No sé si en otros años se hubieran dado estas temperaturas, pero lo que es este, junto con el maldito Covid, está consiguiendo retrasar las salidas de casa, hasta que el recordado Lorenzo (sol) se quite, o baje de intensidad. Un servidor, a pesar de provenir de una larga saga del gremio tan leonés como ha sido, y continúa siendo, la bendita hosteleria, no hemos salido bebedores, salvo, los de la quinta del café descafeinado que, aunque no es lo mismo, por prescripción del galeno de turno, hace las veces para aguantar el tirón veraniego. Eso sí, otros compañeros de la estación veraniega, a la hora de sentarnos en las terrazas, encuentran un franco alivio para los fumadores mientras se siga permitiendo echar humo, sin segundas, en los lugares abiertos, aunque ya vienen amenazando con prohibir su consumo en todos los lugares. En cualquier caso està medida tiene que madurarse lo suyo. El fumador, yo lo fui hace muchos años, sigue con su costumbre o vicio, como se le quiera llamar, en el sentido de que, aunque el tabaco abre muchas puertas agrandando las relaciones sociales, cierra muchas vidas aunque no lo queramos admitir. La cantidad de amores que se fraguaron al lado del humo de unos cigarrillos con la incorporación de la mujer a fumar en las mismas condiciones que los hombres, si bien con algunas críticas por parecerse a los hombres que después finalizaron con un fatal desenlace. Que conste que no vengo a pontificar al respecto, bastante tiene uno con pasar al lado de fumadores y fumadoras, disfrutando en una mesa a la sombra o a la caída de la noche, acordándose de cuando hacías lo mismo con las pandillas sin sopesar que lo que parecía bueno y de moda al principio, al final llegara a ser tan dañino para la salud. Pero, eso no lo decíamos aquellos años con la flamante juventud. Es inevitable no participar en las sendas charlas de café que tienen lugar, ahora fuera de los locales cerrados en los que uno, una o varias personas, intercalan el humo de los cigarrillos con los temas de conversación. Aquellos tiempos en los que las mujeres que fumaban en público, salvo excepciones y fechas señaladas, estaban muy mal vistas despreciando el sentido de la igualdad, ya que no se entendía que las mueres fumaran como cualquier hombre. Desde luego mucho tuvieron que aguantar las mujeres frente a una sociedad machista que las miraba con desprecio y, como se decía por entonces, como si fueran unas cualquiera, por eso cuando casi todos los días que voy a tomar café con mi amigo , J.R.Bajo, en la terraza del Bar de Pablo, hay que tomar posición antes de que nos levanten la codiciada mesa, mientras cambiamos impresiones con Mario, padre del mencionado Pablo en la citada terraza, a mi entender, una de las mejores de León con una sombra envidiable, sobre todo, en estos días en los que hay que salir de casa a traición por los efectos solares. A disfrutar, que cada vez va quedando menos del verano y de lo otro también.
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