente Trump tiene la vista en la Isla. Pero paralelamente a la obra Pierre Daninos, si ‘La Guerra de Troya no tendrá lugar’, la de Cuba tampoco porque caerá por sí misma. Sin ruidos ni estridencia, por desesperación.